«Las obras de Pardo Bazán son más progresistas que ella»

Retrato de Emilia Pardo Bazán realizado por Sorolla. /Hispanic Society of America, Nueva York
Retrato de Emilia Pardo Bazán realizado por Sorolla. / Hispanic Society of America, Nueva York

Esta especialista del siglo XIX destaca el carácter «poliédrico» de la escritora gallega en una nueva biografía

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Una obra estudiada como una crítica poscolonial en Estados Unidos, como una gran novela realista en Francia o como una crítica feminista. Unos trabajos llenos de aristas, modernos y a la vez tradicionalista. Unos elementos que llenan la inmensa obra de Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851 - Madrid, 1921), según destaca Isabel Burdiel (Badajoz, 1958), catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia y Premio Nacional de Historia por una biografía de Isabel II publicada en 2011. Ahora recupera a la autora gallega en una biografía que publica Taurus.

-¿Está muy olvidada?

-Todo el mundo sabe quién es Pardo Bazán, tiene un chiste que contar de Pardo Bazán o sabe qué son 'Los pazos de Ulloa' y que tuvo un amor con Galdós. Pero muy poca gente la lee. No se la considera parte de lo que hay que leer del siglo XIX como se lee a 'La Regenta' de Clarín o las obras de Galdós. Y es una escritora extraordinaria.

-¿Por qué se le ha marginado?

-Ella era una persona tan controvertida que no ha sido considerada parte de una corriente literaria o política. Los conservadores se la apropiaron porque ella se consideraba así en muchos aspectos, pero sus obras son mucho más progresistas de lo que era ella. Hacía saltar las líneas clásicas de qué es conservador y qué es progresista. Y eso no se perdonaba en la España de entonces.

-¿La literatura era una válvula de escape para ella?

-No, era su vocación para hacer e incidir en la sociedad.

-¿Era una mujer muy compleja?

-Era muy poliédrica, con muchas facetas. Tenía una inteligencia muy afilada y quería hacer muchas cosas. Escapaba del territorio conocido de las definiciones, tanto las políticas como las literarias.

-¿Se movía entre los grises?

-Ella dijo una vez: 'Yo no pienso por decreto'. Podía hacerlo y ser transgresora porque estaba en una situación privilegiada. Miró siempre el mundo desde dos orillas: desde la de la tolerancia y la libertad de expresión y desde la orilla más tradicionalista.

-¿Era la única voz femenina?

-No, había muchas mujeres importantes en su época. Ella fue la más célebre y la más versátil. Por ejemplo, estaba Concepción Gimeno de Flaquer que fue una gran empresaria cultural y se ganó la vida escribiendo. Pertenecían a círculos sociales distintos, pero literarios no tanto. Juan Valera decía que había que elegir entre el pulque de doña Concha o el caldo gallego doña Emilia en las tertulias.

La historiadora pacense Isabel Burdiel.
La historiadora pacense Isabel Burdiel. / Efe

-Pero Pardo Bazán era toda una estrella.

-Y ella se creyó mucho más única de lo que era. Cultivó ese personaje célebre y quiso controlarlo. Pero no pudo. Se empezaba a asociar literatura y celebridad, y se le fue de las manos. He intentado hacer un juego entre lo extraordinaria que era para su tiempo y, a la vez, las partes que eran más comunes para esa época.

-Ese control de la imagen es algo ahora muy actual.

-Ella está en los orígenes de esa cultura que parece ahora muy normal. Fue muy moderna en esa idea de presentarse como escritora profesional, queriendo controlar su obra y los derechos de autor.

«Miró al mundo desde dos orillas, la de la tolerancia y la libertad de expresión y otra más tradicionalista»

-¿Y los derechos de la mujer?

-Fue una gran defensora en todos los sentidos, políticos, culturales, de costumbres o de sensibilidad. Al final de su vida, cuando vivía en un ambiente muy aristocrático y muy conservador, se definió como feminista radical. Usaba ese término sin tapujos, aunque ha habido una corriente feminista que no la ha reconocido por ser conservadora y católica. Ha sido muy controvertida.

-¿Qué le hace tan moderna?

-Ella no creía que hubiera una cosa esencialmente hombre y otra cosa esencialmente mujer. Había feministas que decían que las mujeres somos más compasivas, tenemos más capacidad de acción social porque somos madres. Ella decía que lo de ser madre era una opción, cuando tuvo tres hijos. La maternidad no acota el carácter de una mujer y se puede ser mujer sin ser madre. Y eso era modernismo.