Los 'terroristas' de Donald Trump

Un grupo de migrantes avanza a pie por la zona de Mapastepec, mientras que otros han podido subirse a camiones./AFP
Un grupo de migrantes avanza a pie por la zona de Mapastepec, mientras que otros han podido subirse a camiones. / AFP

Los centroamericanos se levantan a las dos de la madrugada y empiezan a andar cada día hacia EE UU | La Caravana de Migrantes ya ha recorrido 850 kilómetros, entre el acoso policial y la miseria, y deja atrás el estado más pobre de México

MERCEDES GALLEGOEnviada especial. Arriaga (Chiapas)

Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero tampoco que se dejarían la vida por el camino. O tal vez sí. El día que Mari Ángeles Contreras escuchó en las noticias que se formaba una caravana a Estados Unidos se había levantado sin un céntimo para dar de comer a sus hijos. Aún le dolían los dieciséis centímetros de cicatriz que le dejaron las ocho puñaladas que le metió su marido en el vientre hace cinco meses. Aquí o allí iba a morir, así que pensó: «Esta es mi oportunidad. ¿Y si soy yo la que sobrevive?». Ahora es una de las miles de sombras que se despiertan silenciosamente a las dos de la madrugada para ganarle la vez al sol en pueblos tomados por la desesperación. Una de esos 'terroristas' que según Donald Trump amenaza la seguridad norteamericana.

La cacofonía de toses compite con la orquesta de grillos. Les duele el pecho, respiran fiebre, el cuerpo no se quiere despertar. Los niños, menos. Por la noche cuesta dormirlos, el llanto es inconsolable, como la exasperación de las madres. Los que intentan conciliar el sueño sobre un cartón maldicen sus huesos, que también gimen en silencio. A las dos de la madrugada el cuerpo se ha enfriado y cuesta echarlo a andar. A los niños se les carga dormidos, a los huesos se les obliga a moverse. El que se quede atrás cae preso de 'la migra' (inmigración) o los malhechores locales.

LA CLAVE

6.000
centroamericanos, la mayoría proveniente de Honduras, han cruzado la frontera mexicana, aunque su objetivo final es llegar a Estados Unidos.
Oferta de Peña Nieto.
«¡Pero si los mismos mexicanos se unen a nuestra caravana, cómo nos vamos a quedar aquí a buscar trabajo!»
Ilusiones.
«Sería bonito trabajar y tener una casita y darle estudios a nuestros hijos»

Se arrastran por las calles en vigilia silenciosa y convergen como una invasión de zombies a la salida del pueblo que haya tocado esa noche. Tapachula, Huixtla, Mapastepec, Pijijiapan, Arriaga... En Tapachula les golpeó la Policía. En Huixtla los Zetas intentaron llevarse a un niño. En Mazatepec tuvieron que dormir de pie, empapados bajo las cornisas, hasta que paró la tromba de agua.

Van dejándose la vida por las cicatrices del mapa mexicano, tan lejos de Dios y tan cerca de EE UU, suspiran los aztecas compadecidos. De comer no les falta, el pueblo les da lo que tiene, les ofrece bañarse en sus casas, cargar los móviles y a veces hasta un sombrajo para dormir, pero ayer se acabó la hospitalidad chiapaneca y bordearon el istmo de Tehuantepec hacia Oaxaca. Otra jornada de 45 kilómetros bajo un sol infernal empujando a los niños en carritos, jugándose la vida en medio de la carretera para que algún coche les dé «un jaloncito» hasta el próximo pueblo.

Gases y promesas

Anoche habían pactado dormir en San Pedro Tapanatepec, pero en la frontera entre Chiapas y Oaxaca les esperaba la Policía Federal. El presidente, Enrique Peña Nieto, ha recibido de Trump el encargo de impedirles el paso.

A veces lo intenta con antidisturbios y bombas lacrimógenas. Otras, con promesas de albergue y papeles que nadie se cree. «¡Pero si los mismos mexicanos se unen a nuestra caravana, cómo nos vamos a quedar aquí a buscar trabajo!», suspiraba Mari Ángeles. «Si a mí el presidente Trump me buscase un puesto de maestra en Honduras me vuelvo ahora mismo para mi país», añade. Las condiciones del 'Plan Estás en Tu Casa' les ofrece permiso de trabajo temporal, atención médica «e incluso podrás mandar a tus hijos a la escuela», les dijo Peña Nieto en un videomensaje, pero requiere iniciar el proceso legal para pedir refugio y no salir de Chiapas y Oaxaca, que se convertirían en prisión de su miseria.

Los dos estados más pobres de México son la cantera de la inmigración local a las plantaciones agrícolas estadounidenses. Soñar en ellos con la prosperidad es hasta más difícil que obtener asilo político. El año pasado el 80% de las solicitudes fueron rechazadas, les advirtió Irineo Mújica, que intenta poner orden a la caravana. «Ustedes deciden. Esta es su caminada, ustedes se organizaron. Nosotros solo queremos dar una respuesta organizada y educada al presidente», dijo por un megáfono en la plaza central de Arriaga. «¡Seguimos, seguimos!», gritaba la masa.

Si continúan tendrán que hacerlo a pie. En los 850 kilómetros que habían recorrido hasta ayer ha prevalecido el autostop y las almas caritativas. En Huixtla el conductor de un tráiler se pasó el día haciendo viajes hasta Mapastepec con un centenar de migrantes por viaje. A otros quieren hacerlos cómplices a la fuerza. Algunos instalan pivotes en medio de la carretera para obligarlos a frenar y cuando paran se encaraman al camión por todas las esquinas. «Por favor, bájense, que esto es peligroso porque no llevo cabina, y además pierdo mi trabajo si los llevo». Así falleció Melvin Gómez, de 21 años, el único muerto oficial aunque se hable de bebés que perecieron por el efecto de las bombas lacrimógenas y de una atropellada.

El peligro no disuadió a los jóvenes con las piernas colgando que se habían encaramado por decenas a la plataforma del camión, pero perder el trabajo son palabras mayores. Encuentran eco en las conciencias machacadas de quienes se juegan la vida hasta EE UU aspirando al sueño más básico de cualquier ser humano: «Sería bonito trabajar y ahorrar para tener una casita y darle estudios a nuestros hijos, no es que nos queramos hacer ricos...», suspiraba Mari Ángeles.

Sueños infantiles

Los adultos autocensuran su capacidad de soñar, los niños les dan rienda suelta. Keyton Casildo, de 14 años, quiere ser un futbolista famoso «y después administrador de empresa», cuenta con una sonrisa de oreja a oreja. «EE UU es el país de los sueños, hay muchas oportunidades, pero sólo les llegan a los que las saben aprovechar y yo las voy a aprovechar, primero Dios». Sus padres no le pidieron opinión para bombear el corazón de América Latina, pero si disponen volver lo aceptará con la misma sonrisa, «porque echo de menos a mis amigos».

Todos se enteraron de la caravana por las noticias, los vecinos o las redes sociales y vieron en ella la oportunidad de blindarse juntos de los peligros del camino y hasta de «la migra», que no tiene capacidad para detener la avalancha de miles de personas que avanzan al unísono por las carreteras y huyen monte a través si las esperan en algún retén. La miseria tiene su espejo en Chiapas, donde la segunda policía más corrupta del mundo vela por ellos y hasta multa a quienes les cobran de más por un pasaje de autobús al pueblo más próximo cuando los pies desfallecen.

El reto de la travesía es defender la dignidad con una higiene impecable que les haga sentirse personas en esta metamorfosis al mundo de los 'sin techo'. La mayoría nunca había pedido limosna o dormido en la calle. En la oscuridad de la madrugada se lavan los dientes con botellas de agua y se afeitan en cualquier ventana. Al final de día los riachuelos son una fiesta con olor a jabón que endulza el sueño y las donaciones de ropa limpia, un jolgorio colectivo. Nadie les dijo que se lanzaran a «la caminata». No saben por dónde van, sólo siguen a la masa para poder gritar «¡compañeros, que me quitan al niño!» cuando alguien se lo intente arrebatar, «porque aquí a los niños se los roban para prostituirlos o vender sus órganos», dice con seriedad Keilyn Fernandez apretando a su hija. Tampoco han escuchado que Trump separe a las familias pero «sabemos que ese señor es una mala persona». Detenerlos es como poner barreras al mar, «si nos deportan lo volveremos a intentar», juran, «allí no se puede vivir».

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