Bescansa pierde el tren de Galicia, otra vez gana Iglesias

Los diputados de Unidos Podemos Carolina Bescansa (i) y Antón Gómez-Reino. /Efe
Los diputados de Unidos Podemos Carolina Bescansa (i) y Antón Gómez-Reino. / Efe

La cofundadora de Podemos no ha logrado dar la campanada al caer en las primarias ante Antón Gómez-Reino

EFE

La cofundadora de Podemos Carolina Bescansa no ha logrado dar la campanada en Galicia y su derrota en las primarias para la Secretaría General autonómica es en cierta forma la victoria de la dirección estatal y de Pablo Iglesias.

No en vano, el ganador, el diputado y portavoz de En Marea en el Congreso, Antón Gómez-Reino, era el candidato respaldado por Iglesias, y ese ha sido uno de los argumentos que él mismo ha explotado en la campaña al defender que una buena interlocución con la dirección del partido, como la que él mantiene, sería una ventaja para la organización en Galicia.

La victoria de Gómez-Reino da al traste con las aspiraciones de Bescansa y alguno dentro de la cúpula morada llega a interpretar que Galicia era su último tren, el último cartucho que le quedaba a la cofundadora del partido para volver a la primera línea política con Podemos -autonómica en este caso-.

Pese a ser consciente de que no contaba con la confianza de la dirección estatal, Bescansa concurría confiada a estas primarias. «Afortunadamente, las mujeres no tenemos que pedir permiso a ningún órgano de decisión» al decidir en política, decía hace unos días en una entrevista, y al final se ha demostrado que, al menos en Podemos, tener ese respaldo es importante.

Desde el primer momento en el que anunció que concurría a las primarias gallegas, la dirección de Podemos admitía su temor a que Bescansa, que llevaba tiempo apartada del foco, quisiera usar la Secretaría General autonómica como trampolín para ganar peso y «hacer política en Madrid».

Veinte años en Madrid

El propio Pablo Iglesias, que lleva meses sin hablar con ella, mostraba su extrañeza ante las aspiraciones de Bescansa en Galicia cuando llevaba «veinte años viviendo en Madrid».

Unas palabras que, en aras de la neutralidad que le corresponde como líder del partido, tuvo que matizar después y admitir que quien fue una de las cinco fundadoras de Podemos tenía todo el derecho a presentarse a las primarias y dejar la decisión en manos de los inscritos.

Desde la perspectiva de la dirección, este resultado le evita a Iglesias el problema de tener que lidiar con un contrapeso en Galicia, cuando además la cúpula 'pablista' ya daba por amortizada a Bescansa tras el desafortunado episodio de la filtración de un documento en el que se diseñaba una ruta para arrebatarle el liderazgo.

Un 'borrador' que construía un plan para que Bescansa concurriera como número dos de Íñigo Errejón en Madrid, y después pudiera optar a la Secretaría General del partido y a la Presidencia del Gobierno en 2020, en una operación que fue desmentida por Errejón.

Desencuentros

Esa crisis no se cerró sin efectos colaterales. Bescansa renunció a ir en la lista del candidato a la Comunidad madrileña, quien por otro lado ya había dado por retirada su oferta, e Iglesias intervino para acelerar en Madrid un acuerdo que integrara en una lista a 'pablistas' y 'errejonistas', quienes perdieron fuerza en la negociación. Fue el último capítulo de varios desencuentros.

Desde que decidió quedarse fuera de cualquier lista en la asamblea de Vistalegre II en febrero de 2017 para alejarse de la disputa entre Iglesias y Errejón, Bescansa fue perdiendo peso paulatinamente en los órganos de decisión del partido que contribuyó a fundar y en el Congreso, donde le fueron quitando portavocías y pasó a ser una diputada rasa.

Muy sonados fueron sus desacuerdos con la cúpula morada por la estrategia de Podemos en Cataluña -«tenemos que hablar más para España y no solo para los independentistas», repetía-, o la presentación de su propia propuesta de reforma constitucional, que llevó de gira por múltiples territorios y sin ningún eco en los foros del partido.

Unas discrepancias que nunca llegaron a solucionarse, se dejaron pasar y se agravaron con la brecha que abrió el pasado 18 de abril el documento que planteaba desbancar a Iglesias.

Y entonces llegó Galicia, y la sorpresa de que Bescansa, inasequible al desaliento, pensaba competir por la Secretaría General autonómica y nada menos que contra un candidato muy cercano a Iglesias.

Al final, han sido los inscritos los que han decidido que no era el momento de darle el liderazgo a Bescansa, ni siquiera por su apuesta feminista (con diez mujeres en los primeros puestos de su candidatura) ni por su promesa de abrir un nuevo ciclo en Galicia para dar paso a una «etapa sin Feijóo» en la Xunta después de casi diez años de Gobierno popular.

Ahora se abre una etapa diferente, en la que algunos en Podemos creen que la diputada tiene hacer una nueva reflexión sobre la desconfianza de la dirección.

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