Los fuegos por maquinaria agrícola queman 328 hectáreas, el 84,6% del total de superficie calcinada este verano

Incendio del pasado 23 de octubre en Fuente Dorada, en Burgos./Ismael del Álamo
Incendio del pasado 23 de octubre en Fuente Dorada, en Burgos. / Ismael del Álamo

La campaña contra incendios forestales, que arrancó el 1 de julio, suma ya 388 hectáreas en Burgos, un 79% más que en 2018 | Se espera un fin de temporada tranquilo, pendientes de los fuegos en la Cordillera Cantábrica

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Sin grandes sobresaltos. Conatos rápidamente controlados y fuegos de baja intensidad. Así está siendo la campaña contra incendios forestales, que arrancó el pasado 1 de julio y finalizará, de manera oficial, el próximo 30 de septiembre. Más allá del fuego registrado el 29 de julio en Huérmeces, que calcinó casi un centenar de hectáreas, y del susto vivido el 23 de agosto en Fuente Dorada, en Burgos capital, en el que las llamas quemaron 17 hectáreas, la temporada estival están siendo «bastante buena» en la provincia.

Desde el pasado 1 de julio, se han registrado 62 incendios forestales y 51 no forestales, estos últimos causados principalmente por maquinaria agrícola. Pese a las olas de calor, que sobre todo al inicio del verano han azotado Burgos, y a que la sequía que veníamos arrastrando pintaba los peores pronósticos, la campaña «está bastante tranquila», explica Alfonso Rodríguez, decano del Colegio de Ingenieros de Montes de Castilla y León.

A diferencia de lo ocurrido en 2018, durante el verano ha llovido, principalmente en julio, lo que ha mitigado la sequía. De hecho, apunta Rodríguez, algunos incendios como el de Huérmeces «no tiraban por el monte». Las llamas, originadas por las chispas de una cosechadora, corrían por el cereal pero, al llegar a zona forestal, la humedad del terreno y la vegetación impedía que se propagase.

Esta circunstancia, unida al hecho de que «el operativo ha funcionado bastante bien», es lo que permite hablar de una campaña tranquila, sin grandes sustos. La mayor parte de los incendios forestales registrados, 49 de los 62, se han quedado en conatos. El operativo de la Junta de Castilla y León «es bastante eficiente», reconoce Rodríguez, siempre y cuando no se superpongan varios incendios de grandes dimensiones. Ahí es cuando puede fallar, pues se dividen las fuerzas y la extinción suele complicarse.

Agrícolas

Aun así, en términos de superficie afectada, los datos muestran que 2018 se va a quedar como el mejor año de la última década. A falta de algo más de dos semanas para cerrar la campaña, en Burgos se han quemado ya 388 hectáreas, el 79% más de todo lo registrado en la temporada pasada (entonces fueron 216,50), según los datos ofrecidos por el Servicio Territorial de Medio Ambiente. Y, de las 388 hectáreas, la mayoría, 328,5 corresponden a terreno agrícola, el 84,6% del total y un 116,12% más que en 2018 (entonces fueron 152 hectáreas).

La Junta asegura que «el número de incendios o conatos causados por maquinaria agrícola es demasiado alto». A modo de ejemplo, sirvan de nuevo, los fuegos de Fuente Dorada y Huérmeces, producidos por sendas chispas generadas por una empacadora y una cosechadora, respectivamente. Alfonso Rodríguez reconoce que, si bien la mayor parte de los fuegos han sido de ámbito agrícola, en proporción al número de hectáreas cultivadas en Burgos estamos hablando de una afección mínima. Lo que no quiere decir que haya que bajar la guardia, insisten desde la Junta.

En Burgos, los fuegos 'forestales' suelen ser accidentales. La práctica de quemar, como ocurre en otras provincias de la región, no existe en Burgos. Imprudencias, incidentes agrícolas y accidentes en el uso de otro tipo de maquinaria están detrás de los incendios, y la rápida respuesta que se suele dar con los helicópteros de Pradoluengo y Medina de Pomar permite controlarlos e impedir que cojan mayores dimensiones.

Pendientes de Cantabria

Tanto el Servicio Territorial como Alfonso Rodríguez reconocen que, al menos sobre el papel, lo peor de la campaña ya ha pasado. Este septiembre, que ha arrancado con bajas temperaturas, lluvias y menos sequía que en años anteriores, se espera también tranquilo. Es «poco probable» que se registren grandes incidentes, pues los días son cada vez más cortos, las máximas difícilmente superan los 30 grados y las noches son más frías, por lo que amanece con rocío en la vegetación.

Eso sí, Rodríguez apunta a que el peligro se sitúa ahora en la zona norte, en concreto, en los límites con la Cordillera Cantábrica, pues llega la época de incendios intencionados. Si estos se producen cerca del límite provincial, se pueden pasar, como ya ha ocurrido algún año. De todos modos, el decano del Colegio de Ingenieros de Montes considera que «se tiene que complicar mucho la situación para que lo haga también la campaña».

De momento, las 388 hectáreas calcinadas colocan al 2019 como el tercer mejor año de la última década, por detrás del 2018 con 216,50 y del 2013 con 278,80. En todos los casos estamos muy lejos de años fatídicos, con varios miles de hectáreas, como 2009 o 2012, con 2.500 y 2.400 hectáreas, respectivamente. La media de los últimos diez años se sitúa en 12.700 hectáreas calcinadas en Burgos, entre forestal y no forestal.