Draghi agita los mercados al loar el repunte «vigoroso» de la inflación subyacente

Mario Draghi./Reuters
Mario Draghi. / Reuters

El presidente del BCE destaca el empuje de la subida de los salarios y provoca que el euro se dispare frente al dólar

ADOLFO LORENTEBilbao

Mario Draghi confirmó hoy que el principio del fin de la era de los estímulos no sólo ha llegado, sino que quizá esté mucho más cerca de lo que se piensa. La clave estuvo en el adjetivo. «Se da un repunte relativamente vigoroso de la inflación subyacente», aseguró. Vigoroso. Ojo, que el italiano no da puntada sin hilo, de ahí que los mercados reaccionasen de inmediato con una escalada notable del euro hasta situarse por encima de los 1,18 dólares, el nivel más alto desde junio. ¿Por qué habló de «vigoroso» y hace apenas once días, en el último Consejo de Gobierno celebrado en Fráncfort, no lo hizo?

Draghi compareció ante la comisión de Economía del Parlamento Europeo para explicar las últimas decisiones adoptadas por el BCE y confirmar que las compras de deuda, salvo sorpresa que nadie espera, terminarán a finales de año y que antes, desde el próximo 1 de octubre, bajarán de 30.000 a 15.000 millones de euros. También recordó que la hoja de ruta trazada por el Eurobanco asegura que los tipos de interés seguirán en los niveles actuales hasta mediados del próximo año. O no...

Todo girará en torno a la inflación. Es el termómetro, el mejor argumento o la mejor excusa, según toque. El objetivo es que esté por debajo pero muy próxima al 2%. Hace tiempo que ya se coquetea con este porcentaje y la previsión es que 2018 cierre en el 1,7%. También en 2019 y 2020. Sobre el papel, el BCE ya tendría argumentos para cambiar sus dinámicas, pero el índice que toman como referencia es la inflación subyacente, es decir, la sana, la que no tiene en cuenta los volátiles precios de la energía y los alimentos perecederos. El faro es la inflación subyacente y Draghi, de forma sorprendentemente contundente para los estándares del BCE, se refirió a ella con el adjetivo «vigorosa» y concretando que esperan que en 2020 sea del 1,8%.

¿Por qué? Por el incremento de los salarios en la Eurozona, una demanda que lleva meses defendiendo el italiano. Explicó que este crecimiento pasó del 1,5% de 2017 hasta el 2,2% registrado en el segundo trimestre de este año. «Esto apoya nuestra confianza en que el repunte en el crecimiento de los salarios continuará porque los acuerdos salariales a menudo duran dos años o más», dijo.

Blanqueo de dinero

Como suele suceder en este tipo de intervenciones, Mario Draghi habló absolutamente de todo. Es lo que tiene estar hora y media respondiendo a preguntas de un variopinto ramillete de eurodiputados, ya sea por su afinidad ideológica como por su procedencia. Destacó, sin embargo, uno de los temas que sigue pasando relativamente desapercibido y que hace tiempo que adquirió tintes de 'problema europeo'. Se trata del blanqueo de capitales, de cómo combatirlo tras los últimos escándalos conocidos en Letonia, Estonia u Holanda.

No vaciló. Aseguró que «es bastante claro» que el actual modelo basado en competencias nacionales «no funciona» y abogó por la creación de «una autoridad europea contra el lavado de dinero para asegurar la visibilidad total de lo que está ocurriendo en la Eurozona». En su opinión, la solución pasa por un «sistema fuertemente coordinado en el que las autoridades intercambien información». «Sin este intercambio no hay esperanza de ser más eficientes contra el lavado de dinero», advirtió. «No tenemos competencias. Nuestra capacidad de actuación es relativamente limitada. Lo único que podemos hacer es seguir colaborando con la Comisión, como hasta ahora», matizó.

Otro de los 'hits' europeos, sino el principal, es el 'Brexit', y como se esperaba volvió a estar muy presente en la comparecencia. Si alguien buscaba respuestas o algún título más o menos grandilocuente, falló. En esto, ni los ha habido ni se esperan. Draghi reiteró que es «muy pronto» para hablar de futuros escenarios, que «todo depende de las negociaciones». «Obviamente, animo a todas las partes implicadas a que elaboren sus planes de contingencia», matizó. Pero lejos de mostrarse preocupado, aseguró que «nuestras estimaciones muestran que, en el campo real de la negociación, el impacto debería ser, en términos agregados, bastante tenue. Y en el campo financiero no debe ser significativo», recalcó.

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