37 segundos de historia de España locutados en Burgos

Palacio de la Isla, residencia de Franco durante la Guerra Civil/
Palacio de la Isla, residencia de Franco durante la Guerra Civil

Hoy se cumplen 80 años del final de la Guerra Civil, cuyo anuncio se redactó, firmó y emitió en Burgos

EFE

El parte final de la guerra civil española, del que este lunes se cumplen 80 años, lo escribió a manó y lo firmó Franco en el Palacio de la Isla de Burgos, e hizo dos versiones, con una primera desechada y una segunda que fue la que ordenó pasar a máquina y leer en Radio Nacional de España (RNE). Estos son algunos de los nuevos detalles que una investigación realizada por el doctor en Geografía e Historia Isaac Rilova aporta sobre el parte final de la guerra civil española.

«Franco tenía gripe cuando su ayudante, el teniente coronel Martínez Maza, le dijo que había caído Cartagena y la guerra había terminado, por lo que en principio reaccionó de forma muy comedida, con un simple gracias», ha explicado en rueda de prensa el investigador.

Fue el único parte de guerra que firmó Franco y se leyó en el antiguo Colegio de los Sordomudos, en la calle Madrid de la capital burgalesa, donde en ese momento estaba Radio Nacional de España.

Aunque se tiene la idea que en la lectura solo estaban el actor que lo leyó, Fernando Fernández de Córdoba, y el corneta Rufo Bañales, ahora se sabe que había al menos quince personas en ese acto, entre ellos cinco traductores a otros tantos idiomas, ha detallado Rilova.

Sin embargo, todo el protagonismo recayó en Fernández de Córdoba, que tardó 37 segundos en leer un anuncio histórico, como fue el del final de una contienda que después de treinta y dos meses dejó un país mutilado, con centenares de miles de muertos, medio millón de exiliados y un fractura social sin reducir aún ocho décadas después.

Fernández de Córdoba y Esquer (1897-1982) nació en la madrileña Plaza de la Independencia, la misma que peleaban los mambises en Cuba, donde su padre estaba destinado mientras su hijo sobrellevaba una orfandad que encauzó como militar de carrera en el arma de ingenieros.

Después de estudiar en el Colegio Clásico Español -en la calle de Serrano- y de ser el sargento más joven en la historia del arma, un amigo le ofreció un papel en su compañía de teatro, debutó en Guadalajara con cierto éxito y compaginó las tablas con el celuoide cuando la guerra le sorprendió mientras rodaba en Córdoba.

En la ciudad de su apellido se ofreció al hipoacúsico y sublevado general Cascajo, quien no hizo oídos sordos e incorporó al entonces actor al Regimiento de Artillería acantonado en Córdoba, donde se alojaba en el Hotel Simón y salía a tomar pueblos cuando era requerido.

Un edificio histórico

Más allá de sus vícnulos con el general Franco, el Palacio de la Isla de Burgos es un tesoro patrimonial. Así lo reivindican los responsables del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, actual inquilino del inmueble.

En este sentido, el director del Ilcyl, Gonzalo Santonja, insiste en que se trata de un inmueble de gran valor histórico, porque es el único palacio romántico que se conserva en Castilla y León, construido en 1883, y uno de los pocos de España.

Erigido por la familia Muguiro como casa de verano, fue residencia y cuartel general de Franco durante la guerra civil, más tarde sede del Consejo General de Castilla y León, que precedió a la autonomía y, tras la destrucción de la Comisaría de Policía Nacional en un atentado de ETA, fue sede provisional de la comisaría, antes de acoger desde 2008 el Ilcyl.

El protagonista de filmes como 'El genio alegre' y 'Botón de ancla' participó en la toma del Gobierno Civil de Córdoba con mosquetón, y en noviembre de ese 1936, ya enrolado en el Regimiento de Infantería Número 26 -acuartelado en Zamora-, participó en la toma del Alto de León en alpargatas y con cartuchera de tela gorda.

Fernández de Córdoba, sin carnet de partido pero antimarxista declarado, ofició como reportero gráfico en varios frentes junto al corresponsal de guerra Manuel Halcón, hasta que durante un permiso que disfrutaba en Salamanca, al salir del Café Novelty, fue abordado por Víctor Ruiz Albéniz ('El Tebib'), antiguo cronista de la Guerra de Marruecos.

'El Tebib' llevó al actor al Cuartel General de Franco -instalado en la capital salmantina entre el otoño de 1936 y la primavera de 1937- y le presentó al general Millán-Astray, fundador de la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda, quien le hizo saber la necesidad de un locutor para una emisora de próxima fundación.

La voz de RNE

Así se convirtió Fernández de Córdoba en el primer locutor fundador de la recién nacida Radio Nacional de España en el Palacio de Anaya, en Salamanca, el 19 de enero de 1937, gracias a una emisora modelo Telefunken-Lorenz que los aliados alemanes habían regalado a los sublevados.

La redacción se encontraba en el Palacio de Anaya, pero la emisora estaba instalada en el frontón del barrio de San Bernardo, auténtico lugar del nacimiento de RNE, que inauguró la voz de Fernández de Córdoba, soldado, actor, locutor y periodista con carnet expedido el 13 de marzo de 1937.

Con Hernando Bocos, primer redactor jefe de RNE, emitían programas de información ('Habla España'), de entretenimiento ('El tío Fernando', cuentos de un viejo soldado) y leía los partes de guerra que siempre firmó el general jefe del Estado Mayor, Francisco Martín Moreno «por orden de Su Excelencia», hasta el último que expresamente firmó el dictador, en Burgos, el 1 de abril de 1939.

Lo leyó Fernando Fernández de Córdoba y Esquer, con timbre engolado y patriótico, en apenas medio minuto, para informar del final de la Guerra Civil (1936-1939) que no de la concordia, porque «No ha llegado la paz, ha llegado la victoria», como atinó uno de los personajes de la pieza teatral «Las bicicletas son para el verano» (1984) por boca de su autor, Fernando Fernán Gómez