Viaje a un país a través de su gente

Soldados de la ONU en Kinshasa en 2017./Afp
Soldados de la ONU en Kinshasa en 2017. / Afp

El escritor David van Reybrouck retrata Congo con los testimonios de sus ciudadanos

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Congo, un país del tamaño de un continente, fue durante décadas motivo de orgullo para los belgas, hasta que la nacion europea revisó su pasado colonial y aquel sentimiento se convirtió en vergüenza, en una página negra. En las dos últimas décadas, no obstante, Bélgica está empezando a 'conllevar' su historia y alienta investigaciones, exposiciones, películas y series de televisión en la que analizan su papel como potencia colonial. En este nuevo enfoque se enmarca el libro 'Congo', del escritor David van Reybrouck (Brujas, 1971) y publicado en España por Taurus.

Van Reybrouck ha viajado por todo el país para escribir una historia de Congo desde el punto de vista de la gente común. Ha participado en sus oficios religiosos, se ha sentado a dialogar con ellos debajo de un árbol y ha visitado a personas que aseguran tener 120 años. Y se ha encontrado con un pueblo «alegre y acogedor» que, sin embargo, ha sufrido y también ha cometido las formas de violencia más extremas. «¿Cómo es posible que en un país con tanta gente estupenda hayan ocurrido acontecimientos tan atroces?», se pregunta el escritor. «La respuesta es el contexto», continúa. «Cuando han sucedido tantas cosas en el tiempo, la diferencia entre lo bueno y lo malo es permeable, igual que entre un santo y un villano», dice Van Reybrouck, que se muestra «muy pesimista» a corto plazo sobre el futuro del Congo, pero optimista cuando lo contempla desde una perspectiva larga.

Van Reybrouck se ha acercado a la tragedia desde todas sus aristas. Ha hablado con mujeres violadas y también con niños soldado. «Son niños cuyas madres han sido asesinadas y sus hermanas, violadas. No tienen educación ni trabajo, ni perspectiva de tenerlo, de manera que encuentran sentido a sus vidas cuando un líder rebelde les propone unirse a él. Esos chicos me contaron que veían la guerra como una broma, como una oportunidad de estar en pandilla, una fiesta en la que todos los valores cambian», resume.

El autor también ofrece un atisbo de explicación a la violencia extrema que han sufrido las mujeres de Congo. «En los años 80, lograron una gran independencia y emancipación y yo a veces me cuestiono sobre si la violencia sexual de los años 90 es una reacción, una especie de venganza, por la libertad que la mujer africana había logrado en la década anterior».

Igual que ha hecho Bélgica, Congo también ha revisado su pasado como colonia y, sorprendentemente, ha redescubierto un afecto sincero hacia su antigua metrópoli. «Me llegué a encontrar con personas que estaban hartas de la situación actual y me preguntaban: '¿Hasta cuándo durará la independencia?'», cuenta el escritor. En esa percepción tiene mucho que ver el rechazo que sienten los congoleños hacia sanguinarios personajes de su historia como Mobutu Sese Seko o Kabila, aunque si echan la vista atrás se encuentran con uno de similar catadura, Leopoldo II.

La independencia de Congo, en 1960, fue una de las más sorprendentes. «Se preparó en sólo cinco meses», recuerda Van Reybrouck, que ofrece un dato muy llamativo: en esa fecha, sólo 16 residentes en Congo tenían una carrera universitaria. «La descolonización empezó demasiado tarde y la independencia llegó demasiado pronto. Bélgica no quería un baño de sangre como el que había ocurrido en Argelia y lo que hizo fue intentar mantener un poder en la sombra», subraya.