«El imperio portugués fue el embrión de la globalización»

Una mujer observa un mapa en la exposición 'Nuevos Mundos. Portugal y la Época de los Descubrimientos'. /Efe
Una mujer observa un mapa en la exposición 'Nuevos Mundos. Portugal y la Época de los Descubrimientos'. / Efe

El historiador británico Roger Crowley explica las claves de la expansión lusa por el mundo en el siglo XV en el ensayo 'El imperio sin fin'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

¿Cómo pudo Portugal, un país pobre, poco poblado y aislado de las principales rutas comerciales de la época, convertirse en el dueño de un imperio mundial que abarcaba posesiones en todo el globo terráqueo? El historiador británico Roger Crowley (Cambridge, 1951) contesta a esta pregunta en 'El mar sin fin' (Ático de los Libros), un ameno ensayo sobre el imperio portugués, que abarcó el periodo de tiempo entre 1483 y 1515 y que, a juicio del autor, fue «el embrión de la globalización».

«En la etapa de los descubrimientos, los portugueses llegaron muy lejos: a la India en 1498, a China en 1514 y a Japón en 1543. Fueron muy inteligentes y en diez años descubrieron las rutas comerciales, los secretos de los vientos... Tenían una gran visión estratégica. Pero su imperio no se basó en el poder terrestre, sino en el marítimo y el comercial. Fue una globalización sutil que incluyó el uso de cartas de navegación o la exportación de alimentos, como el maíz, que llevaron de América a África. Una muestra de su poderío es que en 1550, un noble portugués podría recibir una vajilla china», cuenta Crowley.

Personajes como Enrique el Navegante, Juan 'el Príncipe Perfecto', Manuel el Afortunado, Bartolomé Díaz, Vasco de Gama, Pedro Álvares Cabral, Francisco de Almedia y Alfonso de Albuquerque permanecen en el imaginario portugués como los héroes que consiguieron izar la bandera del país en tres continentes, América, Asia y África; empujados siempre por el afán de gloria y dinero. «Era común en Portugal la historia del rey de Malí, que se suponía que era el hombre más rico del mundo porque acaparaba el oro africano. En su búsqueda iban los conquistadores portugueses», recuerda el escritor.

La clave de la expansión portuguesa tiene razones geográficas (el país está rodeado por España, pero abierto a los océanos) e históricas: para acabar con su aislamiento no tenía más remedio que hacerse a la mar. «Portugal siempre concibió el imperio como una misión nacional, mientras que en el caso de España, la otra gran potencia de la época, los conquistadores como Pizarro o Cortés, por cierto, de Extremadura, una región que linda con Portugal, fueron más individualistas». «La principal diferencia entre Portugal y España», agrega Crowley, «es que los lusos no querían un control de las tierras, y por eso, sólo colonizaron Brasil». En cualquier caso, el imperio portugués tuvo puntos negros. «Fueron los grandes precursores del comercio de esclavos, con entre tres y cinco millones de personas trasladadas desde África hasta Brasil, y también llevaron enfermedades, como la sífilis», subraya el historiador.

Autor de obras de referencia como 'Imperios del mar', 'Constantinopla 1453 y Venecia. Ciudad de fortuna', Crowley se maravilla de la capacidad de los portugueses para conquistar enclaves estratégicos en Asia como Goa, Malaca o el estrecho de Ormuz con tropas que todos los años se relevaban desde Portugal. «Durante mucho tiempo se decía que Lisboa latía al ritmo de los monzones», explica el autor.

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