Aquarius, un futuro aún incierto

Aquarius, un futuro aún incierto

Los inmigrantes llevan cinco meses esperando el asilo. Sólo 60 se han independizado. La mayoría subsiste con fondos del Gobierno y aprende oficios para su segundo sueño: trabajar

JUAN ANTONIO MARRAHÍ y TXEMA RODRÍGUEZ (FOTOS)Valencia

Hassan huyó de los conflictos tribales y violencia de Sudán. «Asesinaron a familiares, me reclutaron a la fuerza...», rememora. Con 19 años, cruzó el desierto en un camión con otros veinte y acabó en las turbulentas aguas libias. Allí se le apareció el 'Aquarius' y lo trajo a Valencia. Fue uno de los 629. Hoy habita en una vivienda de Cáritas Diocesana de Valencia. Aguarda respuesta del Gobierno a su petición de asilo y adormece sus tribulaciones con el día a día: aprendizaje de español, deporte... «Lo mejor son los ratos de clase. Lo peor, pensar en mi familia y amigos en Sudán... O qué futuro me espera aquí».

Ahora se cumplen cinco meses de la mayor emergencia humanitaria de la Comunitat Valenciana: la llegada del buque cargado de náufragos con un sueño en su mochila mojada: un futuro individual o en familia lejos de Sudán, Nigeria, Eritrea, Argelia, Ghana... Todavía no han conseguido el anhelado asilo para legalizar del todo su estancia. Sólo 60 se han independizado y 80 se han marchado a Francia. El grueso de los que llegó en el buque subsiste mantenido por el Ministerio de Trabajo, la Generalitat y voluntarios de asociaciones y oenegés. Legalmente no pueden ser empleados hasta pasados seis meses de su petición de asilo, pero se preparan. Estudian español, informática y oficios para buscar una salida en el laberinto laboral español.

Según el Ministerio de Interior, 608 aspiran a ser asilados. De ellos, 80 lo pidieron en Francia y viajaron al país vecino. Pesó el idioma o tener a familia allí. Los 528 que solicitaron la protección en nuestro país tienen su futuro en manos de la Oficina de Asilo y Refugio. Mientras, viven y se forman gracias al sistema de acogida de la Secretaría de Estado de Migraciones. Mantenimiento, hospedaje y enseñanza a cargo del Ministerio de Trabajo.

Construyendo la nueva vida

Son días de esfuerzo y esperanza. El Centro de Refugiados de Mislata se vuelca con la formación de ocho inmigrantes del Aquarius. Allí pernoctan, comen y aprenden. Español, informática, las leyes y papeleos de España, oficios... Lo viven como si fuera un regalo del cielo. Anhelan el trabajo y estabilidad que, «quizá algún día», les permita traer a los hijos o hermanos que quedaron en África.

Miracle, migrante del Aquarius

«A mi niña le digo que pronto estará conmigo»

Miracle 22 años | Nigeria

Comenzó Derecho, pero la dificultad truncó sus planes. Miracle y su marido huyeron a Europa. «Él llegó primero a Italia y luego yo, en el Aquarius. Ahora nos hemos reunido». Su hija de 3 años se cría en Nigeria con su abuela. «No le digo por qué me he ido, sólo que pronto estará conmigo. La echo de menos, pero aquí estoy a salvo, protegida». Su propósito: «Luchar para quedarme y ser cocinera». Si un día la retornaran, «no volvería a cruzar el mar. Fue una verdadera locura».

Algoni, migrante del Aquarius

«Si sobrevives a Libia y al mar, ya nada es difícil»

Algoni 20 años | Chad

Algoni supura optimismo. «Dios te dará salud, vive, tienes que ser fuerte», le aconseja su padre Allib. Se separó de su familia y nueve hermanos. A solas, puso tierra y mar de por medio. Le preguntamos por las complicaciones de sus primeros meses en Valencia. «Ninguna. Cuando has sobrevivido a Libia y al mar, ya nada es difícil. Aquí nada es complicado». Sabe de los problemas de empleo en España. «Pero si uno se entrega y trabaja bien, todo sale bien», confía.

