Contracrónica

Zarpazo y susto de Cristiano en la vuelta del tridente

Cristiano, en la jugada del gol que propició su lesión. /Sergio Pérez (Reuters)
Cristiano, en la jugada del gol que propició su lesión. / Sergio Pérez (Reuters)

El luso, que se marchó en el descanso con un esguince de tobillo, dejó de nuevo su impronta en el Camp Nou, donde estuvo escoltado por Bale y Benzema

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Sesenta y cuatro días después, Karim Benzema, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo volvieron a coincidir de inicio. Inédito en la foto de los titulares desde la victoria ante el Getafe (3-1) del pasado 3 de marzo, el tridente fue rescatado por Zinedine Zidane para encarar al Barcelona en el último clásico de la temporada. Pese a que el partido que acapara los pensamientos del madridismo es la final de la Liga de Campeones, un duelo entre los dos colosos del fútbol español nunca es intrascendente, ni siquiera con un contendiente ya campeón y el otro centrado casi en exclusiva en conquistar por tercera vez consecutiva el cetro continental. Apenas se guardó por ello ases el técnico merengue, que con Carvajal e Isco lesionados incluso alistó al renqueante Varane.

Recostado a la derecha Bale, Cristiano y Benzema conformaron la dupla de ataque. Una sociedad que volvió a dar sus frutos en el primer tanto ante el Barça. Había mordido ya Luis Suárez, aprovechándose del lento repliegue de los blancos, cuando el luso trianguló con Kroos por el vértice izquierdo. Llegó el cuero a la cabeza de Benzema, que en lugar de rematar prefirió servírsela al '7' para que embocase casi sobre la línea pese a que tenía encima a Piqué, que acabó pisándole involuntariamente. Se jugó el físico Cristiano, cuyo tobillo derecho tuvo en vilo a la hinchada merengue, víctima de una herida de guerra a 20 días de la contienda que determinará el balance de la campaña del doce veces campeón de Europa.

Tembló el madridismo, que le sabe un baluarte imprescindible para retener el trono europeo. Pero el crack de Madeira tiene un físico privilegiado y anda como un tiro en este tramo decisivo del curso. Interrumpida durante el doble duelo con el Bayern de Múnich su formidable racha de doce partidos consecutivos marcando, con un total de 22 tantos en ese frenesí ofensivo, el voraz artillero volvió a sacar la dinamita en el Camp Nou para apaciguar el júbilo culé y alcanzar de paso otro registro de Alfredo Di Stéfano al sellar su diana número 18 en los clásicos -12 de ellos en el Camp Nou- y la 400 del conjunto de Concha Espina al Barça.

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Otra cifra redonda para el sucesor de la 'Saeta Rubia' como emblema del Real Madrid en esta nueva edad de oro del cuadro merengue. El portugués renunció hace tiempo a pelear por el Pichichi, que volverá a ganar Leo Messi, pero aunque su cruzada, como la de su escuadra, es otra, no está dispuesto a perdonarle ni una vida al eterno rival. Rubricó su vigésimo quinto tanto en Liga, el cuadragésimo tercero entre todas las competiciones esta temporada y, de vuelta al césped, gozó de un puñado de ocasiones que tuvieron en jaque al Barça. Especialmente notables un mano a mano con Ter Stegen y un remate que se fue alto por poco, antes de que Zidane, en el intermedio, le relevase por Marco Asensio. Sufre un esguince leve de tobillo.

Asistencia de Benzema y gol de Bale

Kroos, Marcelo y Benzema habían operado como principales afluentes de un Cristiano tremendamente dinámico, estilete de un Real Madrid que se repuso extraordinariamente del tanto de Luis Suárez. Fino el luso, quebrantaba también a la zaga culé el '9', que con la asistencia al '7' firmó su décimo pase de gol de la campaña, alcanzando ya el doble-doble, puesto que el doblete ante el Bayern elevó a once su cifra de dianas.

Con Cristiano ya fuera del rectángulo, emergió Messi, poco participativo en el primer tiempo y brillante en el segundo, donde firmó el segundo del Barça para mantener la distancia de ocho goles en los clásicos con su eterno rival. Mismo tránsito, de la nadería al protagonismo, que completó Bale, autor del 2-2 tras 71 minutos de poca relevancia a excepción de una patada a Umtiti que debería haberle costado, de verlo el árbitro, la roja que sí vio Sergi Roberto por una agresión a Marcelo en un choque enormemente bronco del que también participó Messi con una durísima patada a Sergio Ramos que se quedó en amarilla.

Hubo goles, hubo emoción y hubo polémica –Jordi Alba hizo un clarísimo penalti a Marcelo que Hernández Hernández obvió, como también perdonó la roja otra vez a Bale por una fea entrada a Semedo-. Y eso que era un clásico descafeinado.

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