Dos nuevas víctimas denuncian abusos del cura que llegó de Miami a Calzada de Valdunciel

Imagen de Calzada de Valdunciel. WORD/
Imagen de Calzada de Valdunciel. WORD

El día 'El País' recoge testimonios de otras dos personas que sufrieron de las supuestas prácticas de Francisco Carreras

REDACCIÓN / WORDSALAMANCA

Las informaciones sobre los supuestos abusos cometidos por el párroco Francisco Carreras en la provincia de Salamanca que desde hace un tiempo publica el diario 'El País' volvieron a la palestra este miércoles con la publicación de nuevas informaciones que revelan la existencia de otras dos personas que habrían sufrido a manos de este cura.

«En Calzada pasamos por su casa, al menos, desde los nacidos en 1968 hasta los de 1977, niños de ocho a trece años, ha abusado de varias generaciones de niños del pueblo, de todas las pandillas, de todas las clases sociales» afirma una de las víctimas que han decidido contar su caso. Todos estos casos habrían prescrito, pero se desconoce si hay afectados más recientes según asegura 'El País'.

Carreras, que cuenta ahora con 73 años, fue enviado a Estados Unidos en 1975, por razones que se ignoran, aunque él había vivido allí en su infancia. «Allí fue acusado entonces de abusos en la archidiócesis de Miami. Por esa razón fue expulsado por la Iglesia local y enviado de vuelta a Salamanca», afirma el periódico, en cuya información, Ambas víctimas relatan, bajo un nombre ficticio, las prácticas de Francisco Carreras en su etapa como párroco de Calzada de Valdunciel. En este momento, según las últimas noticias de su paradero, reside en Valdejimena, un pequeño santuario de la provincia, aunque se hace pasar por fraile benedictino y no lo es, según ha confirmado esta orden al diario.

Carreras fue párroco en Calzada de Valdunciel, que ahora cuenta con 600 habitantes, entre 1983 y 1987. Según relata el diario, «era carismático y muy respetado en el pueblo. Vivía en una casa a cien metros de la iglesia donde los niños iban a jugar, e incluso a dormir los fines de semana». «Nos decían nuestros padres: ¿dónde vais a estar mejor que en casa del cura? Allí tenía la máquina de videojuegos Atari, mesa de ping pong, todos los últimos modelos de juguetes, dulces… Veníamos de familias humildes y muy devotas, y allí había Coca-cola, nocilla, que en mi casa solo era los días de fiesta. También nos daba dinero, a mí me regaló un reloj Casio», contó Tomás, nombre ficticio de una de las víctimas a 'El País'. Ese era el cebo para lo que ocurría luego: «Abusaba de todos nosotros, en grupos de cuatro o cinco, y no decíamos nada, a quién se lo ibas a contar. Tenía al pueblo abducido, llegó a decir en misa que las mujeres de Calzada parían monstruos, porque decía que nos portábamos mal, y oías decir a los mayores: 'A cuenta de los muchachos a ver si se va a ir el cura del pueblo'» cuenta este afectado en 'El País'. Tomás afirma en el periódico «que él sabe con seguridad de ocho víctimas más, que él haya visto con sus propios ojos».

 

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