Libro de estilo de la RAE para la era digital

Europa Press

Dota al español de su primer 'Libro de estilo', con especial atención a los emoticonos y a la escritura en las redes sociales

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

«Aclara, ayuda, explica, compara y aconseja. Ni prohíbe ni sanciona. Así es el primer 'Libro de estilo del español', presentado este lunes por la Real Academia Española (RAE). Se ha elaborado «según la norma panhispánica» y bajo un principio «policéntrico» que lo conviene en una eficaz herramienta para solventar las dudas de los 570 millones de hablantes de nuestro idioma. Presta especial atención a la escritura en la galaxia digital y se ocupa de ortotipografía –la escritura no manual–, y del uso de emoticonos además de las cuestiones gramaticales y de género. Lo edita Espasa, el sello habitual de la RAE, que ha impreso 10.000 ejemplares en papel y abordará su versión digital, en fecha aún por decidir.

«La definición de estilo es 'manera de escribir y hablar' y de ahí partimos», dice Víctor García de la Concha, director honorífico de la RAE y coordinador de una obra «práctica y muy didáctica» en la que los expertos de la docta casa han trabajado durante quince años. «No es una síntesis de la gramática, ni de la ortografía ni de la fonética; atendemos las dudas más frecuentes y arraigadas entre los hablantes», aclara el exdirector.

¿Se escribe wasap, guasap o WhatsApp? ¿Juez o jueza? ¿Tusnami o sunami? ¿Guardiaciviles o los guardias civiles? ¿Psicología o sicología?. Son algunas de las dudas a las que responde un libro que arroja luz sobre expresiones con grafía problemáticas –adonde, a donde, adónde y a dónde; conque y con que–, aclara si es válido escribir finde o porfa o si hay que poner punto detrás de un emoticono.

Insiste De la Concha en que es una obra para todas las variantes y latitudes del idioma y en que «describe pero no sanciona», que «recomienda y no impone». «No es dogmático, no pontifica, no es purista y matiza». «Es una herramienta eficaz para todos», dijo recordando que la norma ya está en la ortografía, en la gramática o en el diccionario de la RAE. Cómo «ofrece píldoras de cuestiones gramaticales y ortográficas» y es «enormemente útil» para el público en general. Y lo hace sin ser un mero sumario de dudas. «Queremos que sirva para que se hable como un libro abierto, con soltura más que con elegancia, y para y que permita a las personas hablar y escribir como los ángeles, también digitales», dijo risueño.

Lo desligó de los libros de estilo habituales en los medios de comunicación. «Asimilamos libro de estilo a los de la prensa, que son códigos internos de la redacción para tener personalidad y dotarse de norma éticas, y este no es el caso», dijo. Aceptó coordinarlo desde la convicción de que «es extraordinariamente útil para el lector, el escritor y el público en general».

Seis capítulos

Además de las cuestiones gramaticales y ortográficas, en sus seis capítulos aborda las ortotipográficas –las referidas a la escritura no manual cada vez más habitual en nuestras vidas–, la pronunciación y elocución, la escritura, la comunicación digital y ortografía digital, «que debe respetar todas las normas generales, porque hoy en día todos somos comunicadores». Incluye un glosario de casi cien páginas y se cierra con un apartado dedicado a «cómo aprovechar el diccionario», puesto que «es mucho más que saber cómo se escribe determinada palabra».

«En el uso de la lengua está su poder y su autoridad», dijo De La Concha recordando a Horacio y destacando cómo son los hablantes quienes cada día la cambian haciendo de ella «algo vivo, popular y en plena efervescencia».

Fue Francisco Rico quien en el II Congreso de Lengua de Valladolid, celebrado en 2001, propuso crear un libro centrado en la ortotipografia que fuera complementario de la demás publicaciones de la RAE, como la Ortografía, la Gramática, la Fonética o el Diccionario pahispánico de dudas. «Con la publicación de los códigos creíamos que tendríamos la lengua actualizada. Pero pesar de ello, cada mes se producen 60 millones de consultas al diccionario la Academia», destacó García de la Concha justificando la necesidad de un obra como este 'Libro de estilo'.

Presentó De la Concha esta publicación pionera junto al director de la RAE, Darío Villanueva, quien destacó que la obra se ha elaborado conforme a la norma panhispánica, dado que el español, por la extensión geográfica y su riqueza cultural, tiene «muchas variedades» que en este libro «son atendidas».

«En la RAE no hay división, y mucho menos brutal»

Niega Víctor García de La Concha que haya una «división brutal» en la RAE según se le planteó en una pregunta. «Lo de profunda división es un titular periodístico que no responde para nadar a la realidad. Lo que hay es convivencia de ideas y personalidades diferentes», algo que «ha ocurrido siempre en esta institución que es noble y está al servicio de la lengua», dijo. «Ahí, en el servicio a la lengua, sí que se ha hecho un esfuerzo brutal» planteó el director honorario de la institución que el día 13 de diciembre elegirá a un nuevo timonel.

«Será quien sirva menor a la Academia, quien aúne la dirección con la gestión y la búsqueda de ayudas dinerarias que necesitamos, que es algo añadido al servicio básico de la casa», dijo sobre el futuro director de la RAE quien ocupara ese puesto entre 1998 y 2010.

¿Podría dirigirla una mujer por primera vez en tres siglos? «En la RAE, como en todo, la mujer se ha incorporado tarde, pero tenemos un nutrido grupo de mujeres a quienes acredita su valía como académicas, no el hecho de ser mujeres», dijo De la Concha. «Todos los académicos somos elegibles, sean hombres o mujeres», destacó acotando que «Darío Villanueva ha rogado que no se le reelija y los mayores de 78 podemos eludir la obligatoriedad de aceptar el cargo».

Aludió antes a situaciones como las vividas en el Parlamento y que García de la Concha, exdirector del Instituto Cervantes, comparó con la que vivió Ortega y Gasset hace un siglo «cuando aseguró que antes de una regeneración política era indispensable una regeneración de la sensibilidad». «Le recuerdo al Parlamento que eso solo se logra con el cuidado de la palabra», planteó.

¿Quiere eso decir que hay que regañar a sus señoríaa por llamare fascistas o golpistas?. «Eso es política y esta casa no entra en política, porque no es nuestro trabajo», zanjó la cuestión.

 

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