FAE impulsa un estudio para 'feminizar' el mercado laboral y acabar con la brecha de género

Las mujeres son mayoría en la industria de la agroalimentación/Alberto Mingueza/ El Norte
Las mujeres son mayoría en la industria de la agroalimentación / Alberto Mingueza/ El Norte

La patronal inicia este febrero una investigación, junto con Caja Rural, que analizará las tendencias de género en los estudios universitarios y de FP

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Hay que saber de dónde partimos para atajar uno de los problemas más peliagudos del sistema laboral español: la brecha de género. Las burgalesas cobraron en 2017, último año analizado por la Agencia Tributaria, unos 6.756 euros menos de media que los hombres. Una diferencia salarial que preocupa en la patronal FAE, en la Fundación Caja Rural de Burgos y en Cajaviva Caja Rural, pues parece perpetuarse generación tras generación, incluidas las más jóvenes.

Por ese motivo, las tres entidades se han unido para iniciar este febrero una investigación que permita ahondar en una de las razones que se esconden tras la brecha salarial: la reducida presencia de mujeres en profesiones, categorías profesionales y sectores económicos con sueldos más elevados y mayor proyección profesional que los tradicionalmente «feminizados», que suelen contar con peores condiciones laborales.

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Emiliana Molero, secretaria general de FAE, insiste en que se tiende a confundir brecha de género con discriminación salarial y, aunque pueda haber algún caso que se enmarque en esta última, las mujeres no cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo. Lo que hay detrás de la diferencia salarial son empleos parciales, de menor cualificación o en sectores cuyos convenios colectivos se negocian a la baja.

Los sectores industriales (sobre todo en el ámbito metalúrgico), los tecnológicos, los químicos o la industria 4.0 cuentan con un mayor porcentaje de hombres, siendo en muchos casos la presencia de la mujer muy puntual, explica Molero. Y en estos ámbitos profesionales las condiciones laborales son mejores que en limpieza, dependencia o agroalimentación, donde se cuenta con mayor número de mujeres.

De ahí que uno de los objetivos de FAE sea promover la presencia de mujeres en el ámbito tecnológico y científico, para que accedan a las profesiones del futuro, la industria 4.0 y la transformación digital, e ir reduciendo la brecha salarial. Se trataría de «feminizar» trabajos «masculinizados», pero también «masculinizar» trabajos «feminizados», para que los hombres accedan también al sector de la dependencia, por ejemplo, o al ámbito de la enfermería.

Normalización

La palabra clave es «normalización». Hay que normalizar la presencia de mujeres en sectores copados, hasta el momento, por hombres, y viceversa. Pero también hay que normalizar la maternidad/paternidad en el ámbito laboral, garantizando que la condición de madres no suponga un hándicap profesional para las mujeres.

La secretaria general de FAE asegura que «hay mucho mito» sobre la discriminación de la mujer por el mero hecho de serlo, y las implicaciones que lleva la maternidad. Con carácter general, en un proceso de selección las empresas buscan el mejor currículum, al mejor profesional, y la mujeres suelen están más comprometidas.

Emiliana Molero no esconde que puede haber casos en los que se discrimine a las mujeres, pero no es lo general, y lo que también se tiene que «normalizar» son los derechos de los padres, para que el cuidado de los hijos no recaiga solo en las mujeres. Así, las bajas, las reducciones de jornada o las salidas serán compartidas.

Lo primordial es que tanto hombres como mujeres tengan la libertad de elegir cómo disfrutar de sus derechos y cuáles son sus prioridades personales y profesionales, sin que se vean forzados, sobre todo en el caso de las mujeres, a aparcar su carrera profesional cuando quieren ser madres.

Eso sí, Molero afirma que «no se puede tener todo» pues no existen ni superhombres ni supermujeres, y si se quiere potenciar la natalidad también se debe facilitar la conciliación. Eso sí, no solo a costa de las empresas, pues a juicio de FAE, los derechos y beneficios por maternidad y paternidad no deben correr solo a cargo de las empresas, pues acaban ralentizando la economía.

Para ello ponen en marcha este estudio, en la Universidad de Burgos y en los centros de Formación Profesional, aunque también en centros escolares e institutos, a fin de saber por qué las jóvenes estudian lo que estudian; por qué optan más por profesionales sociales y asistenciales y menos por carreras técnicas o científicas. «Tenemos que saber de dónde partimos», explica Molero, para cambiar la tendencia.

Se trata de saber si el problema parte de un desconocimiento sobre las carreras técnicas y científicas, si existe algún condicionante cultural o social, cuestionamientos familiares..., pues Burgos debe apostar por empresas tecnológicas con plantillas mixtas, en las que las mujeres tengan las mismas posibilidades que los hombres de desarrollar una carrera profesional en el ámbito científico y tecnológico. Y para ello hay que empezar por la formación.

De la capacidad de las mujeres no se duda, eso ya es cosa del pasado. Sin embargo, son pocas las que se dedican a la fontanería, a la mecánica o al transporte de mercancías, y hay que romper con los tópicos y con la idea de que hay profesiones de hombres y profesiones de mujeres. En las dos direcciones. «El camino va a ser largo», pues exigirá una inversión en educación y concienciación pero «hay que normalizar» el mercado laboral.

El estudio arranca este febrero, partiendo de los datos oficiales sobre matriculaciones ofrecidos por la Universidad de Burgos y los centros de Fomración Profesional. Se pasarán encuestas a los alumnos, también a colegios e institutos, para conocer las preferencias profesionales y formativas de los chavales y entender qué les motiva a escoger una carrera, una formación o una profesión.

Para finales de marzo habrán acabado con el trabajo de investigación y, a continuación, presentarán las conclusiones. Y, de ahí, se pondrá el estudio a disposición de la sociedad burgalesa para comenzar a trabajar en un cambio de dinámica. «Reducir la brecha salarial es un trabajo de todos», ha insistido Emiliana Molero.