Castilla y León cobija en su territorio cerca de 2.000 ejemplares de lobo

Pareja de lobos fotografiada en una zona de montaña de Castilla y León. . /Hipólito Hernández
Pareja de lobos fotografiada en una zona de montaña de Castilla y León. . / Hipólito Hernández

León y Zamora acumulan las mayores densidades y en Soria se han detectado ya al menos cinco manadas

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

La población de lobos en Castilla y León está cada vez no solo más asentada, sino en permanente crecimiento. En poco más de 17 años se ha pasado de una estimación de 1.000 ejemplares en la comunidad autónoma a más de 1.900. El último trabajo científico sobre este emblemático animal, titulado 'Lobos', obra de Mario Sáenz de Buruaga y editado por la editorial leonesa Rimpego, abunda en el que Llaneza y Blanco efectuaron en 2001 y, siguiendo la misma metodología, describe con precisión la manera en la que el lobo se va extendiendo por Castilla y León. De hecho, no hay ya provincia en la comunidad que no tenga población asentada de este cánido.

Contar lobos no es un ejercicio fácil. Ni siquiera preciso. Por definición, este animal huye del hombre como de la peste y evita lo más posible su contacto. Así que la manera de censarlo se basa en diversos parámetros, el más importante de los cuales es la manada, la célula nuclear de la sociedad lobuna.

Huellas de lobo.
Huellas de lobo. / Hipólito Hernández

El estudio de Sáenz de Buruaga, como el de Llaneza y Blanco, establece que el número de ejemplares de cada manada varían en Castilla y León en función de la época del año: más en estío, menos en invierno. Los cachorros explican esta variación, pero también el número de ejemplares expulsados y que, convertidos en lobos solitarios, se convierten en el principal vector de expansión de la especie. Tomando en consideración estas variables y otras como los excrementos o rascaduras, el estudio establece que se puede fijar una media de diez ejemplares por manada. Y en Castilla y León hay al menos 191 manadas controladas, sin tener en cuenta las que habitan territorios limítrofes, como pueden ser las que viven en el noreste de Portugal, sobre las que no existe información fiable, o en zonas de Madrid y Guadalajara y que no está del todo claro que abarquen territorios de la región en sus movimientos.

Avance al sur del Duero

El estudio se fija especialmente en el avance del lobo hacia el sur del Duero. En la década de los años 80 del pasado siglo, apenas se tenían noticias de 10 manadas en toda España más allá de la orilla derecha del río. Hoy en día esa cantidad se cifra en cerca de treinta, de las cuales casi la mitad están en Ávila y Salamanca. Esta circunstancia lleva al autor a considerar que situar el Duero como límite poblacional del lobo es una frontera obsoleta y habla Sáenz de Buruaga, abundando en el concepto que en su día adelantara Juan Carlos Blanco, que es mucho más correcto hablar de «los lobos castellanos y leoneses que viven al sur del Duero en la población continua del norte». Un concepto que, avanza, cambiará en pocos años ya que es evidente que se producirá una fusión con las manadas que viven en Sierra Morena o en la Sierra de San Pedro. De la misma manera, con más lentitud pero inexorablemente, el lobo que ahora vive en Castilla y en León acabará llegando a conectar con las colonias que hay en los Pirineos.

Algunos datos

191
manadas alberga Castilla y León. En Zamora y León, las más pobladas por el lobo, hay más de 122. En Soria, donde menos, cinco.
19
manadas hay entre Salamanca, Ávila y Segovia, las tres provincias en las que la colonización de este cánido es más evidente. A principios de siglo estaban contabilizadas siete.

La conclusión es que el futuro del lobo no está cuestionado, más bien al contrario. Su expansión es firme, continuada y armónica. Los motivos de que se produzca tal circunstancia son muy variados y van desde su capacidad de adaptación hasta la progresiva deshumanización del mundo rural. La despoblación de Castilla y León es el mayor aliado del lobo.

 

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