Fernando del Paso, cervantino hasta el último suspiro

El escritor mexicano Fernando del Paso./Efe
El escritor mexicano Fernando del Paso. / Efe

El polifacético escritor mexicano fallece tres años después de ganar el Cervantes y en vísperas de un nuevo fallo

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Fernando del Paso ha sido cervantino hasta su último suspiro. El polifacético creador mexicano falleció este miércoles a los tres años justos de ganar el premio Cervantes en 2015 y en la víspera del fallo del de 2018. Tenía 83 años y murió en su casa de Guadalajara, la ciudad donde vivía con su familia desde 1992. Pintor, dibujante, profesor y también diplomático, fue un original, osado y versátil narrador de estirpe cervantina que contó la historia de su país desde prismas inéditos. Apostó por el «riesgo» y la «innovadora valentía» que apreció el jurado que le concedió el Cervantes el 12 de noviembre de 2015.

Una valentía también vital que demostró batallando con su penosa salud. Superó los sucesivos infartos cardíacos y cerebrales que lo dejaron mudo y postrado, recuperando la presencia de ánimo y la voz que le robó la crisis vascular, la movilidad y el animo para seguir creando en el territorio de La Mancha y como cualificado heredero de gigantes como Juan Rulfo o Juan José Arreola. Su amor a su país no le impidió criticar su deriva «totalitaria», como él la calificó. «Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza, pero no denunciarlo, eso sí que me daría aún más vergüenza», dijo en su discurso de aceptación en Alcalá de Henares.

«Del Quijote me asombró la riqueza del lenguaje y que la seriedad se llevara tan bien con el humor. Me enseñó que el humor y la literatura no están peleados», fue la lección que Del Paso aprendió en su temprana lectura de la universal novela de Cervantes, según explicaría al recibir el premio mayor de las letras hispanas.

«Innovador, arriesgado y valiente como lo fue Cervantes, aunó tradición y modernidad» como el creador de Alonso Quijano, según dijo el jurado, que elogió su capacidad para recrear episodios fundamentales de la historia de México. Fue uno de los autores más leídos y premiados de su país, aunque menos conocido en España, donde el premio catapultó su ambiciosa obra.

Polifacético

Nacido en la Ciudad de México el 1 de abril de 1935, Fernando del Paso Morante aunó un puñado de intereses. Además de escritor, poeta y dramaturgo, fue dibujante, pintor, diplomático, periodista y académico. Con estudios de biológicas y económicas, enseñó en la Facultad de Economía de la UNAM, trabajó en varias agencias de publicidad y ejerció el periodismo cultural.

Residió dos años en Estados Unidos, catorce en Londres, donde colaboró con la BBC, y ocho en París, donde trabajó como guionista y productor de programas para Radio France International antes de ser nombrado consejero cultural y cónsul general de México.

En su obra, caracterizada por su originalidad para recrear la historia de su país, destacan tres extensas novelas publicadas a lo largo de tres décadas y que son hitos de la narrativa mexicana del siglo XX: 'José Trigo' (1966), que describe la vida de un hombre en paralelo con el movimiento ferrocarrilero de 1958 y es una búsqueda exhaustiva del lenguaje y de las estructuras literarias; 'Palinuro de México' (1982), que recrea el movimiento estudiantil de 1968, y la enciclopédica 'Noticias del Imperio' (1986), que penetra en la mente enloquecida de Carlota de Bélgica, esposa del fugaz emperador mexicano Maximiliano de Habsburgo.

Del Paso sufrió en 1990 un infarto agudo que quebró su salud, pero en 1995 se publicó su cuarta novela, 'Linda 67', con la que se adentró en el género policial. En 1998 apareció 'La muerte se va a Granada', obra de teatro en verso sobre Federico García Lorca, y en 1999 'Cuentos dispersos'. En 2010 encadenó varios ictus de los que se recuperó casi milagrosamente. Lo hizo con «terapia intensiva» y el auxilio de su hija, leyéndose a sí mismo en 'Noticias del imperio'. «Es un milagro que mi voz me haya devuelto la voz, de la que me privaron aquellos infartos que me tuvieron tan enfermo durante tres años y más me parecieron abortos», ironizó en la Biblioteca Nacional en Madrid, ataviado como el dandi mexicano que era, encantado de aterrizar en esta orilla del idioma y con fe plena «en volver a escribir».

Traducido al inglés, francés, portugués, alemán, holandés y chino, escribió también ensayo, poesía y libros infantiles, como la serie 'Sonetos del amor y de lo diario' y los libros en verso para niños: 'De la A a la Z por un poeta', y 'Paleta de diez colores'. Su bibliografía se completa con títulos como 'Cuentos dispersos' (1999), 'Castillos en el aire' (2002), 'PoeMar' (2004), los ensayos 'El coloquio de invierno, con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez' (1992) o 'Memoria y olvido, vida de Juan José Arreola' (1994) y las piezas teatrales 'La loca de Miramar' (1988) o 'Palinuro en la escalera' (1992).

Como artista plástico abordó a finales de los 90 la serie 'Destrucción del Orden', compuesta por quince obras de técnica mixta. Expuso su pintura y sus dibujos en Londres, Madrid, París y Estados Unidos y su serie '2000 caras de cara al 2000' se exhibió en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

Premio Nacional de Letras y Artes mexicanas en 1991, perteneció al Colegio Nacional de México desde 1996. En 1998 fue nombrado Miembro Honorario de The American Association of Teachers of Spanish and Portuguese y en 2009 entró en la Academia Mexicana de la Lengua con un discurso sobre el sefardí.

 

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