Barça

Entre la exhibición de Messi y el gesto de Coutinho a la afición

Lionel Messi y Philippe Coutinho celebran el primer gol del argentino./EP
Lionel Messi y Philippe Coutinho celebran el primer gol del argentino. / EP

El Barça hizo un partido coral extraordinario para pasar a la semifinal de la Liga de Campeones, pero la actuación maravillosa del '10' y la reivindicación del brasileño taparon lo colectivo

P. RÍOSBarcelona

«No vamos a pedir perdón por tener a Messi». No es la primera vez que Ernesto Valverde hace esa reflexión en rueda de prensa, cansado como está de que todas las preguntas tras un triunfo de prestigio como el 3-0 ante el Manchester United, con la ansiada clasificación para las semifinales dela Liga de Campeones, giren alrededor de la figura del '10' como solucionador de problemas. «Sí, hicimos cinco primeros minutos complicados, con un larguero de Rashford que para ellos fue un subidón y a nosotros nos hizo dudar, pero nos rehicimos pronto y completamos 85 minutos muy buenos», mantenía el técnico del Barça tras el partido, reivindicando el buen juego colectivo. «Sabemos que Messi siempre aparece y no sólo marcando goles en momentos puntuales, también llevando el peso del juego», señaló.

Es lo que tiene poder contar con un Messi extramotivado e inspirado. Fue la mejor actuación coral del Barça en esta temporada, con momentos brillantes del juego de posición que tanto añoran los lógicos admiradores de la huella que dejó Pep Guardiola, con un interpretación táctica ejemplar del partido por parte de futbolistas como Busquets o Rakitic, con concentración defensiva admirable de Piqué o Lenglet o movimientos constantes de ruptura de Luis Suárez en ataque para que Messi encontrara espacios.

Todo queda en un segundo plano cuando el '10' disfruta como un niño con el balón, inventando un gol de la nada en el extraordinario 1-0, aliándose con la fortuna en forma de error garrafal de De Gea en el 2-0, iniciando la jugada del 3-0 de Coutinho con su clásica apertura a Jordi Alba... Además, mandó, marcó el ritmo, rozó un gol de chilena que hubiese firmado el mismísimo Rivaldo, presionó, robó balones. Es ya hace un tiempo un futbolista total, un Modric, pero con 50 goles por temporada, un Cristiano Ronaldo que no sólo remata, sino que crea el juego de todo el equipo. Le pueden dar más o menos Balones de Oro en función de si gana títulos importantes con el Barça o con la selección argentina, pero no hay nadie que aglutine tantas cualidades. Lleva diez goles en esta Liga de Campeones, marcando seis años después en cuartos de final. Quiere esta «linda Copa», como la calificó el día del Gamper, y lo demuestra cada día.

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Por lo menos, centrarlo todo en Messi es una lectura positiva del partido del martes, aunque reste méritos a sus compañeros. Más injusto es quedarse sólo con el detalle de Coutinho en la celebración de su golazo desde fuera del área. El brasileño había recibido críticas por sus actuaciones en las últimas semanas, incluso se le había silbado en el Camp Nou. Nunca de forma masiva, pero sí le había llegado el ruido a esos oídos que decidió taparse mirando a la grada. La afición, como si nada, dando por buena su reivindicación, le ovacionó cuando fue cambiado por Dembélé, señal de que era un cuestión más de impaciencia que de falta de fe en Coutinho.

No sólo por el gol, pero Coutinho vuelve a mostrar su mejor cara, dispuesto a defender su plaza en el once ahora que ha recuperado a Dembélé, otro suplente complicado por su carácter. Valverde puede repartir minutos en los partidos de Liga que se avecinan antes de la semifinal de la Liga de Campeones, pero en esa cita tendrá que decantarse por uno. Y no será fácil.