Micromecenas de EEUU dan una segunda vida al patrimonio de la región

El lienzo 'Hay ojos que miran', en el claustro del Centro Expositivo del Románico, en Aguilar de Campoo, que acoge la muestra de Yordanov./Fundación Santa María la Real
El lienzo 'Hay ojos que miran', en el claustro del Centro Expositivo del Románico, en Aguilar de Campoo, que acoge la muestra de Yordanov. / Fundación Santa María la Real

Una campaña de financiación colectiva internacional ha permitido al pintor búlgaro Daniel Yordanov, afincado en Valladolid desde 1991, crear 'El murmullo de las piedras', un proyecto de transformación de fragmentos escultóricos de lugares históricos de Castilla y León en lienzos contemporáneos.

JESÚS BOMBÍNValladolid

D aniel Yordanov (Bulgaria, 1969) ha visto cumplido el sueño pictórico que persigue desde 2005 tratando de mostrar desde otra dimensión y con otras lecturas el patrimonio histórico de Castilla y León. Aunque para ello ha tenido que recurrir a pequeños mecenas de Estados Unidos que le han apoyado con 7.200 euros que no le fue posible reunir en la tierra en la que recaló en 1991 y sigue viviendo.

La historia del proyecto es tan curiosa como la peripecia vital en la que se embarcó Yordanov cuando con 22 años llegó a Madrid un día de agosto de 1991, procedente de su Bulgaria natal, dejando atrás un país convulso tras la caída del Muro de Berlín. Eligió España atraído por la obra de Velázquez y Goya, que había estudiado en la Facultad Bellas Artes de Sofía, no hablaba nada de castellano y con sus escasos ahorros sobrevivió varios días como pintor callejero en la Plaza Mayor madrileña. «Vine aquí un poco mejor que los que ahora llegan en cayuco; lo hice en autobús, cruzando Europa sin saber qué iba a ser de mí», evoca para no olvidar que en aquel verano que apuraba sus últimas semanas oyó hablar de que en pueblos de Valladolid necesitaban gente para la vendimia y recaló en Corcos del Valle. «Allí me amparó una familia con cuatro hijos, uno de los cuales cogía uva conmigo, y cuando terminó la temporada seguí con la remolacha, porque yo era ilegal y gracias a ese dinero pude comprar material para pintar. Nunca olvido lo que hicieron por mí».

Un año después fue seleccionado para un concurso de pintura de Caja España y comenzó a integrarse en la vida artística de Valladolid. «Por casualidad un empresario vio mi habilidad para pintar y me contrató para hacer alta decoración, elaboraba murales artesanales en techos y paredes de restaurantes, hoteles, viviendas, trabajé en la restauración del Teatro Calderón retocando las pinturas del techo... ».

Daniel Yordanov, en su estudio en el barrio de La Rubia, en Valladolid.
Daniel Yordanov, en su estudio en el barrio de La Rubia, en Valladolid. / Ramón Gómez

En cada viaje por Castilla y León no dejaba de sorprenderse ante la cantidad de patrimonio y vestigios arquitectónicos diseminados por pueblos y ciudades. «Estaba admirado con un arte que me ha servido para integrarme, aposentarme en esta tierra y entenderla», cuenta el artista, casado con una zamorana y con dos hijos.

La llegada de la crisis le obligó a cruzar el Atlántico con destino a Miami de manera intermitente. Allí pudo trabajar para estudios de decoración, hasta que en 2016 retorna a Valladolid con la idea de consumar un sueño que le venía rondando desde 2005. Se titularía 'El murmullo de las piedras. Imágenes que estimulan el conocimiento'. «La idea central consistía en 'arrancar' las maravillas esculpidas en piedra en capiteles, relieves y fachadas de edificios de Castilla y León, para acercarlas a través de la pintura, hacer arte del arte para comprenderlo desde otro punto de vista», se explaya este creador obsesionado por dar una segunda vida a las piedras de pasado milenario de las nueve provincias.

Yordanov, ante uno de sus lienzos.
Yordanov, ante uno de sus lienzos.

Desmoralizado por la ausencia de apoyo institucional y privado, Yordanov se decidió a lanzar en 2016 una campaña internacional de micromecenazgo colectivo espléndidamente acogida en Estados Unidos, «un país donde cultura y mecenazgo van de la mano mientras España sigue huérfana de una ley que incentive apuestas artísticas», se lamenta.

La iniciativa fue un éxito por las aportaciones y su procedencia: pequeños mecenas, particulares y empresas de hispanos o de españoles «sensibles» que desde Estados Unidos aportaron desde cinco, diez, veinte o cuarenta euros, a cantidades más generosas hasta reunir los 7.200 euros necesarios para comprar el material con el que ejecutar cinco lienzos de gran escala. A cambio, los donantes recibieron láminas de las reproducciones, además de la satisfacción de hacer aflorar un proyecto que se antojaba imposible en el territorio del que brotaba.

Una exposición en la Galería Rafael y la venta de algunas de sus obras ha permitido al artista eslavo ampliar su proyecto a una veintena de lienzos, de los que se han seleccionado nueve (uno alusivo a cada provincia de la región) y se exponen hasta el 28 de octubre a instancias de la Fundación Santa María la Real en el Centro Rom dedicado al románico en Aguilar de Campoo (Palencia). En el recorrido expositivo llama la atención 'El capricho', un ojo que todo lo ve desde el Palacio Pimentel de Valladolid, «una ventana plateresca sugiriendo al espectador múltiples lecturas», sostiene Yordanov.

En figuras diabólicas de la Catedral de León está inspirado 'El miedo', una composición metafórica que transforma en sangre el óxido de las piedras agravando la expresión terrorífica de las esculturas. De Soria, ha escogido los arcos de San Juan de Duero para plasmar 'La belleza de lo imperfecto' en un lienzo que incluye en primer plano la figura de un perro, en tanto que ilustró la pintura dedicada a Segovia con una escena erótica de dos esculturas de la iglesia de San Miguel de Fuentidueña.

Resonancia del patrimonio abulense es 'El encuentro', un Toro de Guisando en diálogo con un pájaro de colores, mientras que para la versión zamorana 'Canción de Urraca' el pintor ha reelaborado dos músicos en piedra de la Colegiata de Toro. Y de Salamanca, un gorrión aletea en torno a un capitel del convento de Las Dueñas frente a otro cuadro en el que una lagartija trepa por una iconografía de la ermita palentina de Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar. Cada lienzo remite a un fragmento escultórico que Yordanov convierte en anécdota contemporánea. «A pesar de su apariencia realista, 'El murmullo de las piedras' no alude a elementos materiales, si no al paso del tiempo. Las piedras de Daniel Yordanov tienen vida, porque el olvido del pasado es la destrucción del presente», comenta en el catálogo de la muestraJavier Blas, coordinador de proyectos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Entre tres semanas y tres meses le lleva pintar una pieza a Daniel Yordanov, interesado en dar continuidad a su proyecto con más obras y exposiciones. «Lo más difícil a la hora de dar vida a las piedras es la duda, saber si acierto o no en mis divagaciones», alega un creador agradecido al mecenazgo foráneo para poder seguir viviendo y pintando en Castilla y León.

 

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