Berenice Abbott, entre el suelo y el cielo

Vista aérea de Nueva York de noche, 20 de marzo de 1936. /Getty Images / Berenice Abbott
Vista aérea de Nueva York de noche, 20 de marzo de 1936. / Getty Images / Berenice Abbott

La Fundación Mapfre revisa la obra de la genial fotógrafa estadounidense que retrató los contrastes de la modernidad

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Rascacielos y chabolas. Avenidas y callejones. Suntuosos almacenes y tienduchas. Gasolineras paupérrimas y ostentosos garajes. Mendigos, vagabundos y agentes de bolsa. Sótanos, túneles del metro y mansiones millonarias. Berenice Abbott, (1898-1991) retrató todos los contrastes de una Nueva York que hace un siglo se abría a la modernidad. Y lo hizo «entre el suelo y el cielo», según afirma muy gráficamente Estrella de Diego, comisaria de 'Retratos de la modernidad', la muestra que hasta el 25 de agosto reúne en la Fundación Mapfre doscientas imágenes de una de las grandes fotógrafas del siglo XX. 

Una vanguardista y audaz, retratista de personajes y paisajes con múltiples registros que tuvo a tiro de cámara tanto a quienes forjaron una nueva y vertiginosa era como los escenarios urbanos que habitaban en la macrourbe en construcción. Sus retratos de intelectuales parisinos y su visión de Nueva York en pleno cambio son un excepcional retrato de la modernidad del siglo XX.

Janert Flanner en París
Janert Flanner en París / Guetty Images / Berenice Abbott

Fue Abbott una chica del del medio oeste que huyendo del atosigante ambiente de Ohio que no toleraba su homosexualidad, aterrizó en Nueva York de 1910 y acabó convertida en la curiosa paseante que fue, retratando la emergencia de los rascacielos, las moles de acero y cemento que dibujaron el nuevo paisaje moderno. Fotografió tanto a los obreros que los alzaban como a los banqueros de Wall Street que los financiaban. Y cómo luego el crac del 29 hermanaba a obreros y magnates en la desesperación y la necesidad antes de que el dinero fluyera de nuevo.

Esta pionera notaria de la modernidad retrató con idéntica pasión personajes y paisajes. A ricos y pobres. A blancos y negros. Era una paseante muy atenta qué recorría Manhattan y sus contornos al tiempo que Walter Benjamin callejeaba por Berlín o París. Si el filósofo berlinés atrapa pensamientos en sus paseos y definía la modernidad con sus reflexiones, Abbott hacía lo propio con sus instantáneas, captando elocuentes escenas que, vistas caso un siglo después «exigen una nueva reflexión sobre lo que es la fotografía documental», según Estrella de Diego.

Esencial y aguda

Portentosa y esencial retratista, ante su cámara pasaron los intelectuales con los que convivió en su aterrizaje en Nueva York, en el entonces nada glamuroso Igual que haría en cuando saltó a París y se convirtió en ayudante de Man Ray y en discípula y admiradora de Eugène Atget, y, con el tiempo, en salvadora y albacea de legado del fotógrafo francés.

«Fue dueña de una mirada moderna, aguda y tan libre y como su espíritu, comprometida con su oficio y con su opción sexual», apunta Estrella de Diego, que define a Abbott como la «retratista excepcional de las modernidades de siglo XX». Destaca la catedrática y académica cómo la fotógrafa buscaba perspectivas inéditas «que convertían en algo nuevo lo lugares más vistos y fotografiados de Nueva York». Cómo Abbott era capaz de realizar el mismo juego geométrico fotografiando un paisaje nocturno de rascacielos y una cristalización de mineral de yeso. Y es que en su última y más desconocida etapa realizó una innovadoa y seductora serie de fotos de experimentos científicos en colaboración con investigadores el MIT, el legendario Instituto Tecnológico de Massachusetts. Es una de las tres secciones de la muestras que recorre toda la carrera de Abbott e incluye once fotografías de Eugène Atget positivadas por ella a finales de los 50 tras rescatar pagando de su bolsillo el archivo de su maestro en París.

Posó su mirada audaz, libre y comprometida en los personajes y escenarios en transformación hacia una nueva era

Empeñada en ser fotógrafa a costa de todo y vivir de sus trabajos, tardaría lo suyo en lograrlo. Ejerció distintos oficios: periodista pronto desencantada, aprendiz de escultora, cobradora de impagados, y ayudante de otros fotógrafos. «Nunca fe una diletante», destaca la comisaria. Su primera exposición individual fue en 1926, pero habría que esperar hasta 1970 para que el neoyorquino MoMA le dedicara una retrospectiva. Una muestra que llegaba un año después de que Abbott hubiera abandonado la gran manzana para retirase a Maine y antes de convertirse en 1983 la primera fotógrafa en ingresar en la Academia Americana de Artes y Letras. «Fue una mujer excepcional, una de las grandes artistas del siglo XX, que con empeño y algo de suerte, estuvo siempre en el momento oportuno en el lugar adecuado», concluía la comisaria.

Todas las fotos de la exposición son copias de época, pero según Estrella Diego «podrían haberse hecho ayer mismo» Proceden de notables colecciones estadounidenses: New York Public Library, George Eastman Museum , Howard Greenberg Gallery, International Center of Photography, MIT Museum y Museum of the City of New York.

Datos útiles

Qué:
Berenice Abbott. Retratos de la modernidad
Dónde:
Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos 23, Madrid. www.fundacionmapfre.org
Cuánto:
Entrada general, 3 euros