La pesca de la merluza cantábrica termina con cuatro años de recortes

La pesca de la merluza cantábrica termina con cuatro años de recortes

Bruselas acepta mantener las mismas 5.924 toneladas de este 2018, después de una reunión «dura y efectiva» que duró casi diecisiete horas

SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas

España no ha conseguido el objetivo más ambicioso que se había marcado para la pesca de merluza del Cantábrico, ese 3% de incremento en la cuota de 2019 con el que se sentó a negociar el lunes en Bruselas. Pero sí neutralizó totalmente el golpe que, en forma de recorte del -14% figuraba en la propuesta lanzada por la Comisión Europea hace menos de un mes. Después de casi 17 horas de deliberaciones, esta madrugada los ministros del área han cerrado un Consejo de Pesca en el que se concretaron los márgenes de captura que tendrán un total de 89 especies el próximo año. Y en el caso de la merluza se mantendrá la misma cuota de este 2018. Las 5.924 toneladas para España del total de 7.963 establecidas con carácter general.

Se pone así fin a una sucesión de tijeretazos en este 'stock' (cuatro consecutivos a razón del -15%, -23%, -1,5% y -12%) que han reducido a la mitad las posibilidades de captura que existían en 2014. Los informes científicos habían justificado esa tendencia. Y también sustentaban la última propuesta de merma del Ejecutivo comunitario. Pero los grados de recuperación biológica de la especie parecen otorgar flexibilidad. La 'merluza sur' cómo se identifica a estas capturas, principalmente del Cantábrico, abandona asi la línea de continencia. Mantiene el 'status quo' de este 2018 y se abre a la posibilidad de que ya en 2020 «se puedan obtener resultados más positivos», aventuró el ministro español de Agricultura y Pesca, Luis Planas en clara referencia a la opción de conseguir para dentro de dos ejercicios el que sería el primer incremento real: más toneladas para una flota formada por más de 650 buques del conjunto de la costa Atlántica (desde Francia hasta Cádiz). 3.500 pescadores.

El TAC (Total Admisible de Capturas) que marca cada año la línea de trabajo de los pesqueros europeos, pero que también condiciona la economía de muchas familias ligadas al sector y tiene un efecto directo en el precio que acaba pagando el consumidor final, se incrementa al alza en el caso de la merluza norte, que se moverá entre el 22,7% (en aguas no nacionales del Golfo Vizcaya) y el 27% en aguas de Irlanda y Escocia (Gran Sol). Entre 16.000 y 23.500 toneladas para España.

También suben los TAC de gallo en aguas del norte (47,3 % en Gran Sol y 39,9 % en aguas no españolas del Golfo de Vizcaya) y de gallo de aguas del sur o aguas ibéricas (35 % en el Golfo de Cádiz, Galicia y Cantábrico). El rango para el chicharro (o jurel) se incrementará un 17,9% en aguas del Cantábrico (16.895 toneladas), un 18,1% en aguas del oeste (en torno a 17.000 toneladas) y un 69,2 % frente a costa de Galicia y del Golfo de Cádiz (más de 24.000).

Se mantendrá también la cuota de anchoa en el Golfo de Vizcaya, con opción de hasta 29.000 toneladas. Los recortes se aplicarán a la Caballa (-20%) y bacaladilla entre el -20,3% (norte) y -17,6%. Respecto al rape también sube la cuota en aguas del sur no ibéricas (5 %) y en aguas del norte, del 1,5 % y el 7 % según los distintos caladeros.

En cuanto a la cigala en aguas de Galicia, Portugal y Golfo de Cádiz (zonas 9 y 10), aumenta la cuota un 5,2 %, con 100 toneladas para España de las 401 aprobadas para el conjunto de la UE.

Todo a tierra

Pero este consejo ha estado marcado por las fórmulas para neutralizar los perjuicios que para la flota tendrá la Ley de Descarte Cero, que que entra en vigor el próximo 1 de enero y obliga a llevar a tierra todas las especies que caigan en las redes (ya no se pueden devolver al mar). Esto jugaría contra las cotas asignadas de la actividad dirigida llegando a poner en riesgo su actividad. Se buscaron fórmulas de «flexibilidad» para esas especies atrapadas de forma accidental. Un problema que afecta fundamentalmente a la actividad en Gran Sol y a un largo centenar de buques gallegos y vascos.

España marcó aquí una línea roja en la negociación. Y consiguió acceso, junto a Holanda, al 6% de la bolsa que compensaba la entrada de especies 'intrusas' y para las que la Comisión Europea ha establecido que en 2019 la cuota de pesca sea cero, con el objetivo de favorecer su desarrollo. Es el caso del bacalao.

Se calcula que aproximadamente unas 100 toneladas son atrapadas circunstancialmente por la flota española en su actividad de la merluza norte. Antes podían devolverse al mar. Pero ahora no. Para esta contingencia (que se hace extensiva a otras tres especies más) existe un margen de 'error' admitido por el Ejecutivo comunitario y que quedaría ajustado en ese 6%.

Pero hay otros pescados que sí se pueden atrapar, pero sobre los que España no disponía de cuota asignada. Es el caso del carbonero (utilizado para el conocido 'fish and chips', la típica fritura inglesa). Sobre la misma actividad dirigida (la merluza norte) se estima en unas 200 toneladas su entrada en redes. Aquí lo que se intentó es encauzar una situación que España lastra desde su adhesión hace más de treinta años a la entonces Comunidad Económica Europea.

En aquel momento no consideró necesario tener derecho de captura sobre el carbonero y otras seis especies más porque no le interesaba su comercialización -se priorizaron las esenciales, merluza, gallo y rape-. Pero ahora, con la Ley de Descarte Cero, esto se había convertido en un problema. Y se ha logrado resolver mediante intercambios bilaterales con otros Estados para compensar cuotas. La fórmula no es nueva. La diferencia radica en que si antes era viable llegar a esos pactos a lo largo del primer trimestre de cada ejercicio, ahora la situación se aclara desde el principio. «El objetivo era conseguir que en ningún caso la obligación de desembarco y la prohibición de descartes afectase a la flota y se ha conseguido el objetivo. Ningún buque se quedará sin salir» a faenar el 1 de enero, subrayó Planas.