Ousman, migrante del Aquarius

«Sueño con un trabajo y creo que será camarero»

Ousman 20 años | Chad

Sus días en Yemena fueron duros. Dejó el colegio con 8 años y creció comerciando y reparando teléfonos móviles. A los 20 lo tuvo claro: había que jugársela. Y lo hizo junto a un amigo. Hoy asegura disfrutar con el aprendizaje del español. «Me gusta, voy bien...». Mata el tiempo libre con fútbol. «Aprenderé cocina», augura. «Sueño con un trabajo de camarero que me permita vivir». ¿Volver a su país? «Ni me lo planteo. Para eso primero las cosas tienen que ir bien aquí».

Ibrahim, migrante del Aquarius

«Veo a mis hijos crecer por el WhatsApp»

Ibrahim 25 años | Costa de Marfil

«Mira, mi hijo». La foto de un niño asoma en su móvil. Es el mayor de Ibrahim, de 8 años, y tiene otro de cuatro. Ahora viven con su hermana. «Al menos los veo crecer por el WhatsApp. El mayor dice que quiere venir conmigo. Le digo: espera, hijo, espera...». Su filosofía de vida en Valencia es simple: «Mientras tenga salud, aquí todos los días son felices». En su país fue mecánico electricista de coches y anhela un oficio similar. «Tengo que trabajar para traerme a mis hijos».

Sidiki, migrante del Aquarius

«Soy optimista, pero rezo por mí y el futuro»

Sidiki 23 años | Guinea Conakry

De su cuello pende un collar con una estrella. La suya se iluminó cuando lo salvó el Aquarius. Con padres y nueve hermanos en Guinea Conakry, emprendió a solas su éxodo. Su proyecto de vida: «Convertirme en peluquero y formar aquí una familia. Y ante todo, tener papeles. Soy optimista, pero rezo por mi futuro». A Sidiki le fascina el jardin del Turia. «Me tumbo, me relajo, disfruto de los árboles...». También el «respeto, ánimo y hospitalidad» que ha recibido en Valencia.

Rabiat, migrante del Aquarius

«Amo tanto esto... si es que aquí todo es bueno»

Rabiat 21 años | Nigeria

La mirada de Rabiat penetra hasta el alma. Subyace oscuridad en su pasado y un hijo que se cría en Nigeria con su abuela. De momento, no tiene contacto con su familia. «Amo tanto, tanto, esto... Aquí todas las cosas son buenas. ¡Y la paella!». Ella está peinando un futuro en el que se ve «peluquera y con familia aquí». Además de aprender idioma y oficio, ha encontrado el amor en Valencia. «Él es de Ghana. Trabaja aquí y llevamos cuatro meses». Se define como una «superviviente».

Abou, migrante del Aquarius

«Llegué muy enfermo y este país me ha salvado»

Abou 30 años | Costa de Marfil

«No fui al colegio. Esto (en referencia al CAR) es mi primera escuela», confiesa Abou. En su país condujo camiones y allí vive su hijo de 9 años. «Hoy tengo más oportunidades que nunca y las voy aprovechar», avanza. Fue uno de los inmigrantes enfermos del buque. Una foto en su móvil con el rostro llagado lo atestigua. «Pasé dos meses muy enfermo en el hospital y este país me ha salvado». Con su hijo, las cosas claras: «Volveré, pero ahora no puedo».

Mohamed, migrante del Aquarius

«Quiero ser traductor y casarme en España»

Mohamed 19 años | Chad

Dejó en Yamena a sus padres y tres hermanos por problemas que prefiere no recordar. Se echó al Mediterráneo con su tío, hoy en Alicante. Comparte habitación con cuatro colegas y madruga para hacer deporte. «Corro y luego, a desayunar», nos cuenta. «No sé cuando tendré papeles, pero sí que quiero ser traductor y formar aquí una familia». Hace un mes que habló por última vez con los suyos. «Dicen que me quieren, que tenga suerte. No sé si regresaré».

Sólo 21 de los del Aquarius decidieron no pedir asilo. Ni en España ni en Francia. Seis eran menores que llegaron solos y están en centros de la Generalitat. A 15 mayores de edad o menores con compañía de familiares «se les aplicó el Reglamento General de Extranjería, pero no sabemos si han sido expulsados», detalla un portavoz ministerial. Desde Valencia, al menos, no se ha ordenado ninguna repatriación.

Tras el desembarco, el 17 de junio, 460 viajeros acabaron en el Complejo de Cheste. Mujeres con hijos, embarazadas y posibles víctimas de trata, al hospital. Hubo pruebas de ADN a las madres para confirmar los vínculos con sus hijos. Mientras, los 73 niños sin compañía, todos de más de 12 años, quedaron bajo la tutela autonómica.

NIGERIANAS. Ellas son las mujeres del Aquarius en el CAR de Mislata. Tanto Rabiat como Miracle dejaron a sus hijos en Nigeria. Duele recordar el pasado.
NIGERIANAS. Ellas son las mujeres del Aquarius en el CAR de Mislata. Tanto Rabiat como Miracle dejaron a sus hijos en Nigeria. Duele recordar el pasado. / T. R.

Ochenta de los viajeros se han marchado a Francia y un tercio de los inmigrantes del buque habita en la Comunitat. Entre ellos están los 73 niños que llegaron solos

Personal de la Oficina de Asilo de Francia fue a Cheste para identificar posibles casos para su traslado al país galo. Tras las entrevistas, remitió una lista de 80 admitidos. Hubo tensión cuando se comunicó a los inmigrantes la relación de seleccionados. Según una portavoz ministerial, «se debió a que no había personal ni de la delegación francesa ni de Interior. Cruz Roja se negó a comunicar la lista al entender que no era su competencia». El conflicto se solventó y el 12 de julio viajaron a Francia 78 personas. Las otras dos estaban hospitalizadas y volaron en agosto a París. Según fuentes policiales, otros inmigrantes del buque han intentado en vano cruzar la frontera a Francia.

Sin dosis para la sarna

Otro problema fue el brote sarna y falta de previsión con las dosis para tratarla. «Tras la llegada del buque se detectó que estaba muy extendida» entre algunos migrantes, admite el Ministerio. «Hubo tratamiento para parte de los trasladados, pero dos tercios de los afectados se quedaron sin él. Las dosis para todos no llegaron hasta una semana después».

Además, la prueba de tuberculosis se realizó a un grupo muy pequeño tras el desembarco. Al resto, cinco días después, con el consiguiente «retraso» en la identificación de casos y una «exposición al contagio» de voluntarios y técnicos.

El 26 de julio se cerró el operativo de Cheste con el traslado de todos los residentes provisionales. Según Trabajo, 61 de los inmigrantes se han independizado. Han rechazado o abandonado su estancia y formación en centros para vivir por su cuenta. El resto, que son mayoría, se reparte por casas de acogida de toda España.

En la Comunitat permanecen 249, más de un tercio de los rescatados. Entre ellos están los 73 menores que llegaron solos y el hermano de un niño que, pese a superar los 18 años, se negaba a abandonar el centro sin él. Tres de esos chavales han alcanzado la mayoría de edad en Valencia.

La Conselleria de Políticas Inclusivas no explica cómo es la nueva vida de los pequeños del Aquarius. Dicen que es para «preservar su seguridad y mantenerlos a salvo de mafias». Sólo aclaran que están siendo escolarizados.

SANADO. Abou estaba muy enfermo cuando lo salvó el Aquarius. Una foto en su móvil con su rostro llagado le recuerda la amargura de aquellos días. Pasó dos meses en el hospital.
SANADO. Abou estaba muy enfermo cuando lo salvó el Aquarius. Una foto en su móvil con su rostro llagado le recuerda la amargura de aquellos días. Pasó dos meses en el hospital. / T. R.

El Centro de Acogida de Refugiados de Mislata es uno de los 53 de España donde viven inmigrantes del buque. Aprenden castellano o alfabetización informática. «Pueden quedarse dos años, pero suelen marcharse a los 12 meses», explica su director, Felipe Perales. «Intentaremos insertarlos en nichos profesionales de hostelería, peluquería, reponedores, manejadores de carretilla...». «Damos herramientas, capacitamos, pero no garantizamos un trabajo. Ójala. Su futuro laboral queda casi al completo en sus manos», dice.

Una pareja de Nigeria vive bajo el auspicio de Cáritas en Valencia. Mientras construyen su futuro, el pasado los persigue. «Nuestra familia sigue en peligro. La gente de la que huimos sigue buscándonos. Como amenaza, han hecho daño a mi madre y a su tienda».

 

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