Silvia Clemente: una política con criterio propio, dotes de mando y enemigos íntimos

Silvia Clemente posa para una entrevista en el vestíbulo de las Cortes de Castilla y León./G. Villamil
Silvia Clemente posa para una entrevista en el vestíbulo de las Cortes de Castilla y León. / G. Villamil

Silvia Clemente, que juró por primera vez como consejera de la Junta de Castilla y León en marzo de 2001 y desde entonces ha estado en primera línea política, renuncia a la presidencia de las Cortes y se da de baja en el PP

S. ESCRIBANO

El portazo que ha dado Silvia Clemente en las Cortes de Castilla y León resonará durante mucho tiempo en los despachos de la política autonómica. Más en los del PP. Nacida en La Velilla (Pedraza, Segovia) en 1967, la presidenta saliente del parlamento autonómico se va «obligada», según ha achacado, por las campañas de difamación hacia su persona que ha alentado la dirección autonómica de su partido.

Una dirección que preside Alfonso Fernández Mañueco y tiene al segoviano Francisco Vázquez, como segundo. Las tiranteces de Clemente con este último vienen de atrás. El actual secretario del PP de Castilla y León intentó en 2007 apearla de la lista autonómica por Segovia. Sin éxito. Terció Juan Vicente Herrera. Esas elecciones fue en el segundo puesto de una candidatura que ha encabezado en 2003, 2011 y 2015.

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Más recientemente, Clemente se significó por su apoyo a Dolores de Cospedal, primero, y a Pablo Casado, después, en el proceso de primarias del PP, proceder totalmente opuesto al de la dirección autonómica, sin olvidar tampoco que es una de las principales valedoras del candidato designado por Casado, contra criterio del PP de Segovia y de Castilla y León, a la Alcaldía de la ciudad del Acueducto.

Licenciada en Derecho y funcionaria del Cuerpo Superior de la Comunidad Autónoma, asumió labores de gestión política en 1999 cuando fue nombrada directora general de Calidad Ambiental. En dos años estaba de consejera. Ironía del retrovisor, la segoviana posaba sonriente en aquella toma de posesión junto al otro consejero novato del primer gobierno de Juan Vicente Herrera, Alfonso Fernández Mañueco.

Silvia Clemente y Alfonso Fernández Mañueco posan sonrientes en marzo a de 2001, el día que Juan Vicente Herrera tomó posición por primera vez como presidente de la Junta y anunció que se incorporaban a su Gobierno como consejeros.
Silvia Clemente y Alfonso Fernández Mañueco posan sonrientes en marzo a de 2001, el día que Juan Vicente Herrera tomó posición por primera vez como presidente de la Junta y anunció que se incorporaban a su Gobierno como consejeros. / El Norte

Desde aquel marzo de 2001 lleva Silvia Clemente en primera línea autonómica. Ha gestionado las consejerías de Medio Ambiente, Cultura y Turismo y Agricultura y Ganadería y lo ha hecho con dotes de mando, capacidad de gestión, un equipo de colaboradores cercanos que va a muerte ella y otro de enemigos íntimos, 'sottovoce', dentro de la casa popular. «Está a matar con estos», apuntaba ayer, todavía digiriendo el 'shock', un veterano dirigente del PP para definir la relación de Clemente con Mañueco, que la nombró coordinadora del programa electoral con el que quiere ser presidente de Castilla y León, y con Vázquez, principalmente.

El plan de abastecimientos para erradicar el suministro de agua potable mediante cisternas, el Musac de León o el Festival de las Artes de Salamanca, la marca turística 'Castilla y León es vida' o el corazón amarillo de los alimentos de 'Tierra de Sabor' llevan la firma de Clemente como consejera de la Junta de Castilla y León. También la guerra contra el topillo campesino, con la que se estrenó como responsable de Agricultura.

Esa etapa acabó en 2015, cuando Herrera le comunicó que no iba a seguir de consejera. Silvia Clemente no pudo ocultar su disgusto en las fotos de esa tarde de junio en la que el presidente de la Junta y entonces del PP de Castilla y León anunció que iba a ser la próxima presidenta de las Cortes. Desde la casa del común que es la cámara autonomica, saboreó como exconsejera la foto de una protesta agraria dirigida hacia su sucesora, Milagros Marcos, con la que la relación ha tenido sus más y sus menos (soterrados también), en la que un agricultor sostenía una pancarta en la que podía leerse 'Silvia vuelve ya'.

Lejos de ser el retiro institucional que muchos preveían, la presidencia de las Cortes le ha servido a Silvia Clemente estos últimos tres años y medio para mantener un perfil político alto, con opiniones propias que podían o no coincidir con los argumentarios que cada mañana salen de la calle Génova y unifican el mensaje de todos los cargos del PP.

La presidenta saliente puede presentar balance. Inmigración, debate de la lucha contra la despoblación y las Cortes como contenedor cultural, haciendo sombra por momentos, con becas y exposiciones, a la propia Consejería de Cultura y Turismo que ella dirigió. Y en el plano político, también ha imprimido voz propia a su labor de arbitraje en el hemiciclo y a las decisiones diarias de la casa, hasta el punto de sentirse más arropada por los procuradores de la oposición que por los suyos. «Es muy difícil sustituir a una magnífica presidenta como Josefa García Cirac (actual consejera de Cultura y Turismo) y la pulcritud con la que llevaba el orden del pleno», criticó en marzo de 2016 el hoy vicepresidente de la Junta, tras una sesión en la que las llamadas de atención de Silvia Clemente soliviantaron a los populares.

El dosier de las facturas

Olfato político, gestión, capacidad de estudio de los asuntos propia de una aspirante a oposiciones públicas, Silvia Clemente ha lidiado también con cuestiones menos agradecidas en su carrera política, como el dosier de gastos cargados entre 2009 y 2010 a la tarjeta de la Consejería de Agricultura y Ganadería. Abalorios de joyería, marroquinería, ropa de marca, objetos de escritorio, de óptica y alguna comida en festivo integran una recopilación que no culminó su recorrido en los juzgados (estaban visados por la Intervención), pero que hicieron zozobrar la carrera de la entonces consejera. Ese dosier, en versiones reducida y novelada, todavía pulula por los cajones.

Casada y con dos hijos, la mayor veinteañera y de su primer matrimonio, en una entrevista en la precampaña de las autonómicas de 2011 apuntaba a preguntas de Sonia Andrino, redactora jefa de El Norte de Castilla, que Castilla y León estaba preparada «para tener una presidenta», aseguraba que su vida se componía de «ilusión, de trabajo, de emoción y de pasión en todo lo que hago. De mucha fuerza» y daba la receta para superar un golpe bajo: «Mucho amor propio y trabajo».

El PP de Segovia, en el que la senadora Paloma Sanz Jerónimo tomó el relevo del Francisco Vázquez, que preside la Diputación segoviana, ha apuntado en un comunicado que el destino político de Clemente irá por «otro camino fuera de las filas del Partido Popular» y ha recordado a la dirigente segoviana que ella habrá aportado al partido, pero «el propio partido también a Doña Silvia Clemente Municio». Punto y final. ¿O será punto y seguido?