Las catástrofes naturales van a ocurrir y nos tenemos que preparar

Una mujer achicha barro en su casa de Sant Llorenc des Cardassar./Reuters
Una mujer achicha barro en su casa de Sant Llorenc des Cardassar. / Reuters
LEIRE LABAKAInvestigadora del Departamento de Organización Industrial de Tecnun-Universidad de Navarra

El terremoto de Haití en 2010, los incendios en Portugal en 2017 o la catástrofe ocurrida esta semana en Mallorca debido a las inundaciones provocadas por las intensas lluvias, ponen de manifiesto el enorme impacto social y económico que tienen las catástrofes naturales en nuestro día a día. Tenemos que estar concienciados de que las catástrofes van a ocurrir y de que debemos estar preparados para afrontarlas de manera adecuada.

Según los datos publicados por el consorcio de compensación de seguros, las indemnizaciones debidas a catástrofes naturales en España han ascendido a casi 3.500 millones de euros en los últimos 10 años, el doble de lo que se registró en los 10 años anteriores a esta última década. Además, el nuevo informe sobre los efectos del cambio climático presentado esta misma semana por el panel de expertos intergubernamental (IPCC) advierte de que la temperatura media global aumentará por encima de 1,5º respecto a los niveles pre-industriales si no se toman medidas tecnológicas y sociales que cambien la tendencia de emisiones actuales de CO2. Se ha demostrado que este aumento de temperatura genera cambios en el ecosistema y la meteorología, siendo la causa de más episodios de extrema sequía, incrementando los periodos de lluvias extremas y aumentando el nivel del mar. Todo ello deriva en un mayor riesgo por inundaciones, fuertes ciclones y tormentas, así como periodos largos de frío y calor extremo.

Por ello, es importante establecer medidas de prevención y de alerta temprana para poder evitar, en la medida de lo posible, las catástrofes o al menos, cuando sea posible, poder anticiparlas para tomar medidas que puedan paliar los daños causados. Sin embargo, no siempre es posible predecir lo que va a ocurrir, como en el caso de la inundación de Mallorca, ni las predicciones son siempre correctas. Nos encontramos entonces ante escenarios donde la situación se desborda y hay que adoptar medidas urgentes de respuesta y recuperación. Además, hay que tener en cuenta que estas catástrofes derivan en impactos a las infraestructuras críticas que son las que nos proporcionan los servicios esenciales para el bienestar de la sociedad, tales como, la energía, el agua, la salud, las comunicaciones, los medios de transporte etc. Como en el caso de Mallorca, el corte de las carreteras y la caída de las comunicaciones han agravado todavía más la extrema situación y han dificultado las labores de respuesta y recuperación.

En general, la sociedad es cada vez más dependiente de los servicios básicos que proporcionan las infraestructuras básicas y a su vez, éstas cada vez son más dependientes entre sí, lo que hace que si una de ellas falla el sistema entero queda debilitado. Por ello, es muy importante concienciar a todos los agentes que intervienen en una catástrofe acerca de que los desastres van a ocurrir y que tenemos que prepararnos para saber cómo afrontarlos tratando de disminuir sus impactos.

La gestión de una catástrofe es multidisciplinar donde intervienen agentes de distintos tipos. Es necesaria la adecuada coordinación y cooperación de todos los agentes para una buena gestión de las catástrofes. Sin embargo, la naturaleza de estos agentes varía mucho. Agentes públicos como instituciones públicas y servicios de emergencias, agentes privados como las aseguradoras y los gestores de las infraestructuras críticas y por último, los ciudadanos, tienen un papel activo en la gestión de los desastres. Cada uno de estos colectivos tiene una misión diferente y una responsabilidad distinta a la hora de asegurar el bienestar de la sociedad. Por lo tanto, conseguir una buena cooperación y alto compromiso de todos ellos es un reto. Hoy en día existen algunas iniciativas de colaboración público privada que mejoran la eficacia en la respuesta a las crisis. Un ejemplo es el acuerdo entre la Cruz Roja y la fundación Carrefour para abastecer de comida a la sociedad en caso de un desastre. También disponemos de la figura de una aseguradora pública a nivel estatal (consorcio de compensación de seguros) para que, en caso de una catástrofe, ayude a los afectados a cubrir económicamente los daños que no llegan a cubrir las aseguradoras privadas.

Por último, no nos podemos olvidar de los colectivos más vulnerables. Actualmente son todavía muchas las barreras que les hacen ser más sensibles frente a una catástrofe. Por ejemplo, una persona con deficiencia auditiva tiene dificultades para comunicarse con el servicio de emergencias 112 por vía telefónica para alertar de un posible accidente.

Por todo ello, es importante que todos los agentes privados, públicos y los ciudadanos seamos conscientes de que las catástrofes pueden ocurrir, establezcamos medidas preventivas y podamos responder de manera eficiente minimizando los daños causados y recuperando la normalidad lo antes posible.

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