Nueve días de epopeya

Una joven canta y baila ayer en la cubierta del 'Aquarius' mientras se aproximan a Valencia. / REUTERS
Una joven canta y baila ayer en la cubierta del 'Aquarius' mientras se aproximan a Valencia. / REUTERS

El 'Aquarius' llega a Valencia tras superar dos muertes, falta de comida, tempestades y el no de Italia

ARTURO CHECAValencia

Nzubechi es el vivo símbolo del 'Aquarius'. Caminó durante cientos de kilómetros por el árida África para escapar de los sanguinarios terroristas del Boko Haram en su Nigeria natal. Dejó su vida pendiendo de un hilo al subir junto a decenas de hombres, mujeres y niños a las dos barcazas hinchables con las que se entregaron a la suerte del mar frente a Libia. Ella vio con sus propios ojos como una de las pateras se iba a pique con medio centenar de compañeros. Dos de ellos no salieron nunca. Para salvar a ella sí llegó a tiempo el 'Aquarius'.

Nzubechi aguardaba esta madrugada en la cubierta del navío mientras oteaba las luces que tililaban al fondo en la costa de Valencia. Sus piernas están vendadas. La ropa que llevaba se había pegado a la piel, fruto de la letal combinación de fuel y salitre del mar. La abrasión le ha hecho polvo la epidermis. «Sigue caminando con mucha dificultad. Pero anda. Y sobre todo sueña», resume a la perfección Sara Alonso, periodista de Radio Nacional de España y uno de los cuatro reporteros a bordo del 'Aquarius'. Unos anhelos que crecerán desde hoy, cuando el barco de rescate, acompañado por el 'Dattilo' y el 'Orione', los navíos de la Marina y los guardacostas de Italia, arribe a la Comunitat y se active el dispositivo de recibimiento 'Esperanza Mediterráneo para la flotilla de salvamento. Atrás quedará el insolidario no de Italia y Malta, los dos países que negaron puertos seguros a los náufragos. Superada queda la falta de alimentos a bordo que amenazó con echar por la borda la singladura de más de tres días hasta España y que obligó al 'Aquarius' a detenerse en dos ocasiones para recibir nueces, sopa liofilizada, galletas y hasta nectarinas podridas de los guardacostas italianos. También juguetes para hacer sonreír a los más de 130 menores no acompañados que viajan a bordo.

Acaban nueve días de epopeya que comenzaron el 8 de junio, cuando la treintena de tripulantes del 'Aquarius' partió de Catania, rumbo a las costas de Libia, para rescatar a inmigrantes. El puñado de millas acabaron convirtiéndose en 1.300 kilómetros. Aunque el puerto más deseado para los 630 del 'Aquarius' es otro: saber qué pasará con su futuro.

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