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Messi o la montaña insuperable

Messi durante el partido contra el Girona/AFP
Messi durante el partido contra el Girona / AFP

El Athletic, que nunca ha podido ganar un partido de Liga al Barça con el argentino en el campo, volverá a intentar una cima del fútbol que se le resiste sin remedio

JON AGIRIANOBilbao

 El domingo por la noche comenzó a circular a través de las redes sociales una estadística muy curiosa sobre Leo Messi. Alguien se había tomado la ingente, desconcertante y atrabiliaria molestia de contabilizar los goles que, a lo largo de su carrera, el genio argentino había marcado con barba y los que había logrado bien afeitado. Estas eran las cifras: 532 partidos sin barba y 453 goles; 112 partidos con barba y 106 goles. Los datos tan arduamente extraídos de la mina no valían demasiado. Apenas nos servían para constatar que, por razones inexplicables, el Messi barbudo es un poquito más efectivo que el rasurado (0,94 goles por partido frente a 0,85). Para nada más. Por supuesto, no había que darles mayor importancia. No pasaban de ser una simple curiosidad, un producto un poco friqui de la estadística.

A su inutilidad contribuía, además, una convicción compartida por todos los aficionados al fútbol: la de que Messi seguirá marcando goles como churros con cualquier tipo de estilo capilar. Ya puede usted ponerle la peluca de un macero del parlamento o los rizos eléctricos de Valderrama, ya puede peinarle con raya al medio o condenarlo a llevar un mostacho de artillero turco... Dará igual. Los goles seguirán cayendo con naturalidad y, si marca más con un 'look' que con otro, será de pura casualidad. Esto es indiscutible. Salvo que le obliguen a jugar con la camiseta del Real Madrid, de Rosario Central o de Brasil, y ello le provoque un cortocircuito mental, ninguna cuestión estética puede afectar al rendimiento de este prodigio, una máquina de jugar al fútbol y de hacer goles, la más poderosa que se ha creado nunca, el modelo Nexus 6 más avanzado.

¿En qué consiste su superioridad respecto a las otras grandes figuras de la historia? No en su enorme talento, como algunos piensan, sino en su durabilidad. En su máxima expresión posible, ha habido otros futbolistas tan buenos como Messi. Muy pocos, contados, es cierto, pero los ha habido. Lo que no ha habido nunca -y menos en estos tiempos de obsolescencia programada- es uno cuyos poderes devastadores se hayan prolongado durante tanto tiempo. Pasan los años y cada vez que despertamos Messi sigue ahí, como el dinosaurio de Monterroso, marcando goles y pareciendo cada día mejor. Su decadencia llegará porque es inevitable, pero hasta ahora nadie ha sido capaz de advertir el menor síntoma de ella. Todo lo contrario.

Dentro de unas semanas, el próximo 16 de noviembre, se cumplirán quince años de su debut con el Barça en un amistoso contra el Oporto. Son ya tres lustros y, a sus 31 años, lo normal es pensar que le queda otro más. De manera que el rosarino, que el pasado domingo se convirtió en el futbolista extranjero que más partidos ha disputado en la Liga española (423), continuará engordando su cuenta de récords y distinciones, cuya magnitud empieza a ser astronómica. Basta con observar el anexo que ha tenido que añadirse a su perfil de Wikipedia porque en el texto principal ya empieza a tener un tamaño bíblico. Es interminable, más de 300 entradas. De todas ellas, la última es brutal. Recuerda que Messi tiene el récord de goles marcados en partidos oficiales durante un año natural. Fue en 2012 y consiguió hacer 91 sumando los del Barça y los de selección argentina.

Matadero industrial

Hablar de las cifras de Messi antes de un partido contra el Athletic les parecerá a algunos un error, una falta de tacto imperdonable y de lo más inoportuna. Pueden tener razón. Y es que si hay un equipo al que le ha tocado la durísima penitencia de sufrir al genio del Barça ése no ha sido otro que el rojiblanco. Todo empezó el 15 de enero de 2006 en el Camp Nou. El argentino, que sólo tenía 18 años y todavía vivía bajo la sombra amable y festiva de Ronaldinho, marcó el gol de la victoria. De nada le sirvió al Athletic que Llorente le adelantara en el marcador. Desde ese día, ha participado en 34 partidos contra el equipo bilbaíno, de los cuales sólo ha perdido dos, ambos en San Mamés, el histórico 4-0 de la Supercopa hace tres años y la ida en la Copa de la temporada 2016-17. En la Liga no ha habido manera. En 22 partidos, 19 victorias y 3 empates. Un dato curioso y revelador. Las dos únicas veces que el Athletic le ha ganado al Barça un partido liguero en los últimos quince años, ambos en San Mamés, el 3-1 de la campaña 2005-06 y el 1-0 de la 2013-14, Leo Messi no estaba en el campo, en el primero porque el técnico le dio descanso -era la última jornada- y en el segundo por lesión.

Al equipo de Berizzo le espera este sábado, por tanto, una prueba que todavía no ha superado. Vuelve al Camp Nou, un matadero industrial en el que acumula catorce derrotas consecutivas en el campeonato de la regularidad. A lo largo de este tiempo, los rojiblancos han visto cómo iba cambiando poco a poco el equipo culé desde la época de Frank Rijkaard hasta la actual con Ernesto Valverde. Han visto cómo iban y venían jugadores excepcionales, cómo nacía, crecía y se evaporaba el 'dream team' de Guardiola, cómo el fútbol del Barça, todo un canon, se transformaba poco a poco... Lo que no han podido ver todavía es un Barça sin Messi. Es más, ni siquiera han llegado a ver a un Barça con un Messi levemente declinante, es decir, con una apariencia un poco más humana.

La máquina continúa intacta -lleva 8 goles esta temporada- y ahora lleva el brazalete de capitán, lo que le imprime más autoridad. Todo sigue girando a su alrededor. Él es el planeta y todo los demás, satélites más o menos brillantes. Parece incluso más serio y responsable. Más maduro. Valverde ya no sabe qué decir para elogiarlo como en otro tiempo no sabía que hacer para detenerlo.

 

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