La hora de la discordia

Un restaurador cambia de hora los relojes de su tienda de Londres. / EPA

La Eurocámara debate la posible supresión del cambio de horario en verano tras una consulta relámpago en internet

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Es la hora bailarina. Menguante o creciente, es la más controvertida de las 8.760 horas que tiene un año completo -8.784 si es bisiesto-. Esa hora fantasma que adelantamos o retrasamos cada primavera y cada otoño por un supuesto y cuestionado ahorro energético que castiga los biorritmos, los ciclos circadianos y las pautas de sueño de cientos de millones de seres humanos. Tras mucha controversia, la Comisión Europea toma por los cuernos la maldita 'hora tobogán' y discute si procede acabar con el baile horario y dejar en paz esos 3.600 volátiles segundos de la discordia que se esfuman y se duplican en marzo y en octubre en los veintiocho países de la UE.

Para fijar la discusión, sus euroseñorías han pulsado la opinión de los afectados con un plebiscito tan contestado como la propia hora móvil sobre la supresión o mantenimiento del cambio al que respondieron 4,6 millones de europeos. Más del 80% de los participantes en esta consulta digital relámpago dijeron que basta ya de mareos horarios, según adelantó el miércoles el diario alemán 'Westfalenpost'. El rotativo precisó, con todo, que tres de los casi cinco millones de personas que se pronunciaron sobre el desbarajuste horario eran alemanes, lo que quizá reste peso al resultado sobre un cambio que afecta de manera muy diferente a la soleada Europa del Sur y la nubosa del Norte.

Aun así, el Ejecutivo comunitario lo tomará como «principio orientativo», aunque reitera que la consulta no es vinculante y que no acabará automáticamente con aquello de que «a las tres serán las dos», y viceversa. Ese machacón mensaje que cada último domingo de marzo y de octubre reiteran radios, televisiones y diarios recordándonos el 'robo' o el 'regalo' de una hora de sueño.

El melón horario se abrió en febrero, cuando la Eurocámara instó a la Comisión a «reevaluar» las consecuencias del cambio horario en la salud de los europeos y «valorar su posible supresión». Una evaluación que se plasmará en un informe con «la distribución de las respuestas por país» y «por cada grupo de interés y área de actividad» en un gran continente con tres husos horarios.

El Parlamento Europeo maneja «indicios» del «pernicioso» efecto de un sistema armonizado en toda la UE en 2001, pero reconoce no tener «pruebas científicas concluyentes». El argumento clásico y cada vez más cuestionado para mantener el baile horario es un ahorro energético que sería marginal, entre el 0,5 y el 2,5%, según algunos estudios. También se cuestiona el presunto aumento de la seguridad vial y se apunta cansancio y la falta de concentración que genera en los ciudadanos la alteración de sus hábitos. Pero se cita como ventaja el aumento de las horas de luz y de ocio y la equiparación de horarios entre países vecinos y socios comerciales. Para el acuerdo es necesario el consenso del Parlamento y de los Estados miembros, que tendrán la última palabra.

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