Francia y Croacia, con los 'onces' de gala

Los jugadores croatas, preparando la final. /Adrian Dennis (Afp)
Los jugadores croatas, preparando la final. / Adrian Dennis (Afp)

El cansancio, los precedentes y los pronósticos están en contra de los balcánicos, que apelan a su orgullo para completar su gesta ante el favorito bloque galo

Rodrigo Errasti Mendiguren
RODRIGO ERRASTI MENDIGURENEnviado especial a Moscú

Se busca un nuevo rey del mundo. Europa prolongará su dominio por cuarta Copa del Mundo consecutiva, tras mantenerse la sequía sudamericana en territorio europeo desde 1958, pero ahora falta por resolver si será Francia la que repite estrella o si Croacia completará su gran salto, tras aferrarse al torneo por la repesca. Los franceses son los favoritos y conviven con esa etiqueta que les provoca vértigo, ya que fracasaron hace dos años en la Eurocopa de que eran anfitriones. Ahora esperan que esta 'Euro' de Rusia sea distinta. El cansancio, los precedentes y las apuestas están en contra de los balcánicos que apelan a su carácter y corazón para superar todos los obstáculos para ser el noveno país en lucir una estrella de campeón. Los 'onces' que presentan ambos conjuntos son los esperador. Deschamps alinea a Lloris; Pavard, Varane, Umtiti, Lucas Hernandez; Kante, Pogba, Matuidi; Griezmann, Mbappe y Giroud. Por su parte, Dalic apuesta por Subasic; Vrsaljko, Lovren, Vida, Strinic; Brozovic, Modric, Rakitic; Rebic, Perisic y Mandzukic.

Para la pequeña Croacia, de 4.290.612 habitantes con apenas 95.000 licencias y sólo 800 profesionales, conseguir la copa dorada en Moscú, con sólo 27 años de historia, supondría confirmar en el deporte rey un gen competitivo que les ha permitido ganar el mundial de waterpolo, el oro olímpico en balonmano, la plata olímpica en baloncesto además de contar con leyendas en el atletismo, tenis o esquí. «Ganar el Mundial con Croacia es casi impensable, como el cuento de hadas más bonito», reconoce Luka Modric, ya que desde hace diez años los arlequinados no habían superado el primer partido eliminatorio (cuartos en 2008 con Turquía y octavos con Portugal en 2016) y en octubre, cuando reclutaron a su seleccionador, Zlatko Dalic, estaban a un partido de no estar en Rusia. «Tenemos respeto a Francia pero dependemos de nosotros», recuerdan.

Sin nada que perder, no sienten presión alguna y tanto su técnico como su estrella, Luka Modric, usan el «salid y disfrutad» de Johan Cruyff el día de la final de la Liga de Campeones en Wembley en 1992 como referencia. La mayoría de seguidores neutrales quieren que Croacia gane el Mundial. El joven país balcánico despierta gran simpatía. «El apoyo entre los seguidores de nuestros países vecinos es como cuando juega su propio equipo nacional», cree el primer ministro croata, Andrej Plenkovic.

Incluso parecen contar con el apoyo de algunos serbios, ya que hasta Nole Djokovic reconoció que deseaba que ganara Croacia, lo que le valió críticas de un diputado del partido de centro derecha. «Djokovic es un deportista excelente, pero como ser humano es grandioso», destacó Rakitic mientras que Modric reconoció que habían visto «el último set del viernes» y prometieron verle este sábado, cuando derrotó a Nadal. «Desde que él nos apoya, somos su fans». Los croatas prometen recordar, si llega el triunfo, «a todos los que han vestido la camiseta ajedrezada» y a su compatriota Ivan Turina, portero del AIK Solna fallecido hace cinco años.

La experiencia de la Euro

La práctica y efectiva Francia, que no ha encajado en cuartos ni tampoco en semifinales, se mide a sus propios demonios. «Esa herida está ahí. El resultado es quien dirá la diferencia entre este partido y el de 2016. Aquí no hay euforia», reconoce Didier Deschamps cuando habla de la final perdida en el Stade de France ante Portugal. «Para nosotros fue durísimo pero es fútbol y siempre hay revancha. Hace dos años no sabíamos que íbamos a tener esta segunda oportunidad. Es una gran ocasión y debemos darlo todo», reconoció este sábado el capitán Hugo Lloris que admite que han optado por aislarse de la euforia. «Para ser honestos estamos en una pequeña burbuja. Obviamente sabemos lo que está ocurriendo en Francia pero estamos centrados en lo nuestro».

Los franceses han aprendido la lección y ven diferencias respecto a aquel día. «La mentalidad era diferente, ya que, no quiero mentir, pensamos que ya estaba hecho cuando vencimos a Alemania, pensamos que íbamos a ganar. Ahora estamos mentalizados», explicó Paul Pogba. «Han cambiado muchas cosas, entre otras el tiempo de recuperación antes del partido. Tras aquel ambiente que vivimos en el Velodrome tras eliminar al campeón del mundo (Alemania) fue inesperado. Te vienen muchas cosas a la cabeza pero no creo que nos vuelva a pasar. No hay euforia, estamos concentrados porque es la final del Mundial. Va a ser el partido más importante de nuestras carreras».

Aquel 0-1 con Portugal es el recuerdo más cercano que tiene el equipo, no aquella victoria legendaria en 1998 ante Brasil gracias a un doblete de Zidane. Deschamps levantó la Copa del Mundo aquella noche días después del duelo entre los ahora finalistas. Francia, que sería la segunda campeona más joven -tras España en Sudáfrica- con una media 25,5 años, nunca ha perdido - cinco partidos, tres victorias y dos empates- ante los croatas, acostumbrados a no mirar al doloroso pasado y optar por escribir su propio presente en aras de encontrar un glorioso futuro.

El cansancio de las tres prórrogas puede marcar un choque que se intuye muy táctico. Habrá que ver, de partida, cómo se ha recuperado el once croata, esos que pidieron ante Inglaterra no ser sustituidos pese a que algunos, como Rakitic con fiebre de 39 grados o Mandzukic con un golpe, estaban al límite del agotamiento. «Hay que esforzarse incluso más que en anteriores partidos, queremos hacer felices a todo nuestro país. No hay que cambiar nada», considera Modric.

El cansancio y el pulmón francés

El despliegue físico de jugadores como Kanté, bautizado por sus compañeros como «el de los 15 pulmones», Pogba o Matuidi, constantemente ayudados por Griezmann y Giroud, puede ser decisivo ante el doble pivote con más calidad del torneo (Modric-Rakitic) que seguramente tendrá la ayuda de Brozovic para no cometer pérdidas que puedan ser aprovechadas por Mbappé, que podría hacer daño en velocidad a Vida, Lovren, Vrsaljko o el tocado Strimic. Perisic, agitador del duelo de semifinales cuando todo estaba más complicado ante Inglaterra, es el que más preocupa aunque la resonancia no arrojó ningún problema muscular serio por lo que nadie se perderá esta final. El duelo por dominar la corona mundial, que dirigirá el argentino Néstor Pitana, es tan inesperado que se pagaban 25 euros por cada uno apostado al inicio del Mundial.

 

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