El PSOE vuelve a la «casilla de salida» tras el desdén de Iglesias a su última oferta

La ministra Portavoz, Isabel Celaá. / Foto: EFE / Vídeo: EP

Evita insistir en la opción de incorporar al Gobierno ministros de Podemos con perfil técnico y pide a su líder que deje a un lado los «egos»

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

Ni para adelante ni para atrás. Los socialistas se mostraron este viernes noqueados ante el desdén con el que Pablo Iglesias recibió la propuesta, lanzada el jueves casi a modo de globo sonda, de incorporar al Gobierno a algún miembro de Podemos con la condición de que tenga un perfil más técnico que político. «Eso es una idiotez y lo sabemos todos –replicó el dirigente izquierdista–. En democracia gobierna quien se ha presentado a las elecciones».

El rechazo fue tan contundente que el Gobierno decidió plegar velas. Ni la vicepresidenta, Carmen Calvo, en la Ser, ni la ministra Portavoz, Isabel Celaá, tras el Consejo de Ministros, quisieron ratificar que esa opción, a medio caballo entre la designación de independientes de reconocido prestigio de la órbita de Podemos y el Ejecutivo de coalición al que hasta ahora Sánchez se negaba en redondo, esté realmente sobre la mesa. Y eso que fue una respuesta del propio Sánchez durante su entrevista en TVE, apuntalada después desde Moncloa,la que la puso en circulación.

La idea estaba muy medida, a pesar de que en el PSOE haya quien se confiese molesto porque se dejase caer sólo tres días después de que la ejecutiva del partido avalara al presidente del Gobierno en funciones para mantenerse firme en su planteamiento de un Ejecutivo de «cooperación, que no de coalición». Sus promotores le veían la ventaja de que situaba a Sánchez en una posición de generosidad al tiempo que dejaba escaso margen a Iglesias para elegir.

Despejar la 'x'

Si en algún momento vuelve a ponerse sobre la mesa está por ver. Los socialistas han regresado ahora a lo que Celaá describió como la «casilla de salida» y piden al líder de Podemos que acceda a hablar del programa que pondrán en marcha durante la legislatura antes de pasar negociar la composición del Gobierno. «¿Quiere decir eso que descartemos [que el partido de Iglesias entre en el Gobierno]. No – llegó a afirmar– quiere decir que despejemos a corner la 'x', aquello que nos separa».

La cosa va de símiles arquitectónicos. «Hagamos primero el edificio», dijo la ministra. «Decirnos que hablemos de contenidos y luego de nombres es como decir: pongamos primero los ladrillos y luego el cemento . ¡No, hombre, no!», argumentó por su parte Iglesias en una entrevista en la televisión pública. «Es –insistió también– como diseñar la estrategia de un equipo de fútbol sin saber quiénes van a ser los jugadores».

Bipartidismo

El líder izquierdista defendió que si los ciudadanos decidieron acabar con el bipartidismo es, precisamente, porque entendieron que había dado lugar a un sistema que favorecía la corrupción y la falta de transparencia y que los Ejecutivos de coalición permiten un juego de 'check and balance' que no se produce en los monocolor. Pero, sobre todo, adujo que la exigencia de que él no esté en el Gobierno y de admitir sólo perfiles políticamente más neutros y con alguna especialización profesional concreta es como negar a Sánchez la posibilidad de ser el presidente. «La democracia no es que gobiernen tecnócratas –alegó–. Técnicos tiene que haber muchos, pero los 4 millones de españoles que han votado a Podemos tienen el mismo derecho a que sus representantes gobierno que los del PSOE, PP, Ciudadanos o Vox».

Celaá, por su parte, replicó que Sánchez tiene «razones fundadas para seguir hablando de un Gobierno de cooperación» e insistió tanto en que el PSOE y Podemos no suman mayoría absoluta como en que existen discrepancias sustanciales entre los planteamientos que ambos mantienen en diversos asuntos. Los más destacado para los socialistas serían la política territorial, la política exterior o incluso algunos aspectos de la política económica, en relación a los vínculos europeos.

A todas esas cuestiones Iglesias replica que su formación sabrá ser «leal y disciplinada» y que ser capaz de resolver las contradicciones en el seno de un partido o de un Gobierno es algo que a los políticos les va «en el sueldo». Pero, de momento, no ha conseguido convencer a Sánchez. La portavoz del Gobierno defendió que precisamente es necesario sentarse a hablar ya para superar «desconfianzas» y remachó: «El Gobierno lo va a seguir intentando porque esto no es una cuestión de egos sino de Estado».

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