EE UU allana su salida de Afganistán

Khalilzad habla durante una reunión. /Reuters
Khalilzad habla durante una reunión. / Reuters

Washington muestra su «satisfacción» por los avances en el diálogo con los talibanes, que accederían a garantizar la paz si se marchan las tropas

MIKEL AYESTARANJerusalén (Israel)

Después de seis días de conversaciones con los talibanes en Doha, el embajador de Estados Unidos en Afganistán, Zalmay Khalilzad, regresó a Kabul con el «borrador de un principio de acuerdo que tiene que ser trabajado antes de que se convierta en un pacto», según declaró al diario 'The New York Times'. «Los talibanes se comprometieron, para nuestra satisfacción, a hacer todo lo necesario para evitar que Afganistán se convierta en una plataforma para grupos o individuos terroristas», señaló el diplomático, que envió un mensaje de confianza sobre la marcha de unas negociaciones sin precedentes que buscan poner el punto final a 17 años de guerra.

Aunque no se desvelaron los detalles de este borrador, la retirada estadounidense parece la prioridad de los insurgentes, mientras que para Washington lo más importante es un alto el fuego y el compromiso talibán de no albergar a grupos como Al-Qaida en el país.

Khalilzad informó de los progresos al presidente del país asiático, Ashraf Ghani, que asiste a este proceso clave desde la distancia porque los talibanes lo consideran una «marioneta» en manos de Estados Unidos. El dirigente ofreció un discurso a la nación en el que exhortó al enemigo a «demostrar su voluntad afgana, que acepten la exigencia de paz y comenzar conversaciones serias con el Gobierno afgano».

El problema de Ghani es que los talibanes negocian desde una posición de fuerza, su Ejecutivo apenas tiene capacidad para controlar el centro de algunas ciudades y las fuerzas de seguridad reciben golpes mortales casi a diario. El presidente aseguró que «queremos la paz, la queremos de manera rápida, pero la queremos con un plan».

En la mesa negociadora se encuentran miembros destacados de la cúpula talibán, entre ellos Muhammad Fazl y Khairullah Khairkhwah, dos de los cinco presos de Guantánamo liberados en 2014 en el intercambio entre Estados Unidos y el grupo insurgente, que liberó a cambio al sargento Bowe Bergdah. Este pacto puso de manifiesto que, pese a la política oficial de «no negociar con terroristas», Washington sí lo hace cuando se trata de sus fuerzas de seguridad.

«Privatizar» la seguridad

El portavoz del grupo, Zabihullah Mujahid, vinculó cualquier progreso a un calendario para la salida de las tropas estadounidenses. Como ocurrió en Siria, Donald Trump hizo público hace unos meses su intención de reducir la presencia militar en suelo afgano, pero no hizo alusión a una retirada total. Se llegó a valorar incluso la posibilidad de «privatizar» la seguridad a través de compañías similares a Blackwater.

Desde el final de la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), que acabó en 2014, quedan unos 22.000 soldados extranjeros desplegados en Afganistán en el marco de la operación 'Apoyo Decidido'. De ese total, más de la mitad, 14.000, son estadounidenses. Esta es la guerra más larga que ha librado su Ejército y hasta el momento ha sufrido 2.419 bajas.

 

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