¿Por qué América no se llama Colombia?

El escritor austriaco Stefan Zweig./R. C.
El escritor austriaco Stefan Zweig. / R. C.

El escritor Stefan Zweig relató todos los malentendidos que llevaron al bautismo erróneo del continente en una biografía de Américo Vespucio que reaparece ahora.

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

¿Por qué América se llama América, en honor a un oscuro funcionario llamado Américo Vespucio, y no Colombia, como debería, en recuerdo de Colón, su gran descubridor? Sobre esta sugerente pregunta articuló el intelectual austriaco Stefan Zweig (Viena, 1881-Petrópolis, Brasil, 1942) la obra 'Américo Vespucio. Relato de un error histórico', que recupera ahora la editorial Acantilado. Genio del género de la biografía y del perfil psicológico (Fuoché, María Estuardo, Erasmo o Calvino pasaron por su pluma), Zweig analiza, con su habitual estilo vibrante, los malentendidos que llevaron a bautizar un nuevo continente con un nombre que no le hubiera correspondido.

Así, Zweig cuenta que Vespucio fue un florentino de familia prominente venida a menos que en 1480, aproximadamente, se marchó a Sevilla para trabajar en la filial dependiente de los Medici como un empleado que poco a poco se va haciendo con la confianza de sus jefes. Poco se conoce de sus años sevillanos, pero sí se sabe que en 1499 se embarca con una expedición española al nuevo continente encabezada por Alonso de Ojeda. Allí adquiere conocimientos que le servirán para cambiarse de bando y de rey y ser enrolado por los portugueses en expediciones posteriores, y a la vuelta de esos viajes escribe una carta a su mentor, Lorenzo de Medicis, que le hará pasar a los anales. Traducida como 'Mundus Novus' y convertida en un librito, la epístola empieza a circular por todas las ciudades y puertos. Y como venía firmada por Américo Vespucio, es su nombre, Américo, el que comienza también a utilizarse para referirse al nuevo continente.

Zweig exculpa a Vespucio de toda responsabilidad en el error. Considera que no mintió y que nunca se atribuyó los méritos que le correspondían a Colón, con quien mantenía una relación de respeto y sincero afecto, lejos de la rivalidad que se quiso pintar en la época. «Américo no tiene por qué avergonzarse de su nombre de pila. Es el de un hombre honrado y valiente que a sus cincuenta años se atrevió a viajar en tres ocasiones en un navío minúsculo por un océano todavía insoldable hacia lo ignoto», destaca el autor austriaco.

Pero 'Relato de un error histórico' es mucho más que una biografía de Américo Vespucio. En sus primeras páginas, Zweig demuestra su enorme capacidad de síntesis al resumir con cuatro pinceladas qué ocurrió en cada siglo de la Edad Media en Europa hasta llegar a la época de los descubrimientos. Además, para el lector español, esta obra alcanza otro nivel porque que la historia ha ido arrinconando y a los que devuelve el lugar que les corresponde. Por supuesto, Cristóbal Colón, que sobrevuela todo el libro, pero también , lúcidas mentes a las que el escritor austriaco admira y que fueron los primeros en introducir sombras sobre el relato que prevalecía en el siglo XVI y que convertía, erróneamente, a Américo Vespucio en el descubridor de América.