Previsiones a la baja

El 'brexit' y los déficits de cohesión y solidez de la UE debilitan la economía europea a la hora de afrontar la desaceleración

Previsiones a la baja
El Norte
EL NORTEValladolid

La OCDE ha corregido a la baja sus previsiones económicas para los países del G20, especialmente para la zona euro y el Reino Unido, en lo que se refiere a este y el próximo año. El crecimiento en la eurozona se limitará al 1% en 2019, ocho décimas menos de lo que había anunciado en noviembre pasado, advirtiendo de que Italia terminará el presente ejercicio en recesión, que Alemania no pasará del 0,7%, y que Francia se quedará en un 1,3% al contar con una economía más autocentrada. Al otro lado del 'brexit', el Reino Unido no crecerá más del 0,8%. Todo ello con la condición de que su salida de la Unión Europea se produzca de manera ordenada y a través de un acuerdo que asegure un vínculo posterior. Porque del mismo modo que la OCDE anuncia que, en el supuesto de una ruptura abrupta, las economías europeas más dependientes de las exportaciones al Reino Unido tendrán serios problemas, especialmente acuciantes para Holanda, Dinamarca y la República de Irlanda, el propio Banco de Inglaterra se ha adelantado esta semana a tal eventualidad acordando con el BCE una línea de liquidez mutua ante la tormenta financiera que provocaría que el próximo 14 de marzo el Parlamento de Westminster no salga del atolladero. El desenganche definitivo entre Londres y Bruselas, sobre todo si no es acordado, y los déficits de cohesión y solidez que presenta la Unión con respecto a su futuro económico en relación a los distintos intereses nacionales, debilitan la economía europea a la hora de afrontar la desaceleración global. La ralentización está sobre la mesa de la Comisión y del Consejo desde el pasado verano, más allá de los ajustes que ha ido introduciendo en sus previsiones. Es evidente que el Viejo Continente no cuenta con los resortes financieros y comerciales que pueden manejar China o Estados Unidos para sortear las dificultades del momento, incluidas las derivadas de los nuevos estándares de emisiones. Carencias que responden también a la confianza europea en que las demás potencias continuarán tirando del crecimiento global y, en esa medida, ofreciendo a las economías de la Unión un margen razonable de desarrollo. Claro que en estas circunstancias las empresas de origen europeo deberán orientar sus esfuerzos hacia mercados distintos a los países de la UE. Un reto crucial para las compañías españolas en sus estrategias de internacionalización.