Trump moviliza a sus seguidores en Orlando para compensar el voto puertorriqueño

Trump moviliza a sus seguidores en Orlando para compensar el voto puertorriqueño

Con el acto de lanzamiento de su campaña de reelección el presidente se ha hecho con una enorme base de datos

MERCEDES GALLEGONueva York

Poco antes de que Donald Trump aterrizase el martes en Orlando para lanzar su campaña de reelección, el cielo se encapotó, rugieron los truenos y las nubes descargaron agua con tanta furia que los vendedores de las famosas gorras de «Keep America Great» (Mantén grande a América) tuvieron que aguantar los postes para que no se volaran. Parecía una señal apocalíptica, pero al presidente no le importó. Para él hacía un día «precioso» y pocos percibieron por qué.

«No solo hemos llenado este enorme pabellón (con capacidad para 18.500 personas) sino que hemos tenido 120.000 peticiones», presumió. Gracias a ellas la campaña de Trump acaba de hacerse con los números de teléfono y direcciones de correo electrónico de 120.000 seguidores en el área de Orlando, donde la población puertorriqueña supera a la venezolana o la cubana que el presidente se ha metido en el bolsillo con su política de acoso y derribo al régimen de Maduro.

Sólo entre 2010 y 2014 la población puertorriqueña en el área de Orlando pasó del 12% al 14%, hasta llegar a los 2,3 millones. El clima tropical, el precio de la vivienda y las facilidades de empleo superan con mucho a lo que ofrece Nueva York o Chicago. Cuando el huracán María destrozó la isla, los puertorriqueños abrieron las puertas a sus parientes en apuros, considerados los primeros refugiados del cambio climático en EE UU. Se calcula que entre 30.000 y 50.000 llegaron huyendo del desastre, resentidos con el gobierno de Trump por haberlos abandonado a su suerte.

Para un presidente que desprecia a todo el que es diferente, Puerto Rico no es EE UU. Y, además, el estado asociado de la Unión tiene un grave problema: está lleno de puertorriqueños. De ahí que la ayuda humanitaria y económica que recibió fuera tan distinta de la que palió los desastres meteorológicos en Florida o Texas ese mismo año. Trump incluso les lanzó rollos de papel de cocina cuando fue a visitarlos y se enfrentó a la alcaldesa de San Juan Carmen Yulín, a la que insultó repetidamente por Twiter. Muchos juraron devolvérsela en las urnas el año que viene, cuando Florida se convierta en el premio gordo de las elecciones presidenciales. Su hora se acerca.

La campaña de Trump pretende construir una enorme base de datos con cada mitin del presidente para poder movilizar a sus seguidores en las urnas con tanta fuerza que opaquen el resentimiento de los puertorriqueños y, probablemente, la desidia electoral de muchos. El periódico local, Orlando Sentinel, que aunque apoyó a Hillary Clinton en las pasadas elecciones se había inclinado por candidatos republicanos desde Nixon hasta Mitt Romney, recibió a Trump con un editorial en el que explicaba por qué no puede apoyarle «después de lo que hemos visto en estos dos años y medio», entonó. «Ya basta de caos, de división de insultos de patio de colegio, de autoengrandecimiento, de corrupción y, especialmente, de mentiras», resumió.

Trump les prometió el martes «un verdadero terremoto en las urnas», algo que los estrategas demócratas ven posible. «El ganador de las últimas seis elecciones ha sido la persona que gane una sola pregunta: '¿Con quién irá mejor la economía?'», admitió Jim Messina, jefe de campaña de Obama en 2012. Y si las estadísticas no fallan, el mes que viene EE UU batirá el récord de crecimiento de todos los tiempos, superando incluso al periodo de Bill Clinton.