La misión española en Bosnia-Herzegovina

Militares españoles en la base de Mostar./Manu Mielniezuk
Militares españoles en la base de Mostar. / Manu Mielniezuk

La primera misión de paz del Ejército español duró 23 años, lamentó la muerte de 22 militares y un intérprete y contribuyó a cambiar la percepción de las Fuerzas Armadas

Rosario González
ROSARIO GONZÁLEZMadrid

A finales de agosto de 1992, con Felipe González como presidente del Gobierno, el Parlamento español aprobó que un contingente de las Fuerzas Armadas se uniera al despliegue de cascos azules de la ONU en Bosnia-Herzegovina, protagonista de los telediarios de la época por las cruentas imágenes de los ataques a la población civil que dieron la vuelta al mundo.

Fue la primera misión internacional de las Fuerzas Armadas españolas, que llegaron a la convulsa región balcánica en noviembre de ese mismo año. Durante los tres siguientes, el grupo de militares desplegado -procedentes en su mayor parte de la Legión- se afanó en proteger a la población local escoltando los convoyes de ayuda humanitaria de la ONU y creando zonas de seguridad en medio del conflicto. La contribución de aquellos militares no solo fue apreciada en la región, sino que contribuyó de forma paralela a cambiar la percepción de la sociedad española sobre las Fuerzas Armadas, especialmente la imagen conflictiva de los legionarios, unidad de élite que en esa época estaba en el punto de mira del Gobierno e incluso llego a debatirse su disolución.

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La guerra continuó hasta finales de 2005, cuando se firmaron los Acuerdos de Dayton. Cinco meses antes había tenido lugar la Matanza de Srebrenica, en la que 8.000 bosniacos fueron asesinados por los escuadrones de la muerte serbobosnios, marcando un antes y un después en el conflicto. Para evitar más limpiezas étnicas, la OTAN bombardeó el país durante once semanas en una misión en la que España contribuyó con seis cazas de combate F-18 y una avión C-130 Hércules. El final de la guerra dio paso a una lenta reconstrucción de un país en ruinas y dividido en diversos grupos étnicos con un escarpado camino de reconciliación por delante.

La huella española

Mucho más larga fue la presencia española en Bosnia-Herzegovina: duró 23 años e implicó a más de 46.000 militares españoles del Ejército de Tierra, de Aire y la Infantería de Marina que se afanaron en contribuir en medio del caos, algunos de ellos perdiendo incluso la vida. En total, la misión tuvo que lamentar la muerte de 22 militares españoles y un intérprete. Los últimos en junio de 2008, cuando perdieron la vida el teniente Santiago Hormigo y el sargento Joaquín López al estrellarse el helicóptero en el que viajaban cerca de Travnik.

Durante los 23 años de presencia, los militares españoles contribuyeron a la restauración de la paz escoltando miles de convoyes, repartiendo más de 25.000 toneladas de ayuda humanitaria entre alimentos, medicinas y ropa, desactivando centenares de minas antipersona, protegiendo a los desplazados, reconstruyendo las infraestructuras destruidas y protegiendo a los desplazados. Incluso enseñaron la lengua y cultura españolas a miles de estudiantes a través del 'Programa Cervantes', que puso en marcha la Brigada Paracaidista en 1999 y que continuaron los contingentes posteriores.

El esfuerzo de todos los desplegados por contribuir a la reconciliación del país ha sido reconocido ampliamente a lo largo de los años y, en 1993, la misión fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.

También en la región balcánica se recuerda la presencia española, especialmente en la ciudad de Mostar, donde más tiempo estuvo establecido el Cuartel General de los contingentes desplegados. Allí, el Ejército español construyó una pasarela que permitió reencontrarse a decenas de familias separadas tras la destrucción del Stari Most (Puente Viejo) por los bombardeos del Ejército yugoslavo. El agradecimiento a su labor llevó incluso a rebautizar la antigua Plaza Mayor de Mostar, que pasó a llamarse Plaza de España, convirtiéndose en el primer espacio dedicado a un país extranjero en una zona en conflicto. También una de las avenidas principales de Trebinje lleva el nombre de España, mientras que la carretera que bordea el río Neretva fue bautizada como "la ruta de los españoles".

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