Los bárbaros no eran unos bárbaros

Fotograma de '300'. /
Fotograma de '300'.

Los avances tecnológicos y científicos retiran los prejuicios impuestos por los latinos sobre las civilizaciones exteriores en la Edad Antigua

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

Ya los pueblos de la Hélade miraban con recelo a sus vecinos. Los griegos les habían comenzado a denostar con el término 'bárbaros', una onomatopeya sobre cómo el idioma persa se asemejaba al balbuceo de un retoño y significaba «extranjero». Tampoco los romanos se acercaron demasiado a los pueblos exteriores porque observaban demasiado caos. Y aquel desprecio logró ocultar a un grupo de civilizaciones ocultas hasta nuestros días por culpa de la mala prensa y la falta de medios para descubrirlos. Después de la propaganda latina, en la Edad Media tampoco mejoró el conocimiento porque la reconstrucción se formó a partir de las fuentes griegas y romanas. En tiempos recientes, la imaginación interesada ha conseguido formar una identidad deforme como la que selló Hollywood con la película '300'.

Hoy se sabe que los bárbaros no eran unos bárbaros, sino que fueron los perdedores de la guerra propagandística. «Las personas que llamamos 'bárbaros' tenían una larga tradición de sofisticación tecnológica, artística e ideológica que se remonta a milenios. Simplemente no escribieron sobre ellos mismos y, por lo tanto, estuvieron a merced de quienes lo hicieron», se lamenta el arqueólogo de la universidad de Princeton Peter Bogucki.

La sucesión de desprecios a quienes poblaron Europa durante el Neolítico y la Edad de Bronce ha dejado un hueco en el conocimiento pero, afortunadamente para la humanidad, los historiadores cuentan ahora con avances tecnológicos y científicos que han arrojado una luz objetiva a a esas civilizaciones perdidas. A la precisión de fechas del carbono 14 y los estudios de ADN se han sumado el estudio del estroncio, el nitrógeno, el carbono y los isótopos de oxígeno.

No eran inferiores ni menos tenían un menor desarrollo socioeconómico sino una civilización diferente presente desde la Edad Antigua. Se sabe que estos grupos mantenían contactos comerciales y culturales entre sí a gran distancia -hay caminos a través de los pantanos desde el norte de Alemania hasta Irlanda-, que en la Edad de Bronce las mujeres podían viajar de manera independiente miles de kilómetros para cambiar de tribu, que los varones y hembras trabajaron en ocasiones en las mismas duras tareas-hace 6.000 años en las minas de Gavá- y que eran artesanos habilidosos. Además, su resistencia a las invasiones romanas y posteriores victorias podía sustentarse más en sus estrucuturas sociales que en la bravura de sus guerreros. «De nuevo, se les ha retratado como excesivamente violentos por los cronistas del mundo literario esencialmente como señal de virtud por aquellos que podían escribir, pero que en realidad eran bastante canallas también», defiende Bogucki.

Queso y yogurt

Gracias a sus investigaciones en la actual Polonia, Peter Bogucki ha descubierto que una mutación genética permitió a los ancestros europeos comenzar a consumir lácteos y los bárbaros comenzaron a fabricar queso y yogur al menos hace 8.500 años. Sus revelaciones cuestionan la teoría de que los humanos actuales descienden de cazadores-recolectores que poblaban el continente y evolucionaron a granjeros. El empleo de lácteos podría haber ayudado a superar hambrunas y sintetizar mejor la vitamina D para superar mejor las épocas de frío. El próximo verano proseguirán con sus indagaciones en la actual Turquía para descubrir el origen de los primeros hombres sedentarios en Europa.

Influencia

Uno de los prejuicios a retirar es el de que latinos y bárbaros no conectaron durante la Edad Antigua y la Alta Edad Media. «La frontera entre el mundo romano y el mundo bárbaro era muy porosa. Todo tipo de personas y objetos lo impregnaron, aunque en gran medida no lo hicieron las prácticas y costumbres romanas. Por ejemplo, no existe una imitación bárbara del urbanismo romano a pesar de las ciudades que los romanos construyeron a lo largo de la frontera», señala Bogucki. Alejandro Magno se acercó a los persas después de que fueran sus enemigos durante largo tiempo y estrechó lazos entre las primigenias Europa y Asia. «Los griegos habían negociado considerablemente con los bárbaros y algunas de las élites bárbaras adoptaron las prácticas griegas, particularmente en Europa Central», recuerda el arqueólogo. Después, el imperio militar romano amplió de manera paulatina su 'limes' y colocó unas fronteras flexibles ante quienes firmarían su decadencia (en el año 476 d. C.) después de formar parte de sus ejércitos como mercenarios. También los bárbaros tejieron sus propias redes a lo largo de miles de kilómetros sin necesidad de recorrer las carreteras 'civilizadas' antes de contribuir a la caída de Roma.

Ocultar las derrotas romanas

Producto de la publicidad latina, la ignorancia ha sepultado sobre los pueblos que se asentaron o mudaron desde Asia para extenderse por el norte de Europa orillando a romanos y griegos. «Como ellos mismos no dejaban un registro escrito, estaban a merced de otros que escribieron sobre ellos, generalmente con una agenda. Por ejemplo, lucharon contra los romanos y para explicar por qué los derrotaron e inflar sus propios logros, los cronistas los retrataron como comportándose de una manera 'incivilizada'», explica el profesor Bogucki y recuerda de la batalla de el bosque de Teutoburgo donde tres legiones romanas fueron superadas por tribus germánicas.

Los latinos no apartaron a sus vecinos de la historia simplemente por rivalidades guerreras. Hubo también ignorancia y prejuicios contemporáneos. «Además de carecer de lenguaje escrito, los bárbaros tenían una estructura sociopolítica algo diferente a la de los romanos. Los romanos estaban organizados jerárquicamente, lo que los hacía muy eficientes en la conquista militar. Los bárbaros tenían un sistema que podría llamarse 'heterarquía' en el que había jefes y sometidos, pero también líderes para la guerra, sacerdotes y quizás otros que tenían autoridad dentro de sus propias esferas de actividad. Creo que esto fue difícil de entender para los romanos», ilustra el experto que ha escrito 'Los bárbaros: civilizaciones perdidas'.

«El peor error que comete la gente sobre los bárbaros es que desconocen todo sobre ellos y asumen que no fueron piezas importantes de la experiencia humana» Peter Bogucki

El investigador estadounidense destaca que los europeos deben tratar de investigar esos vacíos de su historia. «El peor error que comete la gente sobre los bárbaros es que desconocen todo sobre ellos y asumen que no fueron piezas importantes de la experiencia humana. ¡Y no deberían existir espacios en blanco en el mapa de la Antigüedad!», reclama el investigador. «Lo que podríamos llamar una 'civilización europea' que surgió en la Edad Media se debe tanto a sus raíces bárbaras como a la influencia de los romanos. Los lugares centrales para el comercio, la estructura de la sociedad, innumerables prácticas culturales, incluso los mitos y leyendas que formaron una historia oral... todos tienen sus raíces en el mundo bárbaro», esclarece Bogucki. No eran bárbaros sino vecinos con identidades regionales propias que colaboraron en el desarrollo de la humanidad que superaron en diversas ocasiones a los latinos en aspectos tecnológicos, culturales y bélicos. Ahora les toca también vencer en la narración de la historia.

El otro

Los «extranjeros» fueron muy diversos y diferentes y ocuparon diferentes territorios durante períodos dispares. Por ejemplo, los 'bárbaros del norte' llegaron en el siglo II desde Asia a Escandinavia y permanecieron durante más de 1.000 años. Para los romanos, eran «el otro» y englobaban desde comunidades germanas hasta descendientes persas y tribus nómadas asiáticos. No obstante, la relación con los bárbaros septentrionales fue más acentuada, pacífica y comercial con sus fronteras permeables y una convivencia que se trasladó a la posibilidad de matrimonios mixtos, aunque sin los mismos derechos (hasta que el imperio necesitó más reclutas y ganancias por impuesto)s.

 

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