Una aventura quesera en el Valle de Valdivielso

Imagen de las obras en el mes de julio/BC
Imagen de las obras en el mes de julio / BC

La empresa El Carluque, con seis socios, impulsa una quesería artesana en Merindad de Valdivielso, utilizando materia prima del valle

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

La idea surgió como un flash, aunque luego tocó madurarla poco a poco. Había ganas de emprender, de producir algo artesano y de calidad, y sobre todo de hacerlo 'en casa'. Gustavo Pérez veía cómo una ganadería local del Valle de Valdivielso tenía que acabar regalando toda aquella leche que no conseguía vender, una leche «de muy buena calidad» y que bien podría servir de base para un amplio surtido de quesos artesanos.

Así que, ni corto ni perezoso, Gustavo Pérez se lanzó a la formación y, tras sumar a cinco 'locos' más se creó la empresa El Carluque, para impulsar una quesería artesana en Merindad de Valdivielso. Pérez explica que son seis socios, de los cuales, cuatro residen en el valle y los otros dos en Valencia, aunque descienden de la zona. Han «aunado fortalezas» y será Pérez, junto con otro de los socios, el que se encargue de la producción.

De momento, la quesería artesana (que no tiene todavía nombre comercial) está en fase de construcción. Comenzaron hace algo más de un mes, con mucho retraso pues han tenido importantes dificultades en la tramitación administrativa (la burocracia española...). La fábrica contará con 100 metros cuadrados de edificación y utilizará materia prima local, la leche de esa ganadería del valle, que cuenta con 1.200 ovejas y 80 cabras, apunta Pérez.

Gustavo Pérez, uno de los promotores del proyecto
Gustavo Pérez, uno de los promotores del proyecto / BC

Producirán diferentes tipos de quesos, que luego tratarán de comercializar en el propio Valle de Valdivielso, en Las Merindades, y también en Burgos y Bilbao, donde tienen contactos comerciales. Si todo sale según lo previsto (y en esto de las obras nunca se sabe), quieren estar produciendo ya para 2019. Es una «aventura», iniste Gustavo Pérez, y un «sacrificio» personal y profesional, aun contando con la ayuda del CEDER Merindades, que financia el 30% de la inversió a través de fondos europeos.

Una aventura

«Es una apuesta fuerte», pero merece la pena. Gustavo Pérez si siente muy arraigado al valle; creció en Bilbao pero hace once años que volvió a burgos para trabajar como educador social en Servicio Sociales. «Los pueblos tienen recursos, pero no se emprende en el medio rural y se apuesta por las capitales; hay que aprovechar todas sus potencialidades», asegura; y en el caso del proyecto de la quesería «nos apetecía», pero también «le veíamos posibilidades».

Eso sí, Gustavo Pérez aprovecha para lanzar una reivindicación a las administraciones, que tanto hablan del emprendimiento. Tienen que intentar aliviar la carga de las empresas en los orígenes, y no sólo se trata de apoyos económicos. Por cierto, las ayudas monetarias siempre llegan al finalizar el proyecto, cuando ya se está en producción, así que las empresas «tiene que buscarse mucho la vida». «Nos gustaría haber contado con más apoyos» y con menos trabas, insiste Pérez.

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