El secesionismo llega fracturado a la Diada y pendiente de la sentencia

Grafiti con la cara de Puigdemont y el lema 'Jamás rendirse'. /AFP
Grafiti con la cara de Puigdemont y el lema 'Jamás rendirse'. / AFP

Torra llama a retomar el objetivo de la independencia y a que la manifestación sea una advertencia al Supremo ante el fallo del 1-O

CRISTIAN REINOBarcelona

Al independentismo catalán le encantan los anuncios cargados de épica. Hace un año, Torra llamó a la ciudadanía a emprender una gran marcha por los derechos civiles como la que hizo Martin Luther King. Este año, el reclamo es participar en un «tsunami democrático» a favor de la desobediencia civil. Esta movilización tiene su primer test en la manifestación de la Diada del 11-S, la cita que marca el arranque político desde 2012.

La ANC y Ómnium Cultural, entidades organizadoras, afrontan la octava cita consecutiva. Esperan superar el millón de asistentes. «La gente está confusa y hay desánimo», admite Jaume Marfany, exvicepresidente de la ANC. «Cuando convocas a la gente, el éxito está asegurado», afirma. Oriol Bartomeus, doctor en Ciencia Política por la UAB, coincide. «La Diada se ha convertido en una tradición, nadie falla», asegura. Años atrás, el reclamo era que la independencia estaba a punto de tocarse con los dedos. Lo que mantiene unido al movimiento ahora son los presos y la sentencia.

Por ello, Quim Torra ha llamado a la movilización con el acicate de que la «respuesta a la sentencia debe empezar el 11-S». A partir de la movilización del próximo miércoles, el secesionismo deberá tomar decisiones. Si hay pinchazo, Torra no estará por lanzar a la ciudadanía a seguir en las calles la 'vía hongkonesa' como ha insinuado. Bartomeus no cree, en cambio, que la asistencia sirva de termómetro para preparar la respuesta. La clave, dice, será el día después del fallo, en que previsiblemente se convocará una huelga. «Ahí sí, la calle determinará la reacción institucional», señala.

Los presos y la sentencia marcan la manifestación de la Diada, pero también la división en la que está sumido el movimiento secesionista. Marfany confirma que las plataformas soberanistas darán un «toque de atención» a los partidos independentistas. «El objetivo este año es presionar para que dejen sus guerras internas y regresen a la unidad», asegura. «El interés de esta cita está en ver cómo carga la ANC contra los partidos, lo que dará la dimensión real de cuál es el nivel de enfrentamiento», apunta Bartomeus.

Vídeo de última hora

A nivel político, las formaciones no se han esforzado mucho en crear un ambiente propicio para la movilización, a pesar del vídeo de última hora difundido este sábado con Puigdemont y Rovira llamando juntos a la unidad. JxCat y ERC están en guerra. Esta semana, el enfrentamiento ha sido al máximo nivel, entre Torra, Puigdemont y Oriol Junqueras. ERC quiere elecciones catalanas como respuesta a la sentencia y apoya la investidura de Pedro Sánchez. JxCat, todo lo contrario y apuesta por la confrontación con el Estado.

La ANC (más próxima a Puigdemont) está enfrentada a Esquerra. Dos exconsejeros de ERC, Josep Huguet y Anna Simó, llegaron a amenazar con no acudir a la Diada pues «una pandilla de exaltados la quiere convertir en un aquelarre purificador contra los traidores». Al final, han dado marcha atrás, pero nunca hasta entonces se había verbalizado en público con tanta virulencia el enfrentamiento entre unos y otros sectores del independentismo.

La ANC y JxCat, que abogan por mantener la vía unilateral, acusan a los republicanos de haberse rendido al autonomismo. Aunque también hay sectores más radicales que ven a la ANC muy domesticada y este año han organizado una protesta alternativa que pretende rodear la Cámara catalana. El antecedente más reciente en este sentido se produjo hace un año, en el aniversario del 1-O en que un grupo de exaltados intentó entrar a la fuerza (sin éxito) al Parlament horas después de que Torra instara a los CDR a «seguir apretando».

«Desde 2012, la Diada ha sido el punto de partida para conseguir los objetivos», destaca el exvicepresidente de la ANC, que trabajó codo con codo con Carme Forcadell. Atribuye a la presión de la calle que Artur Mas diera el giro independentista a Convergència en 2012 o que finalmente se celebraran el 9-N y el 1-O. «En siete años hemos avanzado mucho. En 2012, había 14 diputados secesionistas en el Parlament, hoy hay 72», resume. «La manifestación debe servir para que empecemos la segunda etapa del proceso», advierte.

Esta tesis la defendió el jueves Torra en Madrid. El problema para el independentismo, sostiene Bartomeus, es que se ha quedado sin «horizonte estratégico». Tras hacer el 1-O y el 27-O, les quedaba la fase de la implementación de la independencia y ahí se ha visto claramente que no tenían la fuerza suficiente, señala. Pero que el secesionismo no tenga proyecto sobre cómo llegar a la independencia no quiere decir que la gente se vaya a bajar del carro tan fácil, concluye.