Sánchez, tenemos un problema

Sánchez, tenemos un problema
JUAN CARLOS VILORIA

El segundo asalto, esta noche a las diez. Nada está decidido. Pero los aspirantes ya han quemado algunos cartuchos y saben sus puntos débiles y los talones de Aquiles del adversario. Ya se han dado cuenta de con qué tipo de acusaciones la mirada se les vuelve turbia y boquean pidiendo ayuda. El formato de Antena 3 con dos periodistas incisivos no favorece el escapismo, ni la finta para cambiar de conversación. Así que Sánchez puede tener un problema. Ha salido ligeramente tocado del plató de la televisión pública porque su estrategia «amarrategi» huyendo de las cuestiones calientes y acusando a sus adversarios de faltar a la verdad le hizo perder algunos puntos de su condición de favorito indiscutible.

Cuando sales a conservar o a empatar puedes acabar perdiendo. Con un solo debate te puedes permitir el lujo de echar balones fuera, hablar del Día de la Tierra para eludir un asunto espinoso o, el socorrido truco de acusar a los demás de mentir embarrando un poco el campo. Con un segundo combate cuerpo a cuerpo en veinticuatro horas, Pedro Sánchez, está obligado a salir del rincón, a intercambiar golpes, a responder sin evasivas a la lluvia de preguntas que con toda seguridad van a volver a caer como un chaparrón. ¿Indultos, pactos, referéndum? Si quiere mantener la condición de favorito no puede estar ausente ni pensar que tiene ganado el partido por las encuestas, sin bajar del autobús. Porque, además, va a tener enfrente a un Albert Rivera que ha decidido que no tiene nada que perder. Que como los toreros con hambre de gloria está dispuesto a jugar al todo o nada. Enfermería o puerta grande.

Y Casado que se ande con cuidado, porque la «coalición» de las derechas no le va a impedir al líder de Ciudadanos seguir hurgando en la herida del Partido Popular. Ha visto que a Casado le tiemblan las piernas y ya no descarta el «sorpasso» apoyado en el resurgimiento del centrismo liberal y su éxito mediático. Rivera sale a ganar en la tele. Ya veremos luego si los éxitos mediáticos se plasman en las urnas. Eso es otro cantar. Pablo Casado no dio con la tecla en el primer round. Un plató de televisión no es el hemiciclo. Un debate requiere colmillo retorcido, reflejos de luchador y aguante de paquidermo. No se puede ir con la lección y la estrategia aprendida. Hay que adaptarse al adversario y a la situación. Si quiere el cara a cara con Sánchez tendrá que arriesgarse a que se la partan.

Y Pablo Iglesias que parece estar en otro debate, en otro sitio, en otra galaxia, debe bajar de su nube constitucional. Está irreconocible hasta para sus más acérrimos seguidores. Como siga así van a volar esos ministerios que ya toca con la punta de los dedos.