La UE y EE UU frenan la disputa del acero y se sientan a negociar un libre comercio total

El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker (izda), y el presidente estadounidense, Donald Trump, se reúnen en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. /Efe
El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker (izda), y el presidente estadounidense, Donald Trump, se reúnen en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. / Efe

Juncker entrega los subsidios industriales a Trump y se compromete a la compra energética y de soja a cambio de suspender la guerra de los aranceles

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (Estados Unidos)

Ni aranceles ni subsidios, «libre mercado total». Esa la oferta del todo o nada que ha puesto sobre la mesa el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la (Unión Europea), pensando que «no la aceptarán», adelantó en un tuit, pero el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, llegó dispuesto a hacer concesiones.

Fue un «gran, gran día», resumió Trump satisfecho en una improvisada conferencia de prensa, tras reunirse con el equipo de la UE. El presidente de la Comisión Europea aceptó eliminar todos los subsidios y aranceles a los bienes industriales salvo los del sector automovilístico a cambio de que EE UU «reexamine» los aranceles al aluminio y al acero. Con ello y el poder de compra de la UE arrancó tiempo para sentarse a negociar el libre mercado total que busca Trump, a cambio de aumentar las adquisiciones de la UE a EE UU en materia energética y de soja. Con este último Trump puede compensar «casi de inmediato», anunció ufano, el daño que le hacen a los agricultores estadounidenses las represalias chinas, país que importa un tercio de la soja que se cultiva en EE UU.

La indignación de las bases rurales había abierto una brecha en el apoyo al presidente estadounidense, presionado por los legisladores que enfrentan la reelección en noviembre. La víspera les había pedido en un mitin «un poco de paciencia» y trató de compensarles con un plan de 12.000 millones de dólares en ayudas a sus agricultores para paliar los efectos de su guerra comercial, hasta que llegue al acuerdo que busca. Nada «en comparación a lo que perderán los agricultores con el tiempo», protestó el senador de Arizona Jeff Flake. «Lo que los agricultores quieren es comercio, no ayudas», le secundó el también republicano senador de Wisconsin Ron Johnson. «Hemos trabajado en ganar esos mercados durante muchos años. Acabemos con esta guerra comercial ya», demandó.

En la UE, Juncker no lo tiene más fácil. Eliminar todo tipo de subsidios a los diferentes sectores de los países miembros sería como hacer estallar una granada en el corazón de la Unión. Eso puede ser lo que está buscando Trump. El magnate ya intentó convencer al presidente francés Emmanuel Macron de que siguiera los pasos del Reino Unido, prometiéndole a cambio un ventajoso acuerdo comercial con EEUU. Macron fue el primer escandalizado cuando la Comisión Europea propuso en mayo reducir los subsidios agrícolas, lo que consideró «impensable». El presidente de la Comisión Europea parece haber tomado nota, al dejar el sector agrícola al margen de las concesiones a EE UU, por el momento.

Trump jugaba duro. Le recibió con buenas palabras pero sin el tradicional apretón de manos. Tenía el gesto torcido y tamborileaba compulsivamente los dedos, como si se estuviera preparando para un combate en una esquina del ring. A Juncker, al que dice haber llegado a conocer «muy bien», le definió como un hombre «muy listo, muy duro, que representa bien a su país», en referencia a los 28 que, junto con EE UU concentran el 50% del comercio mundial, le recordó el ex primer ministro luxemburgués, que pensaba venderle esa capacidad adquisitiva. «Un número muy, muy grande», repitió Trump impresionado.

Conciliador, Juncker insistió en que son «socios, no enemigos», cuya misión es trabajar juntos. Sobre la mesa estaba la segunda fase de la guerra comercial que afectaría a los automóviles, después de que la primera implementada el 1 de junio impusiera un 10% al aluminio y un 25% al acero. La UE respondió con aranceles por valor de 3.300 millones de dólares a productos emblemáticos de EE UU como las motocicletas Harley Davidson o el bourbon de Kentucky y amenazaba con otro de 20.000 millones en caso de que Trump hiciera realidad su amenaza de elevar al 25% los aranceles a los automóviles europeos, pero no fue necesario.

«Yo tenía la intención de hacer hoy un trato y lo hice», anunció Juncker satisfecho. La compra de gas natural estadounidense a la que se ha comprometido permitirá también a la UE limitar su dependencia energética de Rusia y «diversificar su suministro energético», dijo el mandatario estadounidense. «La UE será un comprador masivo de gas natural líquido», celebró. Ha empezado, según él, «una nueva fase» en las relaciones comerciales entre EE UU y la UE en las que «ambos ganaremos».

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