España bate su récord de llegada de inmigrantes irregulares

Varios migrantes esperan a la entrada de Irún. /Lobo Altuna
Varios migrantes esperan a la entrada de Irún. / Lobo Altuna

Interior estima que acabará 2018 con más de 57.000 'sin papeles' desembarcados, 18.000 más que en la 'crisis de los cayucos' de 2006

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

El presidente del Gobierno y el ministro del Interior llegarán mañana a Marruecos con unas cifras inquietantes bajo el brazo. España se encamina a su peor año de llegadas de inmigrantes irregulares. Ni en las estadísticas oficiales sobre llegadas de 'sin papeles' por mar, que se remontan a 1999, ni en los registros oficiosos hay datos comparables sobre entradas clandestinas a los que se van a registrar en este 2018.

Las cifras hablan por sí solas. A 30 de octubre, los últimos datos disponibles en Interior, el número de 'sin papeles' arribados a las costas españolas alcanzaba ya a 47.684 personas. O lo que es lo mismo, a falta de dos meses (noviembre y diciembre) han llegado 8.504 migrantes más que a en los doce meses de 2006. En aquel año se había registrado el anterior récord de inmigración clandestina a España con 39.180 extranjeros indocumentados. Fue el año de la 'crisis de los cayucos', el de la llegada masiva de embarcaciones a las Islas Canarias procedentes de Mauritania y Senegal, hasta el punto de desbordar los servicios sociales del archipiélago.

El 2006 fue, en la serie histórica, un pico (el doble que cualquier otro ejercicio) que no se había vuelto a repetir hasta ahora. Los acuerdos migratorios cerrados con los Gobiernos de Dakar y Nuakchot por el entonces ministro del Interior socialista, José Antonio Alonso, pusieron fin a esa tendencia.

Pero ahora la situación es «muy diferente y más preocupante», según admiten los responsables de Interior y de las fuerzas de seguridad en el Estrecho y Andalucía Oriental. Las estimaciones que baraja el departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska son acabar 2018 con más de 57.000 inmigrantes llegados en embarcaciones. Es decir, 18.000 más (un 46%) que en 2006 cuando se encendieron todas las alarmas.

«Sin acuerdos posibles»

«Y no va a haber acuerdos posibles para atajar esta crisis», advierten desde el Ministerio del Interior y desde la Moncloa. En el Gobierno de Pedro Sánchez, que recuerdan que esta tendencia creciente ya comenzó a detectarse en 2017, niegan cualquier efecto llamada por la acogida del barco 'Aquarius' o el anuncio de la retirada de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla.

 Tanto los informes que manejan en Interior como en las direcciones de la Guardia Civil y la Policía o en el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (Citco) se apunta como causa de este extraordinario repunte de la inmigración clandestina a un «fenómeno estructural» (no coyuntural como sería un 'efecto llamada'), que tiene mucho que ver con la situación en Turquía y Libia.

El primer país, que fue punto de partida hasta principios de 2018 de buena parte de la inmigración clandestina que escapaba de Siria o Irak, ha dejado de ser «emisor de flujos» a Europa (principalmente a Grecia) después de los acuerdos suscritos por la Unión Europea con el Gobierno de Ankara.

«Vasos comunicantes»

Por otro lado, apuntan esos mismos informes, la situación de «absoluta inestabilidad» en Libia ha hecho que incluso las mafias de la inmigración comenzaran a desechar esta vía a principio de 2017 para hacer llegar a 'sin papeles' a Europa a través, fundamentalmente, de las costas italianas. De hecho, ya el año pasado en Italia se redujo un 34% la llegada de inmigrantes por el Mediterráneo.

«Son vasos comunicantes. El cierre de la vía turca en el Mediterráneo Oriental y la caída de la vía libia en el Mediterráneo Central solo dejan como alternativa el Mediterráneo Occidental o el Atlántico y eso son exclusivamente las costas peninsulares españolas y los dos archipiélagos», apuntan mandos de la Guardia Civil en el Estrecho, que avisan que las autoridades marroquíes, a su vez, están desbordadas y se declaran incapaces de impedir la llegada de miles de subsaharianos a su territorio.

La consecuencia de esos «vasos comunicantes» es que las previsiones de Interior son acabar 2018 con un incremento de inmigrantes llegados por mar de un 258% con respecto a 2017, cuando ya arribaron 22.103 'sin papeles', continuando con una tendencia ascendente que comenzó en 2013.

Un análisis más exhaustivo revela que el 'boom' inmigratorio clandestino de llegadas por mar afecta a todos los ámbitos. El número de 'sin papeles' desembarcados en las costas peninsulares y baleares ha crecido un 202% en los diez primeros meses del año, mientras que la cifra de embarcaciones llegadas a estas zonas se ha incrementado en un 86%.

La presión también se nota este año en Canarias, que, desde la 'crisis de los cayucos' parecía haber quedado al margen de las rutas clandestinas. Entre enero y octubre han arribado al archipiélago 1.215 migrantes frente a los solo 246 que consiguieron ganar las costas canarias en 2017. No son grandes cifras, pero se trata de un incremento de casi el 400% en solos unos meses que preocupa a los responsables de Interior que ven que, incluso los acuerdos migratorios con Senegal y Mauritania, empiezan a presentar fisuras.

A luz de estos datos, es obvio que en la agenda de Pedro Sánchez y Grande-Marlaska en Marruecos la inmigración irregular tendrá un lugar preferente. Lograr la complicidad del Gobierno de Rabat para encontrar una solución es primordial.

 

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