Reiventar el futuro laboral desde la 'España vaciada' y tener lista de espera de un año

Una estancia del Museo del Vino del Rincón del Pasado. /BC
Una estancia del Museo del Vino del Rincón del Pasado. / BC

En una pequeña localidad burgalesa de la comarca de la Ribera, Fuentenebro, se encuentra un restaurante familiar, regentado por una mujer, que ha sobrevivido 22 años gracias a la imaginación

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En una pequeña localidad burgalesa de la comarca de la Ribera, en Fuentenebro, pueblo de unos 125 habitantes, se encuentra un restaurante que sobrevive a la despoblación desde hace 22 años. Más que un restaurante es un proyecto personal. Al frente del mismo se encuentra Begoña López, una emprendedora rural que en mayo de 1997, junto a su pareja Ángel Arranz, abrieron las puertas de El Rincón del Pasado.

Se trata de un local peculiar y diferente que llegó a tener una lista de espera de más de un año con un estilo distinto. Desde 2013, tras el fallecimiento de Ángel, lo regenta en solitario Begoña, una mujer rural que se ha sabido reiventar y que ha diversificado su oferta para lograr que el local supere los 20 años en este pequeño pueblo burgalés.

El Rincón del Pasado sigue manteniendo la esencia con la que Ángel y Begoña lo fundaron, un pequeño restaurante ubicado en un pueblo alejado de famosas rutas turísticas que busca atender a los clientes exclusivamente con reserva. Así lo ha mantenido Begoña, que ahora también recibe a grupos para celebraciones, reuniones o eventos de empresas.

Su fuerte es la mano de Begoña en la cocina. Ofrece platos tradicionales pero combinados con elaboraciones más actualizadas. Además, imparte catas de vino, prepara comida para llevar y organiza garbanzadas y paelladas combinadas con rutas de senderismo.

Museo del Vino

Otro gran atractivo de este lugar es el Museo del Vino. Junto al restaurante hay una bodega subterránea tradicional que Begoña rehabilitó y fue decorando con utensilios relacionados con el vino. Así, en este museo encontramos una cuidada y valiosa colección de objetos que introducen al visitante al mundo vitivinícola, como son botellas, canillas, descorchadores, pellejas, tapones o recipientes.

La visita al museo es un gran aliciente para los que acuden a disfrutar de la cocina de Begoña por la singularidad del lugar.

Begoña ha creado un restaurante con estilo propio.
Begoña ha creado un restaurante con estilo propio. / BC

Una pequeña locura

Ángel y Begoña comenzaron lentamente con este restaurante, probando, aprendiendo de los errores, sin una carta culinaria. Eran los promotores los que basándose en los gustos y experiencia ofrecían a los comensales lo que se degustaría ese día. Una apuesta arriesgada.

En esos momentos iniciales ninguno de los dos se atrevió a dejar su empleo, ella en un estudio de arquitectura y él como músico en una orquesta y trabajador en una bodega. La cocina comenzó a tener mucha aceptación y Ángel empezó a amenizar las sobremesas.

Esos pequeños espectáculos se convirtieron en el principal atractivo de El Rincón del Pasado. Seis años después de su apertura los promotores dejaron sus empleos y se dedicaron en exclusiva al restaurante. Begoña llegó a trabajar con tres agendas, la del año en curso, la del siguiente y la de la lista de espera. «Hubo gente que vino 10 años seguidos a la cena de Navidad», afirma Begoña.

Cuando Ángel falleció Begoña no quiso buscar un sustituto para estos shows, «no tenía sentido, hay personas insustituibles». En ese momento, Begoña se sento y se replanteó el proyecto. Decidió continuar, lo personalizó y lo diversificó. Completó su formación con cursos de enología y sumillería y cocina de vanguardia.

Ha querido conservar el modelo de restaurante de reserva y esta emprendedora rural espera seguir cumpliendo aniversarios pero sigue rehuyendo su celebración.

Begoña junto al 600 personalizado frente a su restaurante.
Begoña junto al 600 personalizado frente a su restaurante. / BC