La Junta Electoral lleva a Torra a la Fiscalía por «burlar» sus órdenes e insta a los Mossos a actuar

Momento en el que han colocado la nueva pancarta sobre la anterior. / Foto: EP | Vídeo: Atlas

El órgano supervisor da de plazo hasta las 15:00 horas de este viernes para quitar la propaganda secesionista de los edificios públicos

CRISTIAN REINO BarcelonaPAULA DE LAS HERAS Madrid

La estratagema con la que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, pretendió burlar este viernes la instrucción de la Junta Electoral Central (JEC) para eliminar de las fachadas de los edificios públicos dependientes del Gobierno autonómico los lazos amarillos y las banderas esteladas no sirvió de nada. El órgano que vela por la limpieza de los procesos electorales decidió a las siete de la tarde, tras una larga reunión de cerca de dos horas, dar traslado a la Fiscalía de la posible comisión de un delito de desobediencia. Además, instó al consejero de Interior, Miquel Buch, a ordenar a los Mossos d'Esquadra la retirada «inmediata» de las nuevas pancartas -una operación para la que dio de plazo hasta este viernes a las 15:00 horas- y abrirá expediente sancionador al jefe del Ejecutivo catalán.

A primera hora de la mañana, más de 24 horas después de que hubiera expirado el plazo otorgado a Torra por la JEC para retirar unos los símbolos que, a su juicio, comprometen la exigible neutralidad de los poderes públicos en periodo electoral, los lazos amarillos seguían en su sitio. Aún quedaban aun así varias horas para que los magistrados y juristas del organismo supervisor se reunieran y evitar una sanción. Pero el Gobierno de la Generalitat de Cataluña optó por una salida que las fuerzas independentistas califican de «creativa» y el resto de partidos de ámbito nacional, a excepción de Podemos, como una «burla y una tomadura de pelo» (PSOE), un «juego de trileros» (PP) y «un ataque a media Cataluña» (Ciudadanos).

En lugar de descolgar la pancarta del Palau de la Generalitat, Torra optó por cubrirla a las 10:30 horas por otra con el mismo lema de la anterior, «libertad presos políticos y exiliados» (en inglés y catalán) que simplemente sustituía el lazo amarillo por un lazo blanco atravesado por una franja roja. En una ventana contigua, los mismo funcionarios del Gobierno catalán colocaron una segunda pancarta que reclama «libertad de expresión», con el logo utilizado en 1977 por Els Joglars, la compañía teatral de Albert Boadella, para denunciar la censura. Otras consejerías eligieron fórmulas distintas. Algunas, como la de Interior o Gobernación simplemente cambiaron los lazos amarillos, considerados partidistas por la JEC, por lazos blancos. Otras, como Agricultura, llenaron su entrada acristadalada de vinilos amarillos con la forma de un tractor, animales y frutas bajo el lema «los juzgan a ellos nos juzgan a todos».

El presidente de la Generalitat se había comprometido el martes a hacer lo que le indicara el Síndic de Greuges, el Defensor del Pueblo catalán, al que, dijo, había pedido un informe para 24 horas después. Este órgano no tiene competencia formal en la materia pero, según se supo el miércoles, en realidad ya había emitido el viernes anterior una recomendación favorable a la retirada de toda la simboligía independentista. Conocido su criterio, Torra reiteró que lo atendería, pero añadió que lo haría «manteniendo el respeto pleno a la libertad de expresión».

La afirmación se tradujo en una exhibición de imaginación variada -y reportada a la JEC por la Delegación del Gobierno- que ahora puede acabar costándole la inhabilitación para el empleo o cargo público (algo que, en todo caso, no sería inmediato sino fruto de un proceso judicial por el delito de desobediencia) y una multa administrativa que puede ir de los 300 a los 3.000 euros recurrible por la vía de lo contencioso administrativo.

En su estrategia de tensión con el Estado, Torra envió por la tarde a la Junta Electoral Central un escrito de alegaciones en el que ponía de manifiesto que ya no había «esteladas ni lazos amarillos» en los edificios públicos de la Generalitat y solicitaba a la JEC que desestimara la denuncia presentada por Ciudadanos, en la que se pedía sancionar a Torra y forzar la eliminación «inmediata» de la simbología soberanista.

Mismo significado

Es cierto que tanto en su escrito del 11 de marzo como en el que emitió de nuevo este lunes, la JEC se refiere de manera expresa a la retirada de «banderas 'estelades' y lazos amarillos» nada más, pero también dejaba claro que la razón por la que consideraba los lazos amarillos emblemas partidistas era «porque se ha utilizado para recordar a dirigentes o candidatos pertenecientes a formaciones políticas que se encuentran en situación de prisión preventiva».

En su escrito de este jueves, los magistrados subrayan que la actuación de Torra «no puede entenderse o valorarse ni tan siquiera como un intento de cumpliemnto formal» y laseguran que su única finalidad es la de «eludir o burlar» los dos requerimientos expresos que se le habían realizado. «Ello es así -insisten- porque tanto la conformación y contenido de los carteles como la identidad de los símbolos incorporados a ellos evidencian que el significado de la propaganda es el mismo sin que pueda concederse relevancia material a la maniobra de cambiar el color de los lazos que, con la misma forma y trazado se incorporan a los carteles» .

La Delegación del Gobierno tiene de nuevo ahora el encargo de informar a la JEC sobre el cumplimiento de la nueva instrucción que esta vez pone en el punto de mira a Buch y al Prefecto de los Mossos.

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Lazo blanco, franja roja, inspirado en Els Joglars y Òmnium

El presidente catalán, Quim Torra, ha sustituido este jueves el lazo amarillo de la pancarta a favor de «presos y exiliados» en la fachada del Palau de la Generalitat por un lazo blanco atravesado por una franja roja, un nuevo símbolo que se inspira en Els Joglars y en una campaña de Òmnium Cultural.

El 7 de septiembre de 1977, en el Teatro Argensola de Barbastro (Huesca), en plena Transición, la compañía teatral Els Joglars, dirigida por Albert Boadella, estrenó la obra «La torna», una crítica mordaz del franquismo que evocaba las ejecuciones en 1974 de Salvador Puig Antich y Heinz Chez. La obra, que indignó a los altos mandos militares, levantó tal revuelo que llegó a ser objeto de un consejo de guerra contra los artistas que intervenían en la pieza.

El propio Boadella fue detenido, pero consiguió fugarse y se refugió en Francia, mientras en España y en el exterior se inició una campaña contra la censura posfranquista que tuvo como símbolo una máscara blanca atravesada por una franja roja que le tapaba la parte de la boca, junto al lema «Libertad de expresión».

Justamente esta misma imagen de la máscara blanca con la franja roja tapándole la boca y con la inscripción «Libertad de expresión» cuelga desde esta mañana en forma de pancarta de uno de los balcones de la fachada del Palau de la Generalitat, junto a otra pancarta con el lema «Libertad presos políticos y exiliados» y un lazo blanco atravesado también por una franja roja.

Este símbolo inspirado en Els Joglars fue adoptado asimismo por Òmnium Cultural para su campaña Crida per la Democràcia, lanzada en julio de 2017 para reivindicar el derecho de los catalanes a expresarse en el referéndum de autodeterminación que el Govern de Carles Puigdemont ya había convocado para el 1 de octubre.

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