Boza, miembro de La Manada, no reconoce el atropello a los agentes y pide perdón por una «gilipollez»

Ángel Boza, miembro de la Manada./EFE
Ángel Boza, miembro de la Manada. / EFE

La Fiscalía pide cuatro años de prisión para el joven por un delito de robo con violencia e intimidación, mientras que su abogado carga contra la imparcialidad de los testigos

CECILIA CUERDOSevilla

Con un «estoy muy arrepentido, fue una gilipollez, y más aún con todo lo que me precedía», Ángel Boza, miembro de La Manada, cerró este lunes el juicio por el robo con violencia de unas gafas de sol que le puede costar otros cuatro años de cárcel, que se sumarían a la pena por el abuso sexual cometido con su grupo de amigos en Pamplona. Durante la vista oral, el joven reconoció que sustrajo las gafas, pero en todo momento negó haber recibido el alto de los vigilantes de seguridad. Es más, su abogado apuntó que los agentes empezaron a seguirle porque le reconocieron como uno de los implicados en el caso de los sanfermines, cuestionando su imparcialidad.

Boza fue detenido el pasado 1 de agosto, poco más de un mes después de quedar en libertad provisional a la espera de que se conozcan los recursos contra la sentencia del Tribunal de Navarra que les condenó a nueve años de cárcel. Mientras el resto de condenados trató de llevar un perfil bajo, Boza acudió a unos grandes almacenes del centro de Sevilla y sustrajo unas gafas de sol valoradas en 160 euros, cambiándolas por otras viejas en el expositor y abandonando el establecimiento. Ya en el parking, arrolló a dos vigilantes de seguridad que trataron de pararle por lo ocurrido, aunque fue detenido a los pocos minutos por la Policía Local. Desde entonces se encuentra en prisión preventiva.

Durante el juicio celebrado ayer, y que quedó visto para sentencia, Boza incurrió en varias contradicciones, desde la forma en que accedió al centro comercial a la eliminación del sistema de alarma de las gafas, que reconoció inicialmente y negó ahora, aunque reconociendo la sustracción. También explicó que no supo del supuesto atropello hasta que le paró la patrulla policial, y que entonces explicó que llevaba la música a un volumen elevado, por lo que no se percató de que nadie le diera el alto a la salida del aparcamiento. Su abogado trató de resaltar las, a su juicio, contradicciones de los testigos, acusándoles de imparcialidad y de aplicar un «exceso de celo» para tratar de solucionar un simple rogo de gafas.

«Pese a que estaban conectados por una misma red, cada uno ha dado una versión acerca de por qué empezaron a seguirle dentro del centro comercial», insistió el abogado, «uno dijo que le siguieron solo porque tenía aspecto sospechoso, pero otro dijo que se acordó de que le detuvieron hace siete años». Así, aseguró que los agentes de seguridad siguieron a Boza porque le reconocieron como integrante de La Manada, por lo que su posible detención podría considerarse incluso «una hazaña».

La defensa de Boza sostiene en todo momento que el caso se ha magnificado por tratarse de uno de los miembros de La Manada, resaltando el hecho de que la fiscalía pida más condena que la acusación particular, los supuestamente más afectados. «¿Es una cortina de humo pensar que un juicio por la sustracción de unas gafas haya tenido más de diez cámaras en la sala?», se preguntó a la salida del juicio, «es porque este señor es miembro de La Manada, y eso genera una expectativa en los miembros de la empresa de seguridad que, en un exceso de celo muy peculiar, hicieron una intervención más propia de 'Los hombres de Harrelson'», lamentó.

El abogado insistió en que el supuesto atropello no ha quedado probado, y que, en todo caso, los vigilantes le intentaron dar el alto de forma lateral, nunca frontal, de ahí que no pudiera arrollarles. La fiscal, por el contrario, mantuvo que se produjo el robo con violencia a tenor de la declaración de los testigos, por lo que reiteró su petición de pena de cuatro años de cárcel por un robo con violencia y un delito leve de lesiones. En el turno de última palabra, Boza dijo sentirse arrepentido del daño causado a la sociedad y a su familia, que «lo está pasando muy mal».

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