Los laboristas pedirán otra consulta sobre el 'brexit'

El líder del partido Laborista británico, Jeremy Corbyn./REUTERS
El líder del partido Laborista británico, Jeremy Corbyn. / REUTERS

Corbyn cede ante la división interna y apoyará continuar en la UE en un nuevo referéndum, pero la decisión grave llegará si hay elecciones en otoño

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres

El Partido Laborista británico reclamará un segundo referéndum si el próximo líder conservador alcanza un acuerdo para la marcha de la Unión Europea o decide separarse de la UE de manera abrupta, y en esa nueva consulta el partido con más diputados en los bancos de la oposición pediría el voto por la permanencia en las instituciones comunitarias.

El anuncio del líder, Jeremy Corbyn, se ha producido tras una reunión del gabinete en la sombra -diputados laboristas responsables de controlar a los ministros del Gobierno- en la que se ha aceptado la posición ya adoptada el lunes por los grandes sindicatos afiliados al partido. Los laboristas están divididos sobre la política del 'brexit' y este anuncio tampoco resuelve la ambigüedad del liderazgo.

La prioridad de los laboristas sigue siendo la de derribar al Gobierno conservador. Hay ahora en la Cámara de los Comunes 642 diputados votantes y la suma de conservadores, 312, y unionistas del DUP norirlandés, 10, no ofrece margen de maniobra al gran favorito como futuro primer ministro, Boris Johnson, para negociar con la UE antes del 31 de octubre.

Aunque la adopción de esta nueva línea es significativa, la perspectiva realista de la política británica en los próximos meses sugiere que es poco viable. Si Johnson logra una mayoría en los Comunes para aprobar el Acuerdo de Salida de Theresa May, con algunas modificaciones de la Declaración Política, esa mayoría derrotaría también las mociones de la oposición para convocar un segundo referéndum.

En el momento en el que el nuevo líder anuncie su intención de marcharse de la UE al final de octubre sin acuerdo, Corbyn presentará una moción de censura con probabilidad de éxito, porque su resultado depende del número de diputados laboristas que se suman al 'brexit' abrupto y de conservadores que votan con la oposición. Los números de ese cruce son ahora impredecibles.

Una moción puede derribar al Gobierno conservador en esas circunstancias, pero Corbyn no obtendría el apoyo de una mayoría de escaños para formar un Gobierno alternativo. El país se vería abocado a unas elecciones y la nueva línea no anuncia su posición en esos comicios. Los laboristas prometían en su programa electoral de 2017 negociar un acuerdo con la UE. Ahora añaden la convocatoria de un referéndum.

Descenso en los sondeos

Es lógico pensar que un Gobierno laborista no pediría el voto por la permanencia sino para el acuerdo negociado con la UE. Los sondeos -el último sitúa a los laboristas cuartos, por detrás de conservadores, Partido del Brexit y liberal-demócratas- sugieren que, de ganar unas elecciones, los laboristas tendrían que aliarse con independendistas escoceses y 'lib-dems', que rechazan el 'brexit'.

Es más que probable también que, si Johnson no logra negociar un acuerdo con suficiente atractivo para una mayoría parlamentaria y no puede tampoco forzar la marcha abrupta, sería él quien convoque las elecciones, antes de ser derrocado por Corbyn. Para completar el giro, los laboristas tendrán que cambiar su promesa electoral de 2017, que prometía respetar el voto del referéndum. Si lo hacen, esas elecciones se disputarían entre el bloque de la permanencia y el de la marcha.

El compromiso alcanzado ahora para mantener la precaria unidad del partido está subrayado por el rápido descenso de los laboristas en los sondeos, el aumento de la popularidad de los liberal-demócratas como partido anti 'brexit', el enfado entre diputados y miembros del partido por la ambigüedad de Corbyn y la amenaza de una insurrección de afiliados en la conferencia del partido en septiembre.

Debate entre el cómico y el contable para sustituir a May

La promesa de Boris Johnson de lograr el 'brexit' el 31 de octubre que permitiría «dejar de hablar de Europa» fue quizás la más aplaudida del debate entre los dos aspirantes a líder del Partido Conservador británico en la ITV. Pero los insultos de Donald Trump a Theresa May y al embajador británico en Washington, tras la filtración de correos que criticaban al presidente, también interesaron a la audiencia.

El actual ministro de Exteriores, Jeremy Hunt, afirmó que mantendrá al embajador, Kim Darroch, hasta su jubilación al final de diciembre y, como ya había hecho durante la jornada, criticó a Trump por su palabras. Johnson destacó su «muy buena relación con la Casa Blanca», balbuceó en la condena de los insultos, pero puntualizó que «yo y solo yo decidiré quién es embajador en Estados Unidos».

Hunt basa su campaña en destacar errores, la falta de detalle de su rival, también su supuesto empeño en decir lo que la gente quiere escuchar o su impopularidad en Bruselas, mientras Johnson, que cosechó aplausos más a menudo, retrata a su adversario, que reconoció la posibilidad de que esta fase del 'brexit' desemboque en unas elecciones, como un derrotista deprimente.

Jeremy Hunt es menos claro sobre la marcha el 31 de octubre, subrayando continuamente que fue un empresario y por eso está mejor equipado para negociar. Johnson, tajante sobre la necesidad de la salida en esa fecha, rehusó la pregunta de su rival sobre su renuncia si no cumple esa promesa. El exalcalde de Londres evitó el compromiso de dimitir alegando que «daría un incentivo a la UE».

La elección de nuevo líder conservador, tras la renuncia de May, tiene dos fases. En las primeras tres semanas, los diputados en la Cámara de los Comunes fueron eliminando candidatos hasta quedar con los dos más votados, Johnson y Hunt, y marcando una preferencia fuerte por el primero, que obtuvo más de la mitad de los votos de los miembros del grupo parlamentario.

El debate fue el único televisado, porque la campaña se centra en convencer a los 160.000 miembros en las agrupaciones locales. A Johnson, según sondeos, le apoyan más de dos tercios de los afiliados y se niega a participar en más debates televisados.