«Si España hubiera tenido su Núremberg, no habría estos problemas»

Nicolás Sánchez-Albornoz./EFE
Nicolás Sánchez-Albornoz. / EFE

Sánchez-Albornoz, primer director del Instituto Cervantes, deja su legado en la Caja de las Letras y recibe el homenaje de la institución

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Franco debería llevar ya muchos años fuera del Valle de los Caídos». Así lo cree el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz (Madrid, 1926), condenado a trabajos forzados en Cuelgamuros hace 70 años, exiliado tras huir del oprobio y primer director del Instituto Cervantes, creado hace 27. Si se ha permitido que los restos del dictador permanezcan en el Valle de los Caídos durante casi medio siglo y que no se prohibiera por ley la exaltación del franquismo «es porque España no ha tenido el juicio de Núremberg». Así lo dijo el historiador tras depositar su legado en la Caja de las Letras del Cervantes y antes de recibir el homenaje de la institución.

Condenado en 1947 a seis años de trabajos forzados durante la dictadura por su pertenencia a la Federación Universitaria Escolar, escapó del Valle de los Caídos en 1948 con su amigo Manuel Lamana, huida que recreó la película de Fenando Colomo 'Los años bárbaros'. La exhumación de los restos de dictador tiene así «una significación muy especial» para Sánchez-Albornoz «por razones obvias». «Me parece muy bien. Ya era hora. Ha sido una vergüenza que esté allí durante los cuarenta y tantos años que lleva. Es evidente que se debería haber hecho antes», reiteró en la sede del Cervantes.

«No hay ningún monumento ni mausoleo a ninguno de los dictadores de la misma camada de Franco en el resto de Europa. Era bastante extraño y desdoroso para España que fuéramos el único país con esa debilidad», agregó. «Si hubiera habido en España un Núremberg, no tendríamos los problemas que tenemos ahora», cree Sánchez-Albornoz. Así se lo dijo a un periodista alemán que se interesó por esta rareza en una democracia europea. «Me preguntó cómo España, con un gobierno democrático asentado, lo permitía, y le contesté que se olvidaba de que en Alemania la depuración del nazismo fue fruto de la ocupación de cuatro ejércitos, mientras que en España el cambio se hizo bajo la ocupación del Ejército anterior». No cree Sánchez-Albornoz que «España tenga desmemoria con su pasado» y sí que «hay unos que tienen la memoria clara y otros que no la quieren aceptar».

A su juicio, la sociedad sigue enfrentada por esos temas «porque en su día no se plantearon las cosas bien». «Tras la victoria aliada de los países vencedores no siguieron adelante para la democratización del resto de Europa y toleraron la presencia de una dictadura», lamentó Sánchez-Albornoz tras depositar su legado en la Caja de las Letras, la cámara acorazada del Cervantes.

Hijo del también historiador Claudio Sánchez-Albornoz, que fuera presidente de la República en el exilio en los años sesenta, el legado que deja en la caja número 1.467 evoca a su progenitor. Incluía la medalla correspondiente al sillón número 10 de la Academia de la Historia que ocupó su padre el 28 de febrero de 1926 y de la que fue expulsado el 10 de mayo de 1941 por orden del gobierno franquista. Su padre mantuvo la medalla en su poder durante su largo exilio, hasta que se reincorporó a la academia a la muerte de Franco. Al morir su padre, ofreció la medalla al director de la academia, «pero no fue aceptada», por lo que decidió dejarla en el Cervantes «hasta que la academia tenga a bien aceptarla y se digne a interesarse en su recuperación».

También dejó en la antigua caja de seguridad las insignias y el collar que le acreditan como miembro de mérito de la Academia portuguesa de Historia y la estilográfica con la que escribió muchos de sus ensayos: la misma con la que estampó su rúbrica en el libro de honor y el el certificado del depósito que el Cervantes otorgó al que fuera su director entre 1991 y 1996.

Fue antes de recibir el homenaje de la institución, sólo dos días de volver a pintar «¡Viva la Universidad Libre!» en las paredes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Una osadía que hace 70 años se tradujo en un condena a trabajos forzados en Cuelgamuros, de donde huyó con la ayuda del antropólogo Paco Benet, la escritora Barbara Probst Solomon y Barbara Mailer. Tras pasar por Francia recaló en Argentina y más tarde en Estados Unidos. No pudo regresar a España hasta la muerte del dictador y desde 1991 es miembro de la Real Academia de la Historia.

Expectativas superadas

Al homenaje se sumaron la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, el actual directo del Cervantes, Luis García Montero, el cineasta Fernando Colomo y los historiadores Mirta Núñez y Leandro Prados.

A los 27 años de su fundación cree su primer director que el Cervantes «ha superado todas las expectativas». «Ha trabajado seriamente y con dificultades, pero ha seguido adelante, con cambios de dirección pero sin cambiar de rumbo, librándose de los avatares que hay a menudo dentro de la administración», se felicitó.

Luis García Montero recordó cómo su antecesor puso en marcha la institución «necesaria para a la democracia española» y cómo era el idóneo «por su experiencia y por la herencia de pensamiento que había recibido, no solo de su padre, sino de una cultura y una tradición tejida en el exilio». Un rumbo «que el Cervantes ha seguido a lo largo de estos años», según García Montero, que elogió el trabado «de nuestros mayores como una forma de compromiso con los que vendrán después» y reivindicó «una idea del tiempo a la altura del ser humano».

 

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