Larga vida para 'El triunfo de la Muerte'

Detalle de 'El triunfo de la Muerte', la magistral obra pintada por Pieter Bruegel el Viejo hacia 1562 y recién restaurada./MUSEO DEL PRADO
Detalle de 'El triunfo de la Muerte', la magistral obra pintada por Pieter Bruegel el Viejo hacia 1562 y recién restaurada. / MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado restaura la legendaria tabla de Bruegel el Viejo y la libera de la aniquiladora sombra del Bosco

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Año y medio ha estado en el taller del Prado 'El triunfo de la Muerte', legendaria tabla de Pieter Bruegel el Viejo (Breda, 1525 /1530-Bruselas, 1569) y una de las cuarenta obras del maestro flamenco que se conservan en todo el mundo. Pintada en 1562, su portentosa restauración le augura una «larga vida», según María Antonia López de Asiain, restauradora de esta genial sátira pictórica sobre cómo los humanos bailamos la danza de la muerte. La tabla se libera además de la aniquiladora sombra del Bosco, «que fagocita todo lo que se coloca a su alrededor», según coinciden el director del Prado, Miguel Falomir, y el conservador jefe de pintura flamenca de la pinacoteca, Alejandro Vergara.

La obra restaurada se exhibe ya en la sala 55 A del edificio Villanueva junto a la otra legendaria pieza de Bruegel, 'El vino de la fiesta de San Martín', y todas las piezas de Joachim Patinir que atesora el Prado. Deja la sala contigua en la que se exhibía junto a 'El jardín de las delicias', el tríptico del Bosco que invisibilizaba la no menos genial obra de Bruegel. «El Bosco lo cegaba hasta hacer parecer a Bruegel un segundón o un copista», admite López de Asiain, que ha devuelto al cuadro su brillo original y revelado muchos detalles ocultos.

«Ha sido un divorcio feliz que devuelve el protagonismo a esta obra maestra de Bruegel, de inspiración 'bosquiana' pero a la que apenas se prestaba atención», admite Falomir. «Es la obra maestra de uno de los pintores más importantes de la historia del arte europeo, no menor que el Bosco, y uno de las más relevantes del Prado», confirma Vergara, que no duda en equiparar a Bruegel con «Leonardo o Miguel Ángel».

La tabla, de 117x162 centímetros, saldrá del Prado «por primera y última vez» en otoño, según confirmó Falomir. Brillará en la muestra que el Kunsthistorisches Museum de Viena dedique al maestro flamenco. Un artista tan genial como insólito que tras copiar al Bosco en grabados, pintó al óleo apenas una década y de quien se conservan menos de 40 obras en todo el mundo, la mayoría de las cuales estarán en Viena.

«Bruegel es un sabio en la aplicación del color, el trazo, los detalles, la luz y la sombra», según López de Asiain, resucitadora de un cuadro «extrañamente divertido», según Vergara. Bruegel recrea una aldea arrasada por las llamas y el humo en una suerte de pavoroso juicio final, con casas destruidas, un ejército de condenados que atraviesa las puertas del infierno y batallones de esqueletos en un dantesco paisaje salpicado de ejecuciones.

Procedente de la Colección Real, a la que no se sabe muy bien cómo llegó en el siglo XVIII, fue la única pintura de Bruegel en España hasta que en 2011 ingresó en el Prado 'El vino de la fiesta de San Martín', una sarga al temple milagrosamente hallada en una colección particular por Gabriele Finaldi, también restaurada en el Prado y con la que ahora comparte espacio.

La obra es una sátira moralizante sobre el triunfo de la parca ante las cosas mundanas, un tema habitual en la literatura medieval, e influenciada por el Bosco. Restaurada «recupera sus valores originales», los nítidos tonos azules y rojos que la caracterizan, «sepultados por repintes y unificadores barnices coloreados que le dieron un tono ocre, casi monocromo», según López de Asiain. José de la Fuente ha restaurado el soporte y recuperado su estabilidad estructural liberándolo de un engatillado «que impedía el movimiento natural de la madera». Los cuatro paneles horizontales de roble del Báltico sobre los que se pintó fueron rebajados en algún momento para aplanarlos y reforzarlos, lo que agrietó la pintura cubierta con estucos y repintes que ocultaron parte del original. Se ha construido un bastidor de madera de haya unido a la pintura por un sistema de muelles planos de acero inoxidable, pegados al soporte mediante botones de latón dorado de forma reversible. Estos muelles se insertan en unos tornillos de nailon que permiten cualquier movimiento en 360 grados de tracción, dilatación y contracción. Un sistema que respeta la forma exacta de la curvatura que la obra adoptó al liberarse del engatillado.

La restauración ha sido posible gracias a la colaboración de la Fundación Iberdrola, miembro Protector del Programa de Restauración del Museo del Prado, que aporta 300.000 euros al año.

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