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El décimo de Cristiano tenía el Gordo

Cristiano Ronaldo jalea al Bernabéu. /EFE
Cristiano Ronaldo jalea al Bernabéu. / EFE

El luso rescata de penalti a un Real Madrid muy pobre para mantener su pleno en los diez partidos de la presente edición de la Champions y dar una amarga despedida a Buffon

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Cristiano Ronaldo salvó al Real Madrid de lo que durante más de media hora apuntó a que podría ser un fiasco mayúsculo, un ridículo histórico. El luso, de penalti sobre la bocina y con un Gigi Buffon ya expulsado por sus airadas protestas a la decisión del árbitro Michael Oliver de decretar la pena máxima por un derribo de Benatia a Lucas Vázquez, selló su decimoquinto tanto en las presente edición de la Liga de Campeones. Marcó en su décimo partido desde que arrancó la carrera a Kiev, como en todos y cada uno de los nueve anteriores.

Su décimo fue el del gordo, que mantiene vivo al rey de Europa en la única competición que puede salvar su temporada. Ajustició con sobriedad a Szczesny, relevo del mito transalpino que, todo apunta, custodió por última vez la meta de la 'Vecchia Signora' en Europa, de la que se despedirá sin ganar la 'orejona' sin afrontar un último cara a cara con el luso, su gran ogro y el de su equipo. Ironías del destino: Buffon negó un Mundial a Zinedine Zidane como premio para su jubilación y el marsellés, por medio de su asesino más letal, le negó el presente de seguir soñando con la Champions al italiano.

Milagro del '7' en un choque en el que, pese al resultado final, recibió una lección de humildad por parte de una Juventus que, con un soberbio ejercicio de orgullo y autoridad, llegó a empatar en 59 minutos una eliminatoria que parecía sentenciada con los tres goles de renta que sacó el Real Madrid hace una semana en el Juventus Stadium. El tanto de Matuidi tras un error monumental de Keylor Navas dejó helado a un Santiago Bernabéu que preveía una plácida y jubilosa noche pero que se dio pronto cuenta de que, como había recordado Zinedine Zidane la víspera, los grandes clubes no se rinden nunca. Y la 'Vecchia Signora' lo es.

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Rescató el portugués otra vez a un Real Madrid cada vez más 'Cristianodependiente'. Pero no pudo evitar que la Juventus le recortase los colmillos al rey de Europa, que sufrió lo indecible sin justificación desde que, a los 76 segundos, Mario Mandzukic firmase el gol más tempranero de cuantos han recibido los blancos en el templo de Chamartín en toda la historia de la máxima competición continental y el tercero más raudo de la 'Vecchia Signora' en su deambular histórico por la Liga de Campeones, tras el que selló a los 20 segundos Del Piero en Old Trafford allá por 1997 y el que rubricó Gonzalo Higuaín a los 74 segundos frente al Tottenham en la ida de octavos de la presente edición de la Champions.

Oportunidad perdida de Bale

Hasta que llegó la estocada del croata, la noticia era la presencia en el once que dispuso Zidane de Gareth Bale y la suplencia del hasta ahora inamovible Karim Benzema. El galés, relegado al banquillo en el cruce de octavos ante el PSG, contra el que sólo disputó 22 minutos en la ida en el Santiago Bernabéu y 14 en la vuelta en el Parque de los Príncipes, se quedó sin jugar hace una semana en el Juventus Stadium, donde únicamente fue protagonista por su actitud impasible ante el fabuloso gol de chilena de Cristiano Ronaldo que significó el 0-2. Le dio una nueva oportunidad Zidane, pero no la aprovechó.

Salió rana la apuesta por el extremo de Cardiff en un encuentro en el que el Real Madrid se partió con mucha facilidad y mostró excesiva endeblez defensiva. Pagó Jesús Vallejo su falta de experiencia y rodaje, mientras que Marcelo y Carvajal se vieron desbordados una y otra vez por Douglas Costa y Mandzukic. Infatigable el brasileño, cuyas endiabladas diagonales no fueron capaces de atajar los futbolistas blancos; guerrero el croata, que se aprovechó de su mayor corpulencia para ganarle la partida a Carvajal en dos acciones que colocaron la machada al alcance de la mano del cuadro bianconero.

Demandaba el partido que Zidane tomase decisiones para cortar el boquete de las bandas. Necesitaba el Real Madrid de modo urgente el concurso de Marco Asensio y Lucas Vázquez, dos agitadores natos capaces de aportar también sacrificio defensivo. Saltaron a calentar nada más decretar Michael Oliver el final de la primera parte y formaron de inicio cuando el árbitro inglés validó el inicio de la segunda. Dentro su frescura a costa de un Bale que, a excepción de aquella espuela del primer tramo, había pasado desapercibido, y de Casemiro, que había apagado más de un fuego pero a cuyo concurso prefirió renunciar Zidane antes del de Isco.

Lógico que se encomendase a ellos Zidane con el pase a semifinales amenazado, puesto que acostumbran a mejorar el juego del Real Madrid. Pero al final tuvo que ser Cristiano, como casi siempre, el que se vistiese el traje de héroe.

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