Madrid se convierte en la casilla clave para resolver el sudoku de las negociaciones territoriales

Casado, junto a sus candidatos madrileños, el día después de las elecciones del 26 de mayo. /EMILIO NARANJO / EFE
Casado, junto a sus candidatos madrileños, el día después de las elecciones del 26 de mayo. / EMILIO NARANJO / EFE

Vox decide pedir su entrada en los gobiernos aunque reconoce que su única línea roja es que PP y Ciudadanos le acepten como socio negociador

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El PP engrasa su maquinaria de pactos para las negociaciones que, al menos oficialmente, comenzarán la próxima semana. Y para que el engranaje no se trabe, la dirección nacional llama a sus filas a la calma y la paciencia. «Tranquilidad». En vísperas de las reuniones formales, Génova ha lanzado varios mensajes. El primero, que está dispuesto a resistir para retener la Comunidad de Madrid y recuperar el Ayuntamiento de la capital. Pero eso no significa, advierten fuentes del partido, que Castilla y León, donde Ciudadanos tiene el poder de inclinar la balanza, sea moneda de cambio.

Si el consistorio madrileño es la plaza simbólica que toda formación política ansía, la Junta de Castilla y León forma parte de la historia –«y de la identidad», añade un dirigente– del PP. Los populares gobiernan la comunidad desde que en 1987 José María Aznar, precisamente, logró una victoria por la mínima en número de votos bajo las siglas de Alianza Popular. Durante tres décadas ha sido uno de los principales feudos del partido, pero también el lugar del que procede el actual presidente de los conservadores, Pablo Casado.

Mantener, por lo tanto, este territorio, donde el PP perdió las elecciones el pasado 26 de mayo, es uno de los objetivos de la dirección de los populares. Pero en una negociación compleja, Madrid podría condicionarlo todo. En realidad, sus dos plazas, la del Gobierno de la Comunidad y el Ayuntamiento de la capital, centran la partida a varias bandas.

Apuestas cruzadas

Madrid es, probablemente, el único lugar en el que casi todos los actores políticos –PSOE, PP, Ciudadanos, Vox y el Mas Madrid de Íñigo Errejón– juegan sus cartas. Aquí se testará el estado de las relaciones en la derecha, los lazos que liberales y populares desean establecer con el partido de Santiago Abascal, la fuerza de Rivera para hacerse con las riendas de alguna institución y la capacidad del PSOE de ensayar la transversalidad y romper los bloques.

PP y Ciudadanos llegan a la semana de los contactos formales concediéndose el trato de socios «preferentes». Pero la dificultad de un gobierno de coalición entre ambos en la Comunidad de Madrid radica en que no será posible sin el apoyo de Vox. Los de Abascal acordaron en su Comité Ejecutivo del jueves reclamar la entrada en gobiernos o ayuntamientos allí donde han logrado mayor representación electoral, como es el caso de este territorio, aunque su única línea roja será que se acepte negociar con ellos.

Ciudadanos, sin embargo, no baraja ninguna de las dos opciones. «No contemplamos la posibilidad de que haya tripartitos», respondió este viernes José Manuel Villegas. Y aunque asegura que no le preocupa la «foto», el secretario general de los liberales avanza que sólo sentará con Vox para «informar» de los acuerdos que se alcancen con el PP.

El partido de Rivera tiene, desde luego, un lugar central, siendo su decisión importante para PP y PSOE, además de en la Comunidad de Madrid, en Castilla y León, Murcia y Aragón. Es por eso que los socialistas se han propuesto ofrecer a la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, la alcaldía madrileña a cambio de que Ángel Gabilondo se haga con el Ejecutivo autonómico.

Esta oferta refuerza la posición de partida de los liberales, pero añade presión al PP, que está dispuesto a resistir todo lo que pueda para no tener que ceder la capital a Ciudadanos; el socio que Pablo Casado, sin embargo, necesita para culminar el proceso sin dejarse por el camino los feudos de la Comunidad de Madrid, Castilla y León y Murcia.