La insulina del futuro: microagujas comestibles

Un dispositivo SOMA apoyado sobre su base cabe tres veces en una moneda de un céntimo. / Óscar Chamorro

Un dispositivo del tamaño de un guisante podría sustituir las inyecciones de este medicamento que deben suministrarse los pacientes diabéticos

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

Las agujas para inyectar insulina pueden tener los días contados. Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha ideado una pequeña cápsula comestible que inyecta el medicamento directamente en la pared del estómago. El invento, que aún no ha sido probado en humanos, podría ser un sustituto de las inyecciones de insulina a las que tan acostumbrados están los diabéticos.

Robert Langer y Giovanni Traverso, líderes del proyecto, han descrito en un informe publicado en la revista 'Science' el funcionamiento de este aparato que han bautizado como «aplicador auto-orientable de escala milimétrica» (SOMA, por sus siglas en inglés). Se trata de un dispositivo del tamaño de un guisante -de cinco milímetros aproximadamente- que aloja una aguja conectada con un pequeño reservorio que contiene insulina.

Su silueta se ha inspirado en el caparazón de la tortuga leopardo, un reptil que, gracias a la forma acampanada de su coraza, puede darse la vuelta fácilmente cuando queda en posición supina. El objetivo es que el SOMA aterrice en el estómago siempre con la misma orientación, para que el medicamente se administre correctamente, incluso si el sujeto se mueve después de tragarlo.

«Cuando un medicamento se inyecta en la pared del estómago, se distribuye por todo el cuerpo muy rápidamente» Giovanni Traverso

La cápsula, hecha de acero inoxidable y otros materiales biodegradables, se activa una vez depositada en el estómago, desencadenando la microinyección de una dosis suficiente del medicamento. «El trabajo descrito se basa y está motivado por algunas observaciones clínicas críticas, que determinan que cuando un medicamento se inyecta en la pared del estómago, se distribuye por todo el cuerpo muy rápidamente», explica Traverso, gastroenterólogo de la División de Gastroenterología del hospital Brigham. «Además, sabemos que el estómago es insensible al dolor agudo y muy tolerante con los objetos pequeños y afilados «, agrega.

Óscar Chamorro
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Hasta ahora, el dispositivo, que se ha probado únicamente en cerdos, ha producido niveles de insulina en sangre similares a los generados por las inyecciones en la piel y ningún efecto adverso -daño en los tejidos, síntomas de angustia, trastornos digestivos, cambios las heces-, pero se necesita más investigación, en animales, antes de aplicarlo a los humanos. Los motivos principales son dos: actualmente solo funciona en ayunas, pues se ha comprobado que al mezclarse con la comida el SOMA tiene más dificultades para adherirse a la pared del estómago; y falta determinar los posibles efectos crónicos de las inyecciones gástricas diarias.

A pesar de todo, Langer y Traverso ven en esta tecnología «un tremendo potencial para tratar eventualmente muchas enfermedades« pues, de obtener resultados compatibles en el futuro, el dispositivo podría usarse para administrar una amplia gama de compuestos que actualmente deben inyectarse o infundirse, incluidos agentes de quimioterapia e incluso ADN y ARN para fines de terapia génica.