Bochorno

La oposición bloqueante llega para quedarse en el Ayuntamiento de Burgos ante un PSOE anclado en el buenismo

Bochorno
Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Bochorno. Y el calor no tiene nada que ver con esta sensación. Un mes ha sido suficiente para que los partidos de centroderecha de Burgos marquen sus líneas políticas. Y han optado por la oposición bloqueante, la de la imposición. Una oposición que juega con las medias verdades, algo faltona e irreverente, en algunas ocasiones, con la institución a la que representa. Una oposición liderada por el PP de las lecciones, con el Ciudadanos de las salidas de tono y el Vox del silencio cómplice, del cooperador necesario para ejecutar la acción de bloqueo.

Las tres fuerzas hacen frente común contra el equipo de Gobierno del PSOE, que dicho sea de paso, parece haber llegado al Ayuntamiento cubierto con una pátina de buenismo, bajo la esperanza de encontrarse con una oposición «responsable». Nada más lejos de la realidad. Lo que tiene enfrente es una bancada que se duele del juego político que ellos mismos practican cuando se les vuelve en contra; una oposición con la piel muy fina, pero que tira a dar con flechas cargadas de veneno, y oscila entre el acoso y derribo y el me enfado y no respiro.

PP y Cs, con Vox de apoyo por solidaridad, bloquearon el pasado jueves la convocatoria del Servicio de Movilidad y Transportes (Samyt), exigiendo disculpas públicas del PSOE por unas declaraciones políticas, plagadas de «insultos», «infamias» y «descalificaciones», a juicio de las formaciones dolidas. Y amenazan con repetir la hazaña, pero que nadie le pregunte al PP de Javier Lacalle por qué se ha desmarcado del acuerdo político en el Parque de Artillería, ni que se ose acusarles de desleales con el equipo de Gobierno.

Sin embargo, lo más bochornoso de la pasada semana ha sido, una vez más, la polémica abierta por las dedicaciones exclusivas de los concejales y la revisión al alza de las retribuciones. Ha sido Ciudadanos, a través de Vicente Marañón, quien ha intentado ponerle el cascabel al gato, porque hablar de subida de sueldos no es políticamente correcto. Sin embargo, ha sido un quiero y no puedo, pretendiendo que el PSOE diese la cara, «asumiese el coste político», ha reconocido Marañón, encubriéndolo de «liderazgo» de Gobierno.

Seguimos sin acuerdo en el Ayuntamiento, con un alcalde que acaba de cumplir un mes en el cargo pero no recibe retribución alguna, y a la espera de que los grupos lleguen a un consenso. Mientras, se cruzan las recriminaciones, se pierden los nervios, se levanta la voz, se abusa del ataque personal y se dan «consejillos», del PP al PSOE, como ocurrió en el pleno. Y es que, tras el 'se levanta la sesión', llegaron los corrillos, las broncas y los enfrentamientos, que dejaron también imágenes bochornosas. Eso sí, para algunos esto es precisamente la sal de la política. Fíjense ustedes.