La guerra de Israel contra Irán en el sur de Siria

Soldados israelíes en un puesto de observación. /Ronen Zvulun (Reuters)
Soldados israelíes en un puesto de observación. / Ronen Zvulun (Reuters)

Viaje a una de las zonas más sensibles de Oriente Próximo, a la que los israelíes han trasladado su batalla contra Teherán y sus fuerzas aliadas

MIKEL AYESTARANHader (Siria

La 'autopista de la paz' recorre los 70 kilómetros que separan Damasco de Quneitra, ciudad situada en plena verja de separación entre Siria y los Altos del Golán ocupados por Israel. Desde el inicio de la guerra en 2011, se convirtió en la 'autopista de la guerra' debido a los choques entre el Ejército sirio y los distintos grupos armados de la oposición y yihadistas. Las armas han callado entre los sirios en esta parte del país, pero la paz sigue lejos de esta ruta ya que aquí se registran la mayor parte de operaciones aéreas que Israel califica de «ataques preventivos» contra objetivos vinculados con Irán, firme aliado de Bashar el-Asad. El más reciente de estos ataques costó la vida el sábado a tres milicianos de Hezbolá.

A lo largo del camino el paisaje se compone de trincheras y posiciones militares en las colinas, se trata de viejas posiciones defensivas levantadas para frenar un hipotético avance de Israel. Pero la guerra que se desarrolla en el siglo XXI no es convencional y las trincheras de poco sirven cuando los aviones y drones son los que atacan. Durante muchas fases de la guerra el Gobierno de Damasco perdió el control de una zona en la que grupos yihadistas como el Frente Al-Nusra, brazo de Al-Qaida en Siria, Liwaa Fursan Al-Jolan y Liwaa Omar bin al-Khattab, estos dos últimos con apoyo directo de Israel, como pudo constatar la investigadora Elizabeth Tsurkov, miembro del think tank 'The Forum for Regional Thinking', se hicieron fuertes y expulsaron de sus zonas de influencia a las fuerzas de Damasco.

Hader fue uno de los lugares que permanecieron fieles al Gobierno de Bashar el-Asad. El precio pagado por esta localidad de mayoría drusa, secta monoteísta derivada del Islam con unos 600.000 seguidores en el país, fue de cuatro años de cerco opositor en los que al menos 141 vecinos perdieron la vida y cientos resultaron heridos. «Los ataques comenzaron en 2013, cerraron todas las carreteras, nos cortaron la electricidad, el teléfono. y en las aldeas vecinas aparecieron eslóganes como 'prohibido el paso de drusos y de perros'. De pronto, floreció un odio y un rencor desconocidos», recuerda Mahmoud Atawil, líder religioso de la comunidad mientras pasea por la azotea del templo principal de Hader, dañado por el impacto de cinco morteros.

Puestos de vigilancia

Frente al religioso se extiende una llanura llena de vides, almendros y manzanos, a su espalda los puestos de vigilancia israelíes parecen observarlo todo desde la altura del ocupado monte Hermón. «Israel ha tenido un rol clave, era el padrino de los grupos terroristas que nos cercaron. Les daban armas y medicinas y evacuaban a sus heridos a hospitales al otro lado de la verja. Si nuestras milicias o el Ejército avanzaban, Israel bombardeaba para detener el avance. Ahora además practica los asesinatos selectivos y ya son once los vecinos asesinados, el ultimo hace un mes tras el impacto de un misil contra su coche. No aceptan a nuestros resistentes», explica Atawil, que considera que Israel «miente» cuando asegura que sus ataques se dirigen contra la presencia de milicianos de Hezbolá o de la Guardia Revolucionaria de Irán a lo largo de la frontera. Este apoyo israelí a los grupos opositores provocó graves disturbios al otro lado de la verja de separación donde se encuentra Majdal Shams, localidad drusa ocupada desde 1967.

El cerco de Hader se levantó el 3 de diciembre de 2017 cuando el Ejército, con la ayuda de Rusia, recuperó el control de la zona. Una victoria rápida basada en acuerdos de reconciliación con los distintos grupos de la zona. «Se sintieron abandonados por Israel (.) que buscó otra forma de garantizar la seguridad de su frontera. Ya no les necesitaba. Los israelíes negociaron con Rusia y aceptaron la vuelta del Gobierno de Damasco a esta zona a cambio de que los iraníes se mantuvieran a no menos de 80 kilómetros y de no frenar los bombardeos contra objetivos de Irán en toda Siria», asegura la investigadora Tsurkov. Según Israel, estas premisas no se cumplen y por eso mantiene sus ataques al sur de Damasco, el de este fin de semana habría logrado prevenir una operación diseñada por Irán para lanzar varios drones cargados de explosivos.

El final de los combates solo ha traído una aparente calma a una zona en la que muchos de los grupos armados no han entregado sus armas ligeras, solo las pesadas. Esta fue la condición impuesta por Rusia, que tiene varias bases para supervisar la situación. También regresan poco a poco los cascos azules de la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS), que tuvieron que ser evacuados de urgencia en 2014 debido a la intensidad de los combates. De momento, el personal del organismo internacional es el único que cruza el paso de Quneitra, cerrado a cal y canto desde 2012, el único paso que permitía mantener el contacto a las familias drusas de Hader y Majdal Shams, que quedaron partidas tras la ocupación israelí.