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La afición del Bernabéu explota

La afición del Bernabéu explota

La grada fue un polvorín desde el minuto 7, en un estado de ansiedad y desasosiego del que tampoco pudo escapar nunca Solari, paralizado tras la lesión de Vinicius

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZMadrid

Con Sergio Ramos en el palco de jugadores por haber forzado una amarilla en Ámsterdam, Isco y Mariano fuera de la convocatoria, Lucas Vázquez y Vinicius lesionados a la media hora y el Real Madrid eliminado desde el minuto 18, la afición del Bernabéu explotó contra su equipo, a quien ya abucheó con fuerza cuando el campeón de Europa estuvo muy cerca de encajar un tercer gol en el primer tiempo. También pitó otra vez la grada con ganas a Bale cuando saltó al campo, después de que el representante del galés asegurase en la previa que la afición madridista «debería besarle los pies» por todo lo que ha hecho por el club blanco.

En contraste con la actitud de los aficionados del Real Madrid, que no dejaron de temblar desde el minuto 7 hasta el 62 (desde el 0-1 al 0-3), y no precisamente porque hiciese demasiado frío en el coliseo blanco, sino porque fueron silenciados ante el desastre que se avecinaba ya antes del descanso, se comportaron los 4.500 seguidores del Ajax, decenas de ellos con el torso desnudo, que no dejaron de jalear, cantar y animar a los suyos. Después de romper diez minutos antes del inicio del partido la red de seguridad destinada a impedir el lanzamiento de objetos al terreno de juego, los ultras del Ajax convirtieron el Bernabéu en un pequeño Johan Cruyff Arena. En un escenario que fue un auténtico polvorín desde el 0-1 y en el que la afición del Real Madrid sólo reaccionó con cierta rabia con el tanto de Marco Asensio y al comienzo de la segunda parte, cuando el equipo, al igual que al principio del partido, se lanzó en busca de un gol.

Del «Madrid eres mi pasión» que se pudo leer en la pancarta desplegada por los radicales del conjunto blanco en los prolegómenos se pasó a un estado de ansiedad y desasosiego del que tampoco pudo escapar nunca Santiago Solari, siempre en pie en la zona técnica, desesperado y paralizado, sin capacidad de respuesta, cuando su equipo jugaba con diez, con Vinicius atendido fuera del campo, hasta que Courtois evitó el 0-3 en el primer tiempo y decidió, tras dos minutos de suspense y riesgo, hacer salir a Asensio. También el técnico argentino se ganó la ira del Bernabéu cuando cambió a Casemiro por Valverde en el minuto 88, con la eliminatoria totalmente resuelta a favor del Ajax, que poco antes incluso escucharon 'olés' coreados por sus seguidores.

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Con pañolada incluida

Entonces, cuando Solari tardó tanto en cambiar a Vinicius, llegó la primera pitada monumental del Bernabéu, poco antes de que brasileño se retirase llorando, con los aficionados ante los que pasaba el joven brasileño aplaudiendo y puestos en pie para despedirle con cariño y agradecimiento. Minutos antes también tuvo que abandonar desconsolado Lucas Vázquez, víctima de una lesión muscular que presagiaba que este Real Madrid, además de roto futbolística y anímicamente, estaba completamente gafado.

Los primeros silbidos y quejas importantes de la decepcionada afición madridista, con pañolada incluida, llegó en el minuto 22, con la tercera llegada y ocasión de gol consecutiva del Ajax, esa vez perdonada por Neres. La segunda, con la entrada al terreno de juego de Bale, que incluso mandó al palo un balón en el 42 -el segundo del partido tras el del inicio de Varane- y la tercera y antepenúltima cuando el Madrid estuvo a punto de encajar el tercero cuando estaba en inferioridad por la lesión de Vinicius. Los ánimos, tan caldeados, se apaciguaron algo en el intermedio, aunque sí se pudieron escuchar los pitos y abucheos de miles de seguidores que tuvieron que aceptar con resignación la concesión del 0-3 tras la revisión del VAR durante nada menos que cuatro minutos.

Pese a lo mucho que tardaron los encargados del videoarbitraje de confirmar el tanto, el Bernabéu ya temía que ese gol de los holandeses iba a subir el marcador y el Madrid iba a morir de forma definitiva. Aunque la diana de Asensio dio cierta esperanza, este Real Madrid no está para remontadas épicas, y la alegría contenida sólo duró dos minutos. Entonces, con el 1-4, fueron cientos los aficionados que, muy indignados con los suyos y con la nefasta planificación deportiva de Florentino Pérez, abandonaron el estadio para no sufrir un suplicio mayor. En la prolongación ya sólo había media entrada en un Bernabéu destrozado. Por supuesto, con el pitido final, el volumen de la megafonía se encargó de tapar más pitos y protestas.