El jefe de la investigación del 1-O afirma que el procés desembocó en una «insurrección»

Imagen de la señal en directo del Tribunal Supremo. / RTVE

«Aquello literalmente era un polvorín. Cualquier incidente podía derivar en una escalada incontrolable», relata el teniente coronel Baena

MELCHOR SÁIZ-PARDO y MATEO BALÍNMadrid

Su declaración era una de las más esperadas del juicio. No en vano fue el mando de la Guardia Civil que coordinó todas las investigaciones sobre el procés desde 2014, tanto en el Supremo, como en la Audiencia Nacional o como en el Juzgado de Instrucción 13 de Barcelona. Y el teniente coronel Daniel Baena lanzó este martes toda su artillería en el Supremo para abonar la tesis de la Fiscalía de que en la intentona secesionista de otoño de 2017 hubo rebelión. Incluso, que pudo acabar en disturbios más graves.

Baena no usó la palabra «rebelión», tampoco de «sedición», pero casi. Se valió de un término –no jurídico- muy similar. Repitió hasta la saciedad, para enfado de las defensas, la palabra «insurrección». Según su relato, el procés sumió a Cataluña en un «clima claramente insurreccional». «Aquello literalmente era un polvorín. Los policías que teníamos responsabilidad sabíamos que cualquier incidente pequeño podía derivar en una escalada incontrolable», llegó a afirma el teniente coronel durante el interrogatorio 'a medida' de la fiscal Consuelo Madrigal, sabedora de que el testimonio de Baena es uno de los más importantes del juicio por su privilegiada situación de observador y 'director de orquesta' de toda la investigación de la Policía Judicial.

«Protestas»

El mando de la Guardia Civil introdujo, con el beneplácito de la presidencia del tribunal, en el debate un nuevo término, el «periodo insurreccional» durante el proceso secesionista. Y lo explicó con detalles. Antes de esa cuasi rebelión, detalló, hubo simples «protestas» y «movilizaciones» cuando la Guardia Civil comenzó a tomar declaraciones a testigos e imputados por orden del Juzgado 13 de Barcelona.

Pero fue a partir del 19 y 20 de septiembre, relató el testigo, cuando el procés desembocó en ese «polvorín», tras el registro de Unipost en el que se incautaron millares de cartas electorales y tras el «asedio» de la Consejería de Economía durante el allanamiento de la Guardia Civil al tiempo que se realizaban otros cuarenta registros. Esa «insurrección», según Baena duró exactamente 37 días: desde el 20 de septiembre hasta el 27 de octubre de 2017, cuando el Gobierno aplicó el artículo 155 y, según el responsable del instituto armado, las aguas volvieron a su cauce en Cataluña y se conjuró el riesgo de esa «escalada incontrolable» de consecuencias imprevisibles.

Durante la «insurrección», abundó, «hubo incidentes en muchísimos sitios», entre ellos «asedios» o «escraches» a «acuartelamientos, sedes judiciales, y alojamientos de guardias y policías nacionales por todo el territorio como respuesta de la actividad del Estado«. Daniel Baena dibujó en aquellos días unas revueltas con «ambiente hostil» a las fuerzas de seguridad que, según su testimonio, no fueron ni mucho menos espontáneas. La insurrección estaña «organizada» pues •»había una común actuación de objetivos, lugares y motivos».

«Cambio radical»

Solo la aplicación del 155, relató el testigo ante el Supremo, puso fin a esa escalada. Fue un «cambio radical». Según la teoría del líder de la investigación sobre el 1-O, a partir de ese 27 de octubre cesaron las protestas. Por un lado porque los Mossos a partir de ese momento comenzaron a poner en marcha dispositivos de seguridad muy eficaces, que evitan cualquier tipo de incidente«. Por otro lado porque tras el 155, hubo llamadas de «representantes de ANC y Ómnium» para que no hubiera movilizaciones. Los Mossos comenzaron a hacer «dispositivos muy eficientes» para brindar apoyo a los registros.

